Oro: La resurrección de Agustín Díaz Yanes
Nov18

Oro: La resurrección de Agustín Díaz Yanes

La invasión y colonización de las Indias fueron el Vietnam del extinto Imperio Español. Los propios Raúl Arevalo y Óscar Jaenada así lo han reconocido en numerosas ocasiones para promocionar el mejor trabajo de encargo realizado hasta la fecha por Agustín Díaz Yanes (‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto’). En consecuencia, Yanes aborda este episodio colonial como si se tratara de otra de las múltiples recreaciones sobre la derrota norteamericana, más de cuatro siglos después, en el país soberano del Sudeste Asiático. Las rencillas internas, el odio fraternal, las rivalidades personales provocadas por la segregación regional -en eso apenas hemos cambiado- y la traición por un botín (o por una mujer) se acrecentan por la fiebre y la desesperación de un atajo de cuatreros perdidos en mitad de la jungla, tanto o incluso más que en ‘Corazones de hierro’ (1989, Brian De Palma) o ‘Platoon’ (1986, Oliver Stone). Lo único que cambia aquí respecto al modelo previo es la ubicación histórica del relato y el amo al que sirven estos perros sin escrúpulos que buscan fama y fortuna en tierra de nadie porque no tienen nada que perder. ‘Oro’ (2017, Agustín Díaz Yanes) se acerca mucho menos a los terrenos del western que a cualquier otra jungle movie donde el peor enemigo de sus protagonistas no son aquellos a quienes someten, invaden o persiguen, sino sus propias almas corrompidas. Esto es cine de aventuras en su concepción más...

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The Room: ¿La peor película de la historia del cine?
Nov04

The Room: ¿La peor película de la historia del cine?

Vamos a ver, emm… ¿por dónde empiezo con esto? Hablar sobre ‘The Room’ desde un prisma estrictamente cinematográfico, sin caer en la mofa ni el chiste malo, es tan complejo como averiguar de dónde diablos sacó este emigrante polaco, cuyo nombre real es fruto de decenas de especulaciones, un montante de 6 millones de dólares para producir este maravilloso pedazo de mierda. ¿Es verdad que ganó semejante cantidad de dinero por la indemnización cobrada a un pez gordo de Hollywood tras un accidente de coche? ¿Lo ahorró con lo que ganaba vendiendo ropa interior y chaquetas de cuero importadas desde Corea del Sur? ¿Es posible que la filmación de ‘The Room’ sirviese para encubrir una operación de blanqueo de dinero, teniendo en cuenta que sólo recaudó 1.800 dólares en la taquilla americana? Sinceramente no me importa qué, cómo o cuándo lo hizo, pero este denominado artista del desastre, al que actoralmente describiría como si Harvey Keitel estuviese aquejado de parálisis facial tras sufrir un ictus, y cuya ópera prima es considerada ‘el Ciudadano Kane de las películas malas’, al final se salió con la suya y escribió, produjo, dirigió y protagonizó su propia película. Y James Franco no podría estarle más agradecido por ello, porque suya ha sido la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián a la Mejor Película por interpretarle y recrear la historia de su primer rodaje en ‘The Disaster Artist’ (2017, James Franco). ¿Alguna vez fantaseaste con la idea de ser actor o, solo delante del espejo, has imaginado cómo serían tus secuencias preferidas interpretadas por ti, recitando tus frases favoritas de la pantalla, creyendo que te derrumbas roto por el dolor, delante de la cámara, como si fueses el héroe de un drama romántico? Pues eso mismo es ‘The Room’, el fruto de la cabezonería y perseverancia de un pirado que un día dijo ‘¡quiero ser actor!’ y se dió el capricho de financiar su propia producción, llevándola a cabo con más ilusión y voluntad que auténtico talento. Johnny (Tommy Wiseau) es un exitoso banquero que vive en San Francisco con su novia, Lisa (Juliette Danielle), con la que planea casarse. Pero Lisa está secretamente enamorada de Mark (Greg Sestero), el mejor amigo de Johnny. Cada dia, mientras Johnny trabaja, Lisa mata las horas tumbada en el sofá, acostándose con Mark, recibiendo visitas de su madre y concertando citas entre una pareja de amigos a los que les gusta follar en el apartamento de Johnny sin ningún motivo aparente. Por el apartamento de Johnny pasa continuamente gente con la que Johnny queda para jugar a pasarse la pelota en la terraza, el...

