Centenario del Nacimiento de Gregory Peck

Gregory-peckjpg¿Dónde termina el hombre y empieza el mito? Con alguien como Gregory Peck es difícil de discernir; su nombre no es sólo sinónimo de grandes títulos e interpretaciones, sino que supone la asociación automática con el hombre bondadoso por antonomasia, de una humanidad impagable, además del tipo alto, guapo y elegante. Resulta imposible separarlo de algunos de sus personajes más recordados, especialmente Atticus Finch, al que siempre consideró su favorito y le valió uno de los mayores reconocimientos de la historia por su compromiso social. Y es que, cumpliéndose este 5 de abril nada menos que 100 años de su nacimiento, si uno se pone a revisar todo lo que algunos están escribiendo en los medios estos días para homenajear su figura, resulta imposible no quitarse el sombrero y aplaudir la gran labor que realizó este actor que fue un auténtico galán tanto dentro como fuera de la gran pantalla. Algunos considerarían hoy día sus personajes pedantería pura y el rollo del americano bueno e intachable que no hay quien lo trague. A este respecto se pueden decir varias cosas. La más importante, y en palabras del propio Gregory Peck, es: “dicen que los tipos malos son más interesantes para interpretar, pero para mí es un desafío mayor interpretar a buenas personas, porque es más duro hacerlas interesantes”. Y otra cosa bien clara, es que si se revisa su filmografía, que aquí por supuesto intentaremos repasar aunque sea por encima (porque si no nos dan las tantas), se pueden descubrir todo tipo de géneros y personajes. Puede que Gregory Peck se quedara sólo con algunos calificativos porque se los ganó a pulso por personajes memorables, pero se movió como pez en el agua en todos los géneros y con todo tipo de caracteres, dándolo siempre todo y demostrando sólidas dotes de interpretación. Pero nos daremos cuenta que en su vida personal también hubo un grandísimo hombre comprometido con el mundo hasta el fin de sus días. Y es que ya lo dicen algunos, sólo las leyendas superan a sus propios personajes.

https://www.youtube.com/watch?v=OjlBkDwRMuU

 

Gregory Peck nació en San Diego (California), en la comunidad de La Jolla, con el nombre de pila de Eldred. Era hijo de Gregory Pearl Peck, un farmacéutico de ascendencia armenio-irlandesa con una profunda devoción católica, y Bernice Mae Ayres, de ascendencia escocesa y que se convirtió al catolicismo después de casarse. Según se rumorea, su madre le puso el primer nombre de Eldred al abrir al azar la guía telefónica. Por supuesto, su hijo en cuanto pudo usó su segundo nombre en el mundo artístico, y la verdad que nadie puede culparlo porque además le dio mucha suerte.

Pero antes de eso, como muchos jóvenes, Gegory Peck no tuvo una infancia ni una adolescencia fáciles. Peck llevó una estricta vida centrada en el catolicismo, a pesar de que sus padres se divorciaron cuando él era aún muy niño, y su infancia transcurrió en compañía de su abuela, una gran aficionada al cine. Fue ésta quien le contagió el amor por dicho arte y le dio un primer contacto con el cual el pequeño Gregory (lo de pequeño es relativo, porque de mayor llegó a medir 1,90) quedaría fascinado. Así, cada semana su abuela lo llevaba a ver películas mudas mientras observaba cómo su nieto se quedaba boquiabierto contemplando a Greta Garbo y otros mitos del momento. En cuanto a su educación, Peck tuvo que ir a un internado militar a los 10 años de edad, y durante su permanencia dentro del recinto tuvo que enterarse de la muerte de su abuela, siendo su padre quien se haría cargo de él a partir de ese momento. A los 14 años fue a la escuela de secundaria de San Diego, y después de graduarse necesitó un año para poder ser admitido en la Universidad de California, en Berkeley. Allí empezó estudiando medicina e inglés, pero en su camino se cruzó la posibilidad de participar como actor en un grupo de teatro de la facultad, donde descubrió su auténtica vocación. Participó en 5 obras durante su último año, compaginando trabajos temporales como conductor de un camión o ayudante de cocina, además de formar parte del equipo de remo universitario.

