Díselo con Loreak

Con el título de mi artículo no estoy sugiriendo que lleves a tu novia a ver Loreak en la primera cita (a menos que le encanten los melodramas buenos). Como tampoco sé nada de euskera, ni siquiera estoy seguro de que el chascarrillo me haya salido bien en términos gramaticales (barka nazazu). Lo que pasa es que, en esta película, por si no había quedado suficientemente claro, las flores dicen incluso más que las personas.

Al principio, te sitúas en la piel de Ane (Nagore Aranburu), una mujer algo «viejoven», a la que la menopausia ha atacado antes de lo que debía. Cada jueves, Ane recibirá a la misma hora un ramo de flores de forma completamente anónima. Cada ramo es siempre diferente. Solo son flores, pero hablarán del amor, desencadenarán los celos y, muy pronto, hablarán también de la muerte. Son tres temas bien distintos, los ejes de la película. Pero solo son flores.

Las otras dos mujeres protagonistas son Lourdes (Itziar Ituño), cuya función en la historia es casi en sí misma un spoiler y Tere (Itziar Aizpuru), su suegra, a quien rodea un gran misterio. Y el misterio es el siguiente: es de traca y quizá algo impertinente que esté nominada la afable Carmen Machi al Goya a Actriz de Reparto por Ocho apellidos vascos (o el bodrio que tan orgullosos nos tragamos todos, servidor inclusive) y no la Aizpuru por tal vez el papel más difícil de la película. ¿Por qué no lo está, pregunto? Si no ella, cualquiera de los actores —elijan su favorito— se habría merecido optar a la estatuilla en un filme al que la Academia sí ha reconocido la acertada banda sonora con una nominación y que, un poco de estrangis, ha colado como una de las contendientes a Mejor Película junto a otros tres gigantes, en un sentido o en otro, del cine español de 2014 (El niño, La isla mínima y la incontestable Magical Girl). Al estar rodada íntegramente en euskera, también queda, pese a quien le pese, como minoritaria.

Loreak es también una chuchería para el analista fílmico. A parte del evidente y reiteradísimo simbolismo de las flores, el que más me llamó la atención es el de la oveja, a la vez el animal que representa a cierto personaje, a la vez un agente de ultratumba. Los directores Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, cineastas natos, pintan su obra con tintes de misterio (intensificado con la música), tensiones familiares y pretensiones de trascendencia, aunque les falte algo de garra, aunque a ratos parezca un drama de andar por casa, aunque de verdad lo sea.

No te toma por blando ni por tonto, tiene la redondez suficiente y le hace cosquillas al tema de la reencarnación. Muy buena.

NOTA: 6/10

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Haga lo que haga, hago cine en todo lo que hago.

Director, guionista y periodista a tiempo parcial. Consumidor de ficción a tiempo completo. A veces se me ve rodando.

www.sergimonfort.com
Sergi Monfort

Escribir respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.