Fariña: todos enganchados

“Detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen” Honore Balzac

Estrenada con la urgencia de no descuidar la obsequiosa promoción cortesía de dos de sus protagonistas: uno en huelga de hambre y otro en huelga de vergüenza, Fariña -la serie- ha significado uno de los mejores comienzos televisivos de los últimos tiempos gracias al retrato de la profunda decadencia económica y cultural que Galicia padecía y padeció durante largas décadas. La estampa paisajística que este primer capítulo esboza, lejos de caer en la habitual diplomacia, siempre encubridora de lo acusable y censora de lo imputable, consigue retratar un entorno de miseria que los gallegos estaban habituados a esquivar gracias a la emigración y para el que el contrabando representó una alternativa. Una alternativa asumida y aceptada, generalizada y frecuente. Poco justificable en muchos casos y absolutamente amnistiable en otros tantos.

La presentación de los personajes y de sus circunstancias se hace desde/con una mezcla de generosidad y franqueza muy seductoras, donde las líneas de la magistral adaptación del guión (con insignificantes matices en forma de cambios de nombre de algunos personajes -Roque se llamaba Ramiro- y de localización -Cambados por Corrubedo-) perfilan las cautivadoras personalidades de ese grupo de delincuentes que convirtieron Galicia -en concreto la zona de El Salnés- en la cuna del narcotráfico europeo. Grandioso acierto de casting, y grandioso acierto de tono que, a buen seguro se ennegrecerá gravemente después de esta benévola introducción.

Promete el capítulo dos, y a partir de ahí los sucesivos, un increscendo dramático que destape la indigencia moral de los grandes clanes que introdujeron la droga por una constitutiva cuestión de poder, así como de los tan asequibles jueces, fuerzas del orden, banqueros y políticos, siempre dispuestos a dejarse seducir por don dinero. Un increscendo dramático que encontrará su punto álgido en las consecuencias del impacto social que marcó a varias generaciones y que tan rigurosamente mostró el documental Marea Blanca, donde se contaba la historia de toda una generación arrasada por las drogas y el sida, víctimas de la incomprensión popular por desconocimiento. Una realidad social de consecuencias tan desatinadas como que en la misma familia -hablo de la mía sin ir más lejos- se de la discordante situación de que la hermana de mi madre haya fallecido por una sobredosis de heroína en los noventa mientras que una hermana de mi padre se casaba con José Luis Charlín Gama, siendo la pareja, años más tarde, mis padrinos de bautizo. Hasta ese punto han llegado a convivir víctimas y verdugos. Ojalá este capítulo dos, y a partir de ahí los sucesivos, sepan mostrar, de manera veraz y respetuosa, todas las capas de la dolorosísima historia de uno de los rincones más hermosos del mundo.

Maria Nymeria

Maria Nymeria

Subeditora y redactora en la Revista Tviso. "El cine es como la vida pero sin las partes aburridas" Alfred Hitchcock
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