Finalmente se graduó en filología inglesa, pero en 1939 decidió dar un giro completo a su vida e intentar triunfar en el mundo de la interpretación. Cosa curiosa, aunque vivía en California y tenía a tiro de piedra Hollywood, su intención era ir a Nueva York para poder subirse a los escenarios de Broadway. En su bolsillo llevaba 160 dólares y suponemos que una maleta llena de sueños y ambiciones. Cuando llegó a Nueva York cambió su nombre de pila y mantuvo el segundo, Gregory, e ingresó en la prestigiosa escuela de interpretación Neighborhood Playhouse (esta escuela es toda una institución mundial de la cual surgieron posteriormente actores tan dispares como Steve McQueen, Diane Keaton, Robert Duvall, Jeff Goldblum, Allison Janney , Sydney Pollack o Leslie Nielsen) donde tuvo de profesor al legendario Sanford Meisner (si conocéis a alguien metido en el mundo de la interpretación, nombradle a este personaje o preguntadle por la técnica Meisner y seguro que sabrá contestaros resaltando su importancia). En esa época Gregory Peck muchas veces estuvo sin blanca y tuvo que llegar a dormir en Central Park. Para sacarse un dinero extra, trabajó en la expo mundial de Nueva York de ese año y como guía en tours para la NBC.

En 1941 por fin pudo iniciar su carrera subido a los escenarios en un papel secundario, pero justo una semana después de empezar la obra se produjo el ataque a Pearl Harbor. Al año siguiente, Gregory Peck ya tuvo su debut en Broadway y con rol protagonista en la obra The Morning Star, seguida de la obra The Willow and I, y al poco ya era uno de los mejores de su generación y de los más solicitados. Esto último supuestamente se debe a que EE.UU ya había entrado en la Segunda Guerra Mundial y Peck tuvo la suerte de quedar exento del servicio militar debido a una lesión de espalda que se produjo durante una clase danza y movimiento en su época de estudiante de interpretación. En cualquier caso, en pocos años Gregory Peck ya había conseguido llamar la atención de críticos y espectadores, así que se planteó su paso al cine como un nuevo reto, y en 1944 abandonó los escenarios y comenzó su carrera cinematográfica. Pero antes, en octubre de 1942, se casó con su primera mujer, Greta Kukkonen, una maquilladora de origen finlandés a quien conoció en los escenarios. Con ella tendría 3 hijos.

Su debut en cine fue con la película Días de Gloria (1944), una curiosa y extraña cinta dirigida por Jacques Tourneur donde interpretaba al líder de una guerrilla de partisanos en su lucha contra los nazis, a la vez que se enamoraba de una bailarina rusa. No es que la película sea ninguna maravilla, ni es un trabajo que merezca destacar de su director y actor, pero sirve como punto de partida de ambos para ver la evolución que experimentarán de forma muy distinta en sus carreras, para aprender de sus errores y reforzar sus cualidades. Además, resulta casi divertido ver cómo había una época en que americanos y soviéticos realmente se apoyaban y respetaban en su lucha común contra los nazis y era posible una película estadounidense mostrando el respaldo a los rusos.

Ese mismo año Peck interpretó a un sacerdote católico en el film Las llaves del reino (1944), compartiendo cartel con Vincent Price en una producción de uno de los grandes de la industria del cine, Joseph L. Mankiewicz, quien también participó en la escritura del guión. La dirección corrió a cargo de John M. Stahl, y Gregory Peck consiguió con este papel su primera nominación al Oscar.

spellboundAl año siguiente llegó su primer film con Alfred Hitchcock en Recuerda (1945), donde compartía cartel con la guapísima Ingrid Bergman. La película, recordada sobre todo por la escena del sueño con diseños de Salvador Dalí, sirvió para mostrar sus dotes de galán y hombre santo. Décadas después, durante una entrevista en 1987 en la revista People, Peck confesó que él e Ingrid Bergman tuvieron un breve romance durante el rodaje. “Todo lo que puedo decir es que sentí un verdadero amor por ella (Bergman), y creí que ahí debía parar. Yo era joven, ella era joven, y ambos nos habíamos visto sometidos en unas semanas a un trabajo muy intenso y cercano.”