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Yo, el Halcón: Menudo es mi padre
Oct21

Yo, el Halcón: Menudo es mi padre

Ni siquiera pienso adoptar una actitud benevolente, mirándola por encima del hombro, y etiquetar a ‘Yo, el Halcón’ (1987, Menahem Golan) como un placer culpable. Es larga, generosamente larga, la lista de películas chuscas, de esas que por su simpleza se presuponen erróneamente malas, que no me canso de volver a ver, una y otra vez. ‘Yo, el Halcón’ (1987, Menahem Golan) es una de esas chorradas incomprendidas. No me importa lo unidimensionales y telefílmicos que sean sus personajes: una madre enferma, un padre ausente y buscavidas que se ve forzado a ejercer como como tutor, el previsiblemente antagónico Robert Loggia tratando de separarle de su hijo y, por supuesto, un tierno lechón adolescente que aprenderá a querer a su progenitor y ver su belleza interior blablabla… Lincoln Hawk (Sylvester Stallone) es un camionero que trata de ganarse de nuevo el cariño de su hijo cuando, al enfermar gravemente su mujer, cumple su última voluntad de retomar el contacto con él. Hawk y el pequeño Michael (David Mendenhall) viajarán juntos hasta el Campeonato Internacional de Pulsos (¡!) que se celebra en Las Vegas, evitando las constantes intentonas de su abuelo (Robert Loggia) por separarles. Me quedo con la mejor parte en el más logrado (o el menos fallido) de los saltos a la dirección que efectuó el productor y guionista Menahem Golan y, generalmente, en todas aquellas majaderías testosterónicas que Sly protagonizó desde inicios de los 80 hasta bien entrada la década de los 90: la exaltación de la masculinidad encauzada hacia una ambiguedad remarcadamente gay, las continuas alusiones en sus diálogos a la filosofía de autoayuda y frases de superación personal, los montajes con secuencias dramáticas aderezadas con baladas de rock melódico y un buen puñado de secuencias grabadas a fuego en el paroxismo de la virilidad -esos gigantes monstruosos y sudorosos echando pulsos con la gorra vuelta del revés-. No puede decirse que este tipo de peliculas no se perpetraran con las ideas preclaras y unos objetivos honestos, y el que otros -entre los que no me incluyo- no comulguen con su acabado formal ya es harina de otro costal. A mí al menos no me avergüenza admitir que muchas de estas cintas -en VHS, por supuesto- forman parte del ADN de mi educación cinéfila tanto como las comedias mudas de Harold Lloyd, los vodeviles eróticos de Mariano Ozores o los más populares blockbusters producidos/dirigidos Steven Spielberg. Los 80 fueron lo que fueron, no le demos más...

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La Llamada: Los Javis inventan el catecismo transgresor, y les funciona
Oct13

