Daredevil: luces y sombras

La siguiente entrada contiene spoilers de Daredevil.

Marvel inicia su andadura en el llamado “street level” con Daredevil, la primera de una serie de producciones que pretenden mostrar héroes más humanos que lidian con problemas del día a día, alejándose así de las grandes producciones cinematográficas a las que nos tenían acostumbrados. No es la primera serie de la editorial subsidiaria de Disney, puesto que ahí están Agents of S.H.I.E.L.D. y Agente Carter, pero sí es la primera que se distribuye a través de Netflix, sinónimo de calidad con sus series exclusivas. Un total de 13 capítulos con altas dosis tanto de acción como de drama, en los que seguimos los pasos de Matt Murdock (Charlie Cox) en su lucha por salvar Hell’s Kitchen, el barrio que lo vio nacer y crecer.

daredevil_2Un desafortunado accidente con productos químicos dejó a Matt ciego desde pequeño, pero esa pérdida de visión vino acompañada de un desarrollo sobrehumano del resto de sentidos, hasta el punto de tener la capacidad de “ver” como si de un sonar se tratase, llegar a escuchar los latidos de las personas que tienen alrededor, ser capaz de oler cualquier cosa además de poder predecir el movimiento y desplazamiento de los objetos a su alrededor, permitiéndole así anticiparse a la mayoría de sucesos. Tras graduarse, decide montar un despacho de abogados con su mejor amigo Foggy Nelson (Elden Henson), con quien recibe el caso de defender a Karen Page (Deborah Ann Wolf), quien más tarde se convertiría en su secretaria.

Ese primer caso los hace chocar contra Union Allied, una empresa que no huele muy bien y realiza movimientos un tanto sospechosos en el barrio de Matt. Dicha empresa está dirigida por Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio), también nacido y criado en Hell’s Kitchen, quien se ha asociado con diferentes bandas mafiosas para conseguir expropiar los edificios de la zona y reconstruir la zona, a la que ve en decadencia. Obviamente la misión de todos ellos es la de detener a Fisk, cada uno a su manera: Foggy y Karen intentan investigar de la forma tradicional, mientras que Matt utiliza su identidad secreta para acercarse al líder de la empresa desde las sombras.

Podríamos decir que Daredevil es más un drama criminal que una serie de superhéroes. Policías corruptos, tráfico de drogas, armas, personas, asesinatos. Eso es el llamado “street level”, y el personaje del demonio rojo lo resume a la perfección. Matt Murdock es una persona emocionalmente rota después de lo ocurrido con su padre (mi familia agradece que no haya escogido la profesión de superhéroe) y él mismo es consciente de ello. Por una lado busca defender el barrio que ama, quiere convertirlo en un sitio mejor, pero los métodos que utiliza para llevar a cabo dicha tarea no se aleja tanto de los que usan sus enemigos para su propio beneficio. Como su padre le decía, los Murdocks poseen un “demonio interior” que siempre sale a flote, y en el caso de Matt eso se cumple de forma literal.

daredevil_3Lo único que mantiene al diablo del lado de los “buenos” es el hecho de tener un código moral más estricto que sus enemigos. Su decisión de no matar probablemente sea una de las pocas cosas que consiguen que no termine de perder la cabeza y le ayuda a reafirmarse como el salvador; eso sí, puede que después de una pelea con él sigas con vida, pero que no te extrañe si quedas paralítico. Pero mantener ese límite de no dejar cadáveres no es tarea sencilla, y en más de una ocasión lo vemos a punto de perder el control, momentos en los que se plantea si lo que hace es de verdad lo correcto, lo que necesita el barrio. Es entonces cuando acude a la iglesia; él mismo se define como una persona católica, un elemento bastante distintivo del personaje en los cómics q aquí también aparece, y busca desahogarse en la figura del Padre. Las cosas que hace y a las que se enfrenta cada noche, el hecho de conocer el lado más oscuro del barrio y ver cómo el pozo parece no tener fondo resquebrajan todavía más a Matt, porque más allá de sus habilidades extraordinarias no deja de ser una persona normal.