Volvió a ser nominado al Oscar por la película El Despertar (1946), pero sin duda su papel más recordado ese año es el del fiero e impulsivo Lewton en Duelo al Sol (1946), de King Vidor. Una película donde la épica del western quedaba eclipsada por el romanticismo y la rivalidad de dos hermanos por una bella mujer, interpretada por Jennifer Jones. Para muchos, el final de esta película sigue siendo uno de los más recordados en la historia del celuloide.

En los años siguientes Gregory Peck trabajaría con algunos de los directores más grandes de la época, como Elia Kazan. Con él realizó la controvertida La barrera invisible (1947), donde Peck interpretaba a un periodista que se hacía pasar por judío para descubrir focos de antisemitismo en la ciudad de Nueva York, y que quedaba atónito ante la reacción adversa de compañeros y amigos de trabajo al profesar esta religión. Su polémica no obstante no le impidió ganar el Oscar a la mejor película.

Otros grandes directores que vendrían serían Raoul Walsh o Henry King, siendo destacables de este último El Pistolero (1950) y sobre todo Las Nieves del Kilimanjaro (1952), donde aparecía junto a la sensual Ava Gardner, en un relato de Hemingway donde Peck interpreta a un escritor que recuerda el amor de su vida perdido tiempo atrás y los diferentes escenarios donde pasaron tiempo juntos. Junto a la que se consideraba “el animal más bello del mundo” rodaría hasta tres películas, y su amistad fue tal que al morir Ava Gardner, Peck acogió a su perrito y a su ama de llaves.

Audrey Hepburn, Roman Holiday (1953) starring Gregory Peck

Roman Holiday (1953) starring Gregory Peck and Audrey Hepburn

Sin embargo, la actriz con la que viviría en la pantalla uno de los romances más recordados sería una joven aún bastante desconocida a la que le uniría desde entonces una gran amistad.  Hablo por supuesto de Audrey Hepburn, que quedaría inmortalizada de la mano del genio de William Wyler en la mágica ciudad de Roma. Y no es para menos, porque Vacaciones en Roma (1953) es uno esos clásicos legendarios que uno siempre disfruta viendo en pantalla. Se trata de una de las mejores comedias románticas jamás filmadas, con un guión de Dalton Trumbo que tuvo que escribir bajo seudónimo (en esos momentos estaba fichado por la Comisión de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy, pero Wyler asumió el riesgo), y con unos escenarios en la capital italiana dignos de un cuento de hadas pero que existían en perfecto estado en su momento (hoy día evidentemente la aglomeración de turistas no permite ver ninguna de sus localizaciones sin tener que empujar a alguien para hacerse hueco). Bien es cierto que ya existían cantidad de películas italianas que habían retratado la ciudad de Roma de forma esplendida, pero ésta fue de las primeras producciones americanas que viajó a Europa para rodar en exteriores auténticos y mostrar todos sus encantos e inmortalizar una ciudad asociándola al auténtico placer de vivir la vida y al amor. Contando sólo por encima el argumento, la historia trata sobre Anna (Hepburn), la princesa de un país imaginario que estando de visita oficial en Roma decide escapar de las obligaciones que le imponen y ver realmente cómo es la ciudad donde se encuentra. En su huida se encuentra con Joe Bradley (Peck), un periodista norteamericano que intentará sacar provecho al descubrir la identidad de la joven. La película rebosa momentos encantadores: cuando Audrey Hepburn se corta el pelo, cuando monta en vespa, cuando bailan los dos juntos en una fiesta o cuando se acercan a la Bocca della Verità;  y la perfecta química entre sus protagonistas, palpable en todo momento, dotó a esta película de una auraAudrey-Hepburn-Gregory-Peck-in-Roman-Holiday-audrey-hepburn-16043170-474-478 maravillosa convirtiéndola en uno de esos films imprescindibles que hay que ver por lo menos una vez en la vida. Peck desde el primer momento supo que se encontraba ante una gran actriz y estaba convencido de que ganaría el Oscar. Por eso cuando la productora dijo que quería que él, como estrella consolidada en Hollywood, encabezara en solitario los créditos, Peck se negó argumentando que Audrey Hepburn iba camino de ser una gran estrella. No se equivocó, Hepburn ganó la estatuilla, se convirtió en un icono que aún perdura en nuestros días y él siempre la tuvo como una de sus mejores amigas y compañeras hasta que falleció. Juntos realizaron muchas labores humanitarias y se posicionaron contra las injusticias sociales del país.