La Llamada: Los Javis inventan el catecismo transgresor, y les funciona

Si me pusiera estupendo y tuviese que arrojar al cubo de la basura todas las películas, novelas, series de televisión y canciones de mi vida que supuestamente debo ignorar por tratar de venderme un mensaje religioso, creo que me vería obligado a borrar de un plumazo más de la mitad de mi lista de recuerdos. Porque en efecto ‘La Llamada’ es una película abiertamente religiosa, camuflada eso sí bajo un paraguas de rebeldía inocua, modernidad juvenil y brochazos de humor grueso emparentados con el primer Almodóvar o la dupla formada -también en el teatro- por la desaparecida Dunia Ayaso y Félix Sabroso. No son estos malos referentes para los debutantes (en el cine) Javier Ambrossi y Javier Calvo. La adaptación de su exitoso musical -que aún sigue girando, fuera incluso de nuestro continente- no trata de provocar a nadie, ni en sus intenciones es enteramente un cuento evangelizador, sino que simplemente trata de traducir su poco sutil moralina cristiana a un contexto más desairado y ligero, con intencionados guiños a la libertad sexual o el consumo de drogas entre los más jovenes. Macarena García es María. María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo) son dos adolescentes -ejem, ejem- que disfrutan de sus vacaciones en el campamento de verano cristiano ‘La Brújula’. Una noche, antes de escaparse juntas a un concierto de música electrolatina -a saber qué carajo significa eso- a María se le aparece Dios para cantarle ‘I Will Allways Love you’. Desde ese instante, las prioridades de María cambiarán de manera radical y se replanteará qué desea hacer con su vida. Richard Collins vuelve a interpretar a Dios, como en la obra de teatro original. El simpático número musical que comparten las monjitas Gracia Olayo y Belén Cuesta o la apoteósica explosión final de petardeo pop ejecutada por Macarena García y Anna Castillo sirven para encontrar el justo equilibrio entre la diversión desinhibida y la propaganda catequista. ‘La Llamada’ (2017, Javier Ambrossi & Javier Calvo) camina con seguridad, y sin miedo a caerse de culo, sobre una sólida línea que separa el grano de la paja, distinguiendo entre lo políticamente correcto -es decir, casi todo- y una tímida actitud transgresora tan, tan suave que ni siquiera requiere filtros de censura. Belén Cuesta y Gracia Olayo son las hermanas Bernarda y Milagros Los Javis -que así se hacen llamar ahora, por algún vericueto publicitario que desconozco- aprueban con nota alta en su intento de trasladar al cine la misma fórmula irreverente de su webserie ‘Paquita Salas’, rescatada por Netflix de la plataforma marginal Flooxer. Por lo demás, nada hay que te obligue a sintonizar con el runrun pastoral que...

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Wonders of the sea 3D: Cousteau jr. nos muestra una nueva dimensión del mundo submarino
Oct01

Wonders of the sea 3D: Cousteau jr. nos muestra una nueva dimensión del mundo submarino

Jean-Michel Cousteau, hijo del célebre y mítico explorador e investigador Jacques-Yves Cousteau, ha realizado junto a Jean-Jacques Mantello un fabuloso documental, titulado Wonders of the sea 3D, para invitarnos al resto de los mortales a sumergirnos en las maravillas del mundo submarino, una parte todavía muy desconocida de nuestro planeta. El objetivo principal: crear conciencia de la importancia de los océanos para nuestra supervivencia. El proyecto, que ha tenido unos cinco años de producción, ha contado con el respaldo de la Fundación de Leonardo DiCaprio, y con la producción y voz en off de Arnold Schwarzenegger, que ha acudido a presentar el proyecto a la 65 edición del Festival de San Sebastián junto a los directores.  Jean-Michel Cousteau se sumergió por primera vez en los océanos a sus siete años, en 1945, cuando su padre Jacques le puso uno de sus equipos de buceo que  había inventado él mismo dos años atrás -y que siguen siendo los que se usan hoy en día-. Desde entonces, su vida giró entorno al océano, y acompañó a su padre en sus incontables aventuras. Y desde la muerte de Jacques-Yves Cousteau en 1997, se ha dedicado a mantener vivo el legado de su padre y a ampliarlo, a pesar de no navegar ya a bordo del Calypso. Wonders of the sea 3D es una experiencia fascinante, que nos muestra imágenes nunca vistas de ésta forma. Se trata de un documental contemplativo con voces en off, que pretende calar su mensaje en el público a través de la belleza de sus imágenes. En palabras de Jean-Michel Cousteau: «Solo protegemos lo que amamos.» Y el documental busca por ello llegar al corazón del público, para animarle a tomar consciencia de la necesidad de proteger nuestros océanos, para nuestra propia supervivencia, pues tal y como explica, el plancton de los océanos genera la mitad del oxígeno que respiramos. La importancia de los océanos es enorme, en su totalidad -incluso de estos microorganismos de las profundidades-, y nuestro devenir depende de su bienestar. A nivel anecdótico, el propio Jacques-Yves Cousteau, en sus inicios, tiraba cosas al mar creyendo que éste lo podía absorber todo. Pero pronto, al ser de los primeros científicos en investigar los fondos del océano, se percató del error, y se terminó convirtiendo en uno de los referentes mundiales de la defensa del ecosistema y de la conservación del medio ambiente. Cousteau padre, logró influir enormemente en cambios gubernamentales para la proteccion del medio ambiente, destacando el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente, vigente hasta 2048. Cousteau hijo, lleva años siguiendo la tarea de su padre. Llegó a ser invitado a la Casa Blanca y convenció...