Tan normal que lo habitual es verlo al borde de la muerte después de algunas de las palizas que recibe. Por suerte, en una de esas ocasiones lo rescata una enfermera, Claire Temple (Rosario Dawson), quien a partir de ese momento se encarga de cuidarlo y curar sus heridas producto de las aventuras nocturnas, no sin dudar acerca de si las acciones que lleva a cabo Matt son las correctas o se trata de un loco. Es una lástima que la relación entre Claire y el joven Murdock se quede a medias, porque a medida que pasan los capítulos el personaje de la enfermera se ve reducido a una simple herramienta argumental para explicar por qué el encapuchado no ha muerto.

El polo opuesto (aunque no tanto como parece) de Matt lo encontramos en el personaje de Fisk, más conocido como Kingpin para los lectores del cómic y seguidores de la serie animada de Spider-Man de los 90. Wilson conoce Hell’s Kitchen tan bien como Murdock, y su deseo no es otro que reconstruir el barrio y limpiarlo de toda la lacra que puebla sus calles. El problema está en que para hacerlo no duda ni un segundo en recurrir a la extorsión, amenazas o incluso asesinatos, además de colaborar con bandas cuyas acciones son en parte las responsables de que Hell’s Kitchen esté en ese estado. Esta doble moral acompaña al personaje durante toda la temporada, pero es un precio que está dispuesto a pagar a cambio de conseguir su objetivo. Fisk tiene las ideas muy claras y hará cuanto sea necesario para suceder en su empresa.

Durante los primeros compases de la serie nos presentan a Wilson como una persona fría, calculadora, a la que parece ser que sus emociones raramente le afectan. Esa visión cambia de cuando empezamos a conocer más sobre su pasado, las acciones que cometió y que le han llevado a ser quien es hoy en día. El lado emocional empieza a ganar mayor peso respecto al racional en el momento en que Vanessa Marianna (Ayelet Zurer) entra en su vida. Ella es una de las principales responsables de la evolución que ocurre en el interior de la cabeza de Fisk, además de ser, como los propios aliados de Wilson le indican, la causante de que éste se empiece a desviar de la ruta trazada. Esa ruptura entre la parte racional y emocional termina siendo definitiva en el momento en que Fisk descubre quién planificó el atentado contra su vida.

daredevil_6En uno de los capítulos más interesantes vemos como Wilson explica a Vanessa lo que ocurrió en su casa cuando era pequeño; al final de la historia, Fisk se justifica diciendo que lo que hizo fue por el bien mayor, igual que lo está haciendo en el presente con Hell’s Kitchen, pero a la vez lanza la pregunta sobre ello esperando tener la confirmación de que sus acciones están justificadas. Dicha confirmación acaba resultando equivocada en el último capítulo cuando él admite, tras un monólogo brillante, que durante todo este tiempo que él se había creído el héroe resulta ser que jugaba el papel de villano. Esto representa el paso final en la evolución del personaje, que abraza la idea de ser el “ente maligno”, y a la vez resulta el punto en que su pierde la mayor parte del encanto.

En un principio teníamos a un personaje capaz de intimidar no tanto por su aspecto físico, que también, sino por su manera de pensar, expresar sus ideas y exponer los problemas y soluciones. Un hombre que con solo escucharlo hablar se te helaba el corazón y cortaba la respiración. Al final lo que nos acaban dejando es una cáscara de lo que nos habían ofrecido durante toda la temporada, un villano al uso que reconoce que es malo por naturaleza y del cual cualquier rastro de doble moral y dilemas éticos se ven eliminados en los minutos finales. Eso no quita mérito a lo que construyen a lo largo de la temporada, ni mucho menos al espectacular trabajo de Vincent D’Onofrio, que probablemente sea lo mejor de la serie, pero sí nos deja con un sabor de boca un tanto agridulce.

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Daredevil ofrece una perspectiva un poco diferente de la imagen de héroe contra villano. Los dos tienen motivos y creen en lo que hacen, en el bien mayor y en el bienestar de aquellos que les importan, pero debajo de todo ese aparente altruismo nos encontramos con dos personas bastante jodidas a nivel emocional que hacen lo que hacen, en gran parte, por pura necesidad personal. Un héroe cuyos métodos no están tan alejados de los empleados por aquellos a los que combate, y un villano que no acepta su identidad hasta el momento en que está a punto de perderlo todo. Como la vida misma; todos tenemos luces y sombras, sólo cambia a cuál de las dos partes decidimos aferrarnos.

Lucas Di Rado

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"O mueres como un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en un informático."
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