Steve Jobs: desmontando al genio de Apple

Tan solo dos años después de la muerte del cerebro detrás de una de las compañías más exitosas de la última década, un tal Joshua Michael Stern decidió romper con el periodo de luto en el que se encontraba sumida Apple y enfrascarse en la aventura de llevar a la gran pantalla la historia de Steve Jobs valiéndose del poco talentoso Ashton Kutcher como actor fetiche. La jugada, como cabía esperar, no le salió bien. Además de que su estreno en taquilla fue descrito por muchos como un auténtico fracaso, a día de hoy la puntuación de ese biopic llamado Jobs en páginas web de referencia no podría ser más baja.

Ante este panorama, y dos años después de la catástrofe encarnada por Kutcher, Danny Boyle (Slumdog Millionaire) decidió tomar las riendas de la historia con el apoyo de Universal Pictures y de un equipo que era, cuanto menos, prometedor: el guión estaría firmado por Aaron Sorkin (La Red Social, The Newsroom), el papel protagonista recaería sobre Michael Fassbender, y entre los nombres del resto de miembros del reparto brillarían los de iconos como Kate Winslet y Jeff Daniels. Casi nada.

Sin embargo, esta producción tenía todas las de perder, pues ni todos los espectadores se sienten embriagados por el frenético estilo narrativo de Sorkin, ni pocos son los que se autodenominan detractores de esa cinematográficamente peculiar forma que tiene Boyle de trasladar historias a la gran pantalla. ¿Estaríamos ante un nuevo fracaso?

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Ni por asomo. Sacando provecho a un planteamiento y estructura narrativa que son tan osados como originales, Danny Boyle ofrece a los espectadores un espectáculo cinematográfico que, más que brillar por su para nada mediocre componente visual, lo hace por la auténtica montaña rusa que integran todos y cada uno de sus diálogos. Como si de un tablero de ajedrez se tratase, los protagonistas de este juego de palabras tendrán tres oportunidades para poner en jaque a su adversario, para sacar a buen puerto sus proyectos en una desorbitada lucha de egos, o para contar una historia fascinante sin caer en melodramas.

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Y es que, muy en contra de lo que muchos puedan pensar, Steve Jobs era un hombre complejo al que Sorkin y Boyle no han intentado esconder detrás de sentimentalismos o discursos bonitos. Desde el minuto número uno de su metraje, Fassbender, cuyo trabajo le ha merecido una nominación a los Globos de Oro como Mejor Actor, es echado a las mareas de la opinión pública en las que le resultará muy difícil navegar sin hacer despertar cierta antipatía o repulsa hacia su personaje: un despiadado ídolo de masas que, además de haber sido el creador del Mac y de todo producto cuyo nombre empiece por “i”, es uno de los visionarios más admirados por el sector joven de nuestra sociedad.

Por lo tanto, resulta bastante evidente que Boyle ha conseguido crear la que probablemente se convierta en la obra audiovisual definitiva sobre Steve Jobs: no sólo por la extrema calidad de su guión, dirección, y de su reparto, sino porque su ritmo y continuo crecendo parece que hacen justicia a todo lo que ocurría dentro de la cabeza de un personaje que es, cuanto menos, apasionante y revolucionario.

Nicolas G. Senac

Nicolas G. Senac

Licenciado en medicina. Cinéfilo. Seriéfilo. Blogger. Defensor de la célebre frase de Walt Disney: "We are not trying to entertain the critics. I'll take my chances with the public"
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