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Miguel Ángel Vivas: «Lo más importante de mi vida es el cine, pero si no disfrutas haciéndolo, dejas de sentirlo»
Oct01

Miguel Ángel Vivas: «Lo más importante de mi vida es el cine, pero si no disfrutas haciéndolo, dejas de sentirlo»

Tienen en común Secuestrados, Extinction e Inside la firma de uno de los directores españoles que más audacia narrativa y mayor competencia técnica ha exhibido en sus trabajos. Uno de los que más ambiciosamente ha construido, con puntería y complejidad, a esos versátiles personajes por los que suele dejarse seducir, permitiendo que sean ellos quienes maticen la esencia del relato, siendo plenamente consciente de que el eje principal de sus trabajos está en el recorrido y no en el resultado. Sin prisas, sin trampas, sin reiteraciones; porque la clave del arte está siempre en la propia concepción, en la búsqueda de lo nuevo y en su condición de necesario. Ya no se estrenan minuciosas películas, corpulentas en lo visual e intuitivas verbalmente. Ya no queda rastro de esas inimitables e infalsificables formas de expresión que mezclaban estética, sustancia y estilo, que gestaron algunas de las ficciones más libres y más prismáticas de la industria. Poco resquicio queda en un efímero hoy que pronto será historia para otra cosa que no sea el engullible entretenimiento exento de inspiración que habita en la periferia del cine, donde el oficio de director ha acabado por consumir al artista, donde toda creación resulta administrativa y procedimental porque de un tiempo a esta parte la experiencia cinematográfica ha dejado de ser epidérmica. No obstante, todas las relaciones son pendulares -a períodos de euforia siempre siguen momentos de depresión- y el séptimo arte tiene pendiente ese regreso triunfal que le reconcilie con un presente que reclama el virtuosismo perdido y el fin del destierro por falta de consonancia. Miguel Ángel Vivas expone, desde la conciencia y la confianza/fé/esperanza, una realidad que conoce bien, componiendo un testimonio abarrotado de salpicaduras referenciales a las que se sobreponen recuerdos y anécdotas que me contagian de verdadero entusiasmo y de cierta nostalgia. Ficción y biografía se mezclarán en su inminente próximo proyecto, del que solo adelanta que será su obra más personal y más dramática, que supondrá una vuelta a sus orígenes y que significará el resultado de una vida entera de indisimulable amor por ese cine en el que se refugió siendo un niño y hacia el que siente una profunda combinación de pasión y agradecimiento: -Secuestrados llega después de un momento de reflexión personal en el que habías decidido abandonar el cine. ¿Qué sucedió para que alguien que afirma que en ese universo encontró una tabla de salvación decida dejarlo? Lo más importante de mi vida es el cine pero si no disfrutas haciéndolo, si no consigues que la experiencia de hacer cine sea maravillosa, dejas de sentirlo. Recuerdo una conversación con Mathew Fox sobre esto mismo:...