Pero el film también sirvió para que, justo antes de marcharse a rodar a Italia, y durante una entrevista a France Soir, Gregory Peck conociese a la que sería su segunda y definitiva esposa, la periodista francesa Veronique Passani, 16 años menor que él. Al cabo de 6 meses, Peck le pidió si podían verse y comer juntos, y a partir de ese momento fueron inseparables. Según cuentan, Gregory Peck llamó al diario galo para pedirle una cita. Después de mucho pensárselo, Veronique acabó aceptando, y eso que tuvo que renunciar a ir esa tarde al apartamento de Jean Paul Sartre para una entrevista con el Nobel de la Paz Albert Schweitzer. Peck se separó de su primera mujer Greta en 1955, y al día siguiente de finalizar el proceso de divorcio, se casó con Veronique, justamente el 31 de Diciembre. Con ella tendría otros 2 hijos.

Su siguiente película a destacar fue a las órdenes de John Huston, con quien rodó Moby Dick (1956). Basado en el clásico de Herman Melville, la adaptación corrió a cargo del propio Huston y del escritor Ray Bradbury, quien afirmó leer hasta en 9 ocasiones el libro para elaborar el guión final. En esta ocasión Gregory Peck supo encarnar a la perfección al serio y obseso capitán Ahab, cuyo único fin en la vida es vengarse de la ballena blanca que le arrancó la pierna. Peck demostró que podía despojarse del atractivo que le imponían siempre y ser igual de convincente. 04HOBERMAN1-master675Pero además de ser una gran película de aventuras, esta versión de Moby Dick contó con el atractivo de rodar parte de los exteriores en Gran Canaria y en Madeira, perdurando como uno de los momentos históricos para los isleños, que vieron a dos colosos del cine desembarcar en sus playas. Allí se preparó la maqueta de la ballena y se rodaron las escenas de caza, que se combinaron con imágenes reales en las aguas de Madeira de balleneros oriundos de la región cazando cachalotes.

En los años siguientes Gregory Peck seguiría trabajando con grandes directores como Vincente Minnelli en Mi desconfiada esposa (1957), compartiendo protagonismo con Lauren Bacall en otra comedia romántica. Y al año siguiente, repetiría experiencia con William Wyler produciendo junto él y protagonizando otro de los grandes westerns de la historia: Horizontes de Grandeza (1958). Este film ha pasado a ser otro de los grandes éxitos del género, recordado por el enfrentamiento en pantalla de sus dos estrellas, Gregory Peck y Charlton Heston, que representaban los polos opuestos del carácter humano en una cinta donde se reflejaba la codicia por el control del agua y las tierras de ganado en las vastas llanuras de Texas.

Los 50 terminaron siendo una época de grandes éxitos para Gregory Peck, pero en los 60 tampoco se quedaría atrás, rodando a principios de esa década algunas de las mejores cintas americanas en géneros muy distintos.

