Crítica ‘Bone Tomahawk’ (2015): un western terrorífico

Desde la primera escena, “Bone Tomahawk” (2015) exhibe sus credenciales sobre lo que mostrará en sus más de dos horas duración: decapitaciones, cabelleras arrancadas, mutilaciones y un sinfín de aberraciones que una tribu de fornidos indios (o ‘super-indios’) son capaces de hacer en el salvaje Oeste. Este sorprendente largometraje es una combinación de diversos subgéneros como el western clásico, el gore, el horror survival y la comedia sutil. Todos aunados en perfecta sintonía para conseguir un equilibrio total en la narración de su discurso. Su director y guionista, S. Craig Zahler, cuenta la historia de una búsqueda que llevan a cabo cuatro valientes hombres a dos de sus habitantes del pueblo de Bright Hope, capturados por unos indios salvajes y caníbales que habitan en una tierra conocida con el nombre de ‘El Valle de los Hombres Hambrientos’.

Con tintes de western clásico -la topología, el vestuario y la escenografía guardan más similitudes con los largometrajes de John Ford o Howard Hawks del período clásico que con el western crepuscular surgido a principios de los años sesenta-, pero sobre todo por haber incorporado los arquetipos más representativos de dicho subgénero, encarnados en esta película por los cuatro personajes principales: el Sheriff Hunt (Kurt Russell), encargado de hacer prevalecer la ley, reflexivo en sus decisiones y siempre preocupado por la seguridad de sus habitantes. Al estilo de Gary Cooper en “Solo ante el peligro” (High Noon, 1952). ‘Chicory’ (Richard Jenkins), que desempeña la función de ayudante del sheriff y bufón del pueblo. Añade al relato unos toques de humor como haría Walter Brennan en “Río Bravo” (1959). John Brooder (Mathew Fox), un hombre individualista, vanidoso y mujeriego que se une a la expedición por honor y venganza. Su gran manejo de las armas recuerda al personaje interpretado por James Coburn en “Los siete magníficos” (The Magnificent Seven, 1960). Y Arthur O’Dwyer (Patrick Wilson), lisiado de una pierna, luchará hasta el final por rescatar a su esposa con vida. Al igual que haría John Wayne por su sobrina en “Centauros del desierto” (The Searchers, 1956).

Sin embargo, no todo son conexiones y referencias de “Bone Tomahawk” con el western clásico. Este largometraje muestra una violencia explícita que puede resultar algo desagradable y repulsiva para cierta clase de espectadores, además de inusual, en un género que está poco o nada acostumbrado a presenciar estos encuentros extremadamente violentos (debido a la censura del Código Hays que prohibía mostrar los detalles de asesinatos y escenas sexuales en las obras producidas entre 1934 y 1967 en EE.UU.). Por otra parte, estos ‘super-indios’ son una tribu de indígenas trogloditas, totalmente desconocidos en este tipo de historias, que pueden definirse como un híbrido entre los indios caníbales que aparecen en “La venganza de Ulzana” (Ulzana’s Raid, 1972) y ‘Los Morlocks’, una extraña especie de criaturas infrahumanas que habitan en la película “La máquina del tiempo” (The Time Machine, 2002).

En definitiva, “Bone Tomahawk” es un magnífico western con toques de terror que puede sorprender y maravillar tanto a los aficionados del western clásico por sus múltiples referencias, como a los seguidores del cine gore por sus pinceladas de violencia gráfica extrema. S. Craig Zahler consigue una obra innovadora y emocionante, con unos efectos visuales realistas, unas actuaciones sobresalientes y un sólido guion que incorpora violencia explícita en momentos determinados, “Bone Tomahawk” es digna heredera de las grandes películas del Oeste del pasado.

Carlos Grossocordón

Carlos Grossocordón

Doctorando en Comunicación Audiovisual, Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Complutense de Madrid.
Carlos Grossocordón

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