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‘mother!’: el Aronofsky más radical y anárquico
Sep27

‘mother!’: el Aronofsky más radical y anárquico

Darren Aronofsky, director de películas como Pi fe en el caos (1998), Requiem por un sueño (2000), La fuente de la vida (2006), El luchador (2008), El cisne negro (2010) y Noé (2014), ha presentado en la 74 edición del Festival de Venecia, y posteriormente en la sección de Perlas del 65 Festival de San Sebastián, su nuevo film mother!, el más ambicioso, frenético, provocativo y críptico hasta la fecha, que tendrá probablemente su horda de haters y de fans, a partes iguales. Su sinopsis es la que sigue: A una mujer (Jennifer Lawrence) le pilla por sorpresa que su marido (Javier Bardem) deje entrar en casa a unas personas a las que no había invitado (Ed Harris, Michelle Pfeiffer). Poco a poco el comportamiento de su marido va siendo más extraño y ella empieza a estresarse y a intentar echar a todo el mundo. Pero esta sinopsis no es más que la situación narrativa a modo de telón de fondo, puesto que mother! entera es en realidad un cúmulo de metáforas y analogías, aunque bastante crípticas. En palabras de Darren Aronofsky: mother! empieza como una historia típica sobre el matrimonio. En el centro de la historia está una mujer a la que se le exige dar y dar y dar hasta que ya no puede dar nada más. Pero paralelamente, la casa no puede soportar toda la presión hirviendo dentro. Se convierte en algo distinto… Si bien en sus anteriores proyectos, sus guiones se gestaron a lo largo de alrededor de un año, éste nació de forma visceral, tras encerrarse cinco días enteros en una casa vacía. Tras ser preguntado por el motivo de tan oscura visión, su respuesta fue la siguiente: «Es una época loca para estar vivo. Mientras la población mundial se acerca a los 8000 millones nos enfrentamos a problemas demasiado serios que toca considerar: Los ecosistemas colapsan mientras presenciamos extinciones a un ritmo sin precedentes; las crisis migratorias desestabilizan gobiernos; unos EEUU aparentemente esquizofrénicos ayudan a corregir un tratado histórico sobre el clima y meses después se retira;Antiguas disputas tribales y creencias siguen conduciendo a la guerra y a la división; El mayor iceberg registrado jamás se parte en dos en el Antártico y se desplaza hacia el mar. Al mismo tiempo enfrentamos problemas demasiado ridículas para ser comprendidas: En América del Sur unos turistas matan a dos bebés de delfín raros que arrastraron a la orilla, sofocándolos en un frenesí de selfies; la política se asemeja a los eventos deportivos; personas todavía mueren de hambre mientras otros pueden pedir cualquier tipo de carne que deseen. Como especie, nuestra huella es peligrosamente insostenible, pero vivimos en un estado de negación sobre...

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Detroit: Afro American Crime Story
Sep22