La primera a destacar sería Los Cañones de Navarone (1961), una película bélica llena de aventuras basada en sucesos reales que se convirtió en un clásico del género. Mucho ayudó su trío protagonista, ya que acompañando a Gregory Peck se encontraban Anthony Quinn y David Niven. Los tres actores interpretaban a los principales cabecillas de un comando encargado de destruir los cañones que los alemanes tenían durante la Segunda Guerra Mundial en la isla que da título a la película, y que impedían el rescate con buques de miles de soldados británicos que estaban aislados en la isla de Keros. Lo dicho, una cinta muy entretenida, llena de acción, con unos efectos especiales que en la época fueron recompensados con un Oscar, y un final que, aunque previsible, no le quita ningún mérito al trabajo que realizó su director, J. Lee Thompson.

Tan encantado acabó Gregory Peck con la experiencia que al año siguiente repitió con su director en un proyecto totalmente distinto, un thriller del que Scorsese realizaría un remake décadas después, El Cabo del Terror (1962). Enfrentado en esta ocasión al actor Robert Mitchum, que interpretaba al recluso Max Cady en busca de venganza contra el abogado que lo encerró ocho años en chirona (Peck), el film es un nuevo duelo de miradas y personalidades. Dos actores muy distintos ofrecían un gran film de suspense recordado también a día de hoy por su fotografía y su música (y puede que también por la parodia de los Simpson). Por desgracia el film fue un fracaso y la productora quebró al no recuperar la gran inversión hecha en el proyecto, y sólo muchos años después la película ha sido cada vez más reivindicada como un gran título del género por críticos, directores y aficionados. Su director Lee Thompson siempre se quejó de los excesivos recortes que aplicó la censura en varios países europeos, siendo un golpe muy duro para él. Impagable es el gran provecho que le sacó a sus dos actores protagonistas, aunque con todo el respeto a Peck, aquí era Robert Mitchum quien se llevaba todo el mérito y los galones, interpretando uno de los mejores psicópatas de la historia que le hace la vida imposible a él y a su pobre familia. Porque Mitchum en esta peli daba mal rollo hasta cuando sonreía.

ca. 1962 --- Gregory Peck as Atticus Finch and Mary Badham as Scout Finch in the 1962 film version of Harper Lee's To Kill a Mockingbird. --- Image by © John Springer Collection/CORBIS

ca. 1962 — Gregory Peck as Atticus Finch and Mary Badham as Scout Finch in the 1962 film version of Harper Lee’s To Kill a Mockingbird. — Image by © John Springer Collection/CORBIS

Pero si por alguna película debe destacar el año 1962 tratándose de Gregory Peck, esa no es otra que la adaptación de la famosa novela de la recientemente fallecida Lee Harper Matar a un ruiseñor (1962). El personaje de Peck, Atticus Finch, quedó grabado en la posteridad en muchísimas generaciones, y confirmó la visión que tenía la de gente de Gregory Peck como hombre de bondad y rectitud. Quizás por ello, el personaje de Atticus fue siempre su favorito, como se puede ver en el extracto de una conferencia que concedió 4 años antes de fallecer.

https://www.youtube.com/watch?v=WDYRzXcwdsE

Considerar todo lo que encierra Matar a un Ruiseñor podría parecer muy complicado, pero podría resumirse en todo el racismo imperante y candente en EE.UU, especialmente en los estados sureños, y un poco en la pérdida de inocencia de una niña que descubre el verdadero mundo que hay ahí fuera. Es cierto que en su primera hora de metraje (al menos para mí) el film no termina de arrancar del todo, centrándose más en los hijos de Atticus que en el propio caso que llevará a enfrentarlo a parte de la comunidad del pueblo. Porque es en su segunda mitad, cuando se ve a Gregory Peck defendiendo a un negro de un delito que no ha cometido, donde se descubre la grandeza de esta película. El personaje de Atticus está solo en aquella sala, aunque en la parte superior todos los negros del pueto_kill_a_mockingbirdblo y sus hijos le observen y muestren su apoyo. Está solo en ese pueblo de Alabama en los años 30 ante unas creencias populares que imperan desde generaciones y que le impiden celebrar un juicio justo. Las imágenes en silencio de Gregory Peck sentado junto al actor negro Brock Peters, que interpreta al acusado Tom Robinson, hablan por sí solas. La amistad surgida entre ambos debió de ser muy especial, ya que cuando Peck falleció, Peters fue el encargado de leer su encomio durante el funeral.

Peck conseguiría con su papel en Matar a un Ruiseñor la estatuilla de los Oscar después de la que era su quinta nominación. Pero si tiene un merito mayor fue que el American Film Institute consideró en 2003 que el personaje de Atticus Finch debía encabezar la lista de los 50 mejores héroes del cine.

El resto de la década de los 60 transcurriría con más títulos de directores tan dispares como Stanley Donen, Fred Zinnemann, o John Sturges, entrando en los 70 en un período un poco oscuro tanto a nivel personal como cinematográfico. En lo personal, porque en 1975 su hijo primogénito se suicidó de un tiro en la cabeza sin motivo aparente. Que se supiera, no tenía problemas de drogas o de otra índole, era reportero, trabajaba en una emisora de radio y había hecho labores humanitarias en Tanzania. Para Gregory Peck fue un shock terrible del que tardaría en recuperarse, manteniéndose alejado durante un tiempo de todo tipo de proyectos. Y quizás por ello, en lo cinematográfico, sorprendió su papel en la cinta de terror La Profecía (1976), de Richard Donner. Esta película, de un mal rollo acojonante por momentos con la cara del niño y sus “poderes” y la musiquita de fondo, fue un taquillazo que con los años ha mantenido su culto con multitud de remakes, homenajes y parodias. Que Gregory Peck interpretara a un padre que pierde a su hijo recién nacido y decide sustituirlo por el de otra mujer con la ayuda de un cura (¿de qué me suena eso en este país?) sin saber que le están endosando el Anticristo, no tuvo que ser nada fácil para él habiendo perdido en la vida real a un hijo sin poder hacer nada para evitarlo.

Después vendría su papel en MacArthur, el general rebelde (1977), dando vida al famoso militar que tuvo uno de los papeles más destacados durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque Peck no le tuviera especial aprecio, sí que reconoció que le parecía un papel muy interesante de interpretar. Y al año siguiente, volvería a acaparar todas las miradas con la escalofriante Los Niños del Brasil (1978), donde interpretaría al doctor Josef Mengele, uno de los mayores monstruos de la Alemania nazi refugiado en Brasil tras la caída del III Reich. Basada en una novela de Ira Levin, la película dirigida por Franklin J. Schaffner causó cierto revuelo. Costaba reconocer a Peck encarnando a un personaje real tan malvado. Pero a día de hoy, la idea futurista que se planteaba sobre los experimentos de clonación no parece tan descabellada, lo que quizás resulta más aterrante viendo los dilemas y posibilidades que exploraba la película. En esta ocasión, el papel de buen hombre recayó sobre otro de los más grandes, el inglés Laurence Olivier, interpretando al judío cazador de nazis Ezra Liebermann (basado también en un personaje real, Simon Wiesenthal) en su búsqueda de los responsables que llevaron a millones de los suyos a la muerte.

05b4fb3a0e9b79182f146562d0d8ef3aDespués de esto, Gregory Peck siguió actuando en películas pero a un ritmo mucho más bajo y en proyectos de menor calidad. Scorsese le dio en su remake El cabo del miedo (1991) un papel secundario para homenajearlo, y volvió a participar en una versión de Moby Dick para la televisión en el 98. Sin embargo, en los últimos años, Peck se dedicó más a dar conferencias sobre sus experiencias como actor y como padre de familia. Tanto es así, que en 1999 se grabó una de sus charlas en el teatro Barter, respondiendo a preguntas del público y mostrando su humor y simpatía.