Detroit: Afro American Crime Story

Al público norteamericano le gustan los héroes que se levantan, luchan, sufren y vencen a costa de las vergüenzas morales del enemigo extranjero. Puede que por esa razón ‘La noche más oscura’ (2012, Kathryn Bigelow) se convirtiese de la noche a la mañana en un éxito arrollador y unánime de crítica y público. Pero a ese mismo público no le gustan los héroes que se levantan, luchan, sufren y caen derrotados a costa de las vergúenzas morales de la cultura xenófoba de su propio pueblo. Puede que ésa sea una de las contadísimas razones -incluyendo su excesiva duración- por las que ‘Detroit’ (2017, Kathryn Bigelow) se haya saldado, contra todo pronóstico, con uno de los peores batacazos comerciales en la carrera de Kathryn Bigelow. 23 de Julio de 1967. Tras una redada policial en una sala de fiestas donde se consume alcohol de manera ilegal, se desatan una serie de disturbios y ataques que se extenderán al exterior del edificio, provocando una batalla campal entre los vecinos y la policía. Mientras tanto, no muy lejos, dos chicas blancas y varios jóvenes afroamericanos son retenidos y torturados por tres policías de Detroit en el Motel Algiers. Mientras que a John Boyega (Star Wars: El despertar de la Fuerza) y Anthony Mackie (Captain America: Civil War) les sabe a gloria tener esta oportunidad para despojarse temporalmente de sus respectivas franquicias en Disney, la realizadora de ‘Días extraños’ y ‘Le llaman Bodhi’ se pone el traje de David Simon (The Wire, Treme), dándose un garbeo por los barrios negros de Detroit – explorando también el núcleo duro de la Motown y el origen de la banda musical ‘The Dramatics’-, y coloca su mirada en el epicentro del desorden social, el caos urbano y la anarquía moral de una ciudad dividida por el racismo y la violencia. Es decir, retrata de forma fidedigna y cruda a su propia nación, la que, más de cuatro décadas después, ha elegido a un sociópata supremacista y xenófobo como líder del mundo libre. ‘Detroit’ es el retrato de un pueblo al que no le gusta, como probablemente a ningún otro o nosotros mismos, que le restrieguen sus errores y miserias por la cara, y menos aún cuando los hechos reflejados medio siglo después, en una pantalla, siguen siendo plenamente vigentes. Esto es la historia de América, y no ha cambiado para...

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La forma del agua: Guillermo del Toro en plena forma
Sep08

La forma del agua: Guillermo del Toro en plena forma

Guillermo del Toro siempre ha afirmado estar enamorado de los monstruos: «mi fascinación hacia ellos es casi antropológica… los estudio, los disecciono en algunas de mis películas: quiero saber cómo funcionan, qué aspecto tienen por dentro y cómo se comportan». En esta línea, presentó su nueva película -titulada The shape of water (La forma del agua)- en la  Sección Oficial de la 74ª edición del Festival de Venecia, y la especial 50 edición del Festival Internacional de Sitges, y como no podía ser de otro modo, ha vuelto a introducir un monstruo como elemento angular del film. Con La forma del agua, Guillermo del Toro vuelve a realizar otro cuento fantástico, a partir de una historia escrita por él mismo, y ambientada esta vez en plena Guerra Fría, en los años 60. Más concretamente, nos introduce en un laboratorio gubernamental de alto secreto, donde trabaja una mujer muda, Elisa (interpretada por una magnífica Sally Hawkins), que vive atrapada en una vida aislada, hasta que descubre y conoce al ser anfibio con el que andan experimentando en uno de los laboratorios. La historia bucea entre distintos géneros: fantástico, thriller, drama y romántico. Y a pesar de ser una película principalmente de entretenimiento, la historia tiene un gran peso socio-político llena de analogías. Aunque de lo que habla principalmente el film es del amor. En palabras de Guillermo del Toro: El agua siempre coge la forma de lo que la sostiene en el tiempo, y a pesar de que el agua puede llegar a ser tan leve, también es la fuerza más poderosa y maleable del universo. Del mismo modo funciona el amor ¿no? Da igual en que forma o recipiente depositemos el amor, se convierte en eso, ya sea un hombre, una mujer, o una criatura. En el film, aparecen muchos de los temas recurrentes en la filmografía de Guillermo del Toro, tales como la biología y su fascinación por el mundo fantástico. Temas como el ‘bien’ y el ‘mal’, la inocencia y la amenaza, lo histórico y lo eterno, lo bello y lo monstruoso, confluyen entre ellos demostrando que no hay oscuridad que pueda derrotar del todo a la luz. También en palabras de Guillermo del Toro: Me gustan las películas que son liberadoras, que te dicen que está bien ser quien sea que seas. Y parece ser que en los tiempos que corren, es un tema muy pertinente. Como a lo largo de su filmografía, los films de Guillermo del Toro destacan principalmente por su gran trabajo artístico, creando una atmósfera y estética propia, tanto en el departamento de arte como en el de vestuario. Guillermo del Toro logró juntar a su...