Finalmente, Peck fallecería el 12 de junio de 2003, a los 87 años, de una bronconeumonía. Su esposa, Veronique, estaba a su lado cogiéndole la mano cuando soltó su último suspiro.

Con él se fue el hombre guapo y de buen corazón de la pantalla. Pero la generosidad y bondad que solía mostrar Gregory Peck en muchos de sus personajes también la aplicó a lo largo de su vida en multitud de actividades y proyectos, tanto en obras de caridad como en movimientos políticos. Sirva de ejemplo todos los siguientes hechos:

Fue uno de los miembros fundadores del American Film Institute, presidió durante un breve período la Sociedad Americana del Cáncer, y también fue Presidente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. De hecho, en una de sus ediciones consiguió retrasar la gala de los Oscar para solidarizarse con el asesinato de Martín Luther King y mostrar su apoyo a la comunidad negra.

En 1947 creó en su ciudad natal la academia de arte dramático La Jolla Playhouse.

Cuando el senador Joseph McCarthy inició su particular caza de brujas a través del Comité de Actividades Antiamericanas, Peck y otros compañeros de profesión crearon el Comité de la Primera Enmienda, una iniciativa que contribuyó a su destitución en 1954.

En 1968, el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson le otorgó la Medalla de la Libertad, el premio civil de más prestigio en Estados Unidos.

Durante la guerra de Vietnam, defendió la salida de Estados Unidos del conflicto a la vez que mostraba su apoyo a los soldados enviados a combatir y que volvían traumatizados o en un ataúd. Además, produjo el filme The trial of the Cantonsville nine (1972), un alegato antibelicista que le valió un puesto destacado en la lista negra de los enemigos de Richard Nixon.

Cuando Chrysler entró en una grave crisis en 1980 y peligraban 600.000 empleos, él se ofreció a ser promotor comercial de la compañía sin cobrar nada.

El Partido Demócrata quiso que se presentara a las elecciones de gobernador de California para frenar a Reagan. Por suerte para todos, y con mucho criterio, declinó la oferta de entrar en el sucio mundo de la política. Muchos veteranos del partido sin embargo siguen imaginando qué hubiera pasado de aceptar el reto y quién sabe si hubiera podido llegar hasta la Casa Blanca.

También fue una de las estrellas que se embarcaron en galas contra el Sida cuando la enfermedad era una auténtica epidemia.

En 1986, Peck fue honrado junto con la actriz Gene Tierney con el primer Premio Donostia a la trayectoria profesional en el Festival de Cine de San Sebastián, por nombrar sólo uno de los muchos premios que recibió.

En 1997, la asociación GLAAD (Alianza de Gays y Lesbianas contra la Difamación) le escogió para presentar un premio en su gala anual y sobre el escenario Peck espetó: “Me resulta estúpido tener que luchar por algo que es tan simple y correcto.”

Y cuando se produjo la masacre de Columbine, Peck se manifestó en Filadelfia para pedir el control de las armas de fuego.

En sus últimos años estuvo muy vinculado a la vida cultural de Los Ángeles, al frente de uno de los programas de la biblioteca de la ciudad para promocionar la lectura.

Por supuesto, viendo todo esto, que tan sólo es una pequeña parte de toda la actividad que desarrolló en su vida, no es de extrañar que Gregory Peck siga siendo uno de los actores más queridos por público y crítica. Y sus películas, siempre estarán allí para recordárnoslo.

https://www.youtube.com/watch?v=PaXT_w4-km0

Al Swearengen

Al Swearengen

Tengo la sensación que bueno y malo son palabras demasiado extremas que usamos a la ligera. No creo que la vida y la mayoría de cosas y personas en este mundo puedan ser expresadas en términos tan absolutos. Ni siquiera estoy seguro de si se pueden aplicar al arte, y menos aún al cine.
Al Swearengen
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