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Suburbicon: George Clooney haciendo de hermano Coen
Sep03

Suburbicon: George Clooney haciendo de hermano Coen

George Clooney ha presentado en la 74 edición del Festival de Venecia su último film, Suburbicon,  que llevaba gestando ya desde hacía más de dos años. El proyecto nació inicialmente sobre la idea del evento sucedido en EUU, en Levittown, Pennsylvania, en los años 50, cuando en una zona residencial acudió a vivir una familia afroamericana, y en la misma noche en que llegaron se reunieron 500 personas en frente de su vivienda con banderas confederadas y con gritos racistas, construyendo un muro a su alrededor. Durante la escritura del guión junto a Heslov alrededor de esta idea, George Clooney recordó un guión de los hermanos Coen de hacía más de 20 años, que había quedado en un cajón. Se trataba de un guión con tema similar a los de Fargo o Quemar después de leer, con personajes insalvables tomando malas decisiones. Los Coen descartaron filmar ellos mismos el guión al querer avanzar hacia otros terrenos cinematográficos. Clooney vio factible adaptar el guión a los años 50 añadiendo los sucesos de Levittown, con la idea de darle además un toque todavía más enfadado al del guión original. Suburbicon destaca por su buena adaptación de los años 50 en los EEUU, donde lo mejor y lo peor de la humanidad queda reflejado en la gente ordinaria. Clooney ha reunido para ello un equipo creativo de alto nivel en todas las áreas, destacando la fotografía por parte de Robert Elswit y las partituras de Alexandre Desplat que cobran protagonismo en partes del film. En esta década posterior a la Segunda Guerra Mundial, la clase media norteamericana estaba en proceso de trasladarse a las zonas residenciales prefabricadas en casas asequibles en comunidades reducidas. Para muchos, este Sueño Americano de poseer una casa propia, con parking y jardín, empezaba a convertirse en realidad. Pero como matizó George Clooney en la rueda de prensa, esta realidad de los años 50 era posible solamente si eras blanco. Es de hecho la época a la que hace siempre referencia el actual presidente Trump en sus rancios discursos de Make America Great Again, aludiendo a la época de Eisenhower. Época, en la que Trump tenía la edad del niño protagonista. Aunque el proyecto nació antes de que Trump se convirtiera en presidente, el film ha terminado siendo idóneo para hacer metáforas y reflexiones alrededor del discurso de Trump. George Clooney no desaprovecha la ocasión para hacer política en sus films. De izquierda a derecha: Julianne Moore como Margaret y Matt Damon como Gardner en Suburbicon, de Paramount Pictures y Black Bear Pictures. Se trata de un film en el que la violencia va escalando lentamente, hasta llegar a un desenfreno total tarantiniano, con grandes dosis...

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Golpe en la pequeña China: Yo para ser feliz quiero un camión
Ago29

Golpe en la pequeña China: Yo para ser feliz quiero un camión

Hay una máxima que jamás falla en el cine de acción moderno, aunque me tomo ciertas licencias al considerar moderna una película de hace 30 años, así que llamémosla contemporánea. Si lo que de verdad buscas es vivir una gran aventura, escoge al tipo menos indicado para dar el pego como héroe -tal vez un gañán sin educación ni modales al que nunca presentarías en sociedad- y mételo en el lugar equivocado, en el momento menos oportuno, hasta que la arme gorda o se monte el guirigay. La única explicación para que me guste una comedia de acción tan peculiar como Golpe en la Pequeña China responde tanto a su condición confesa de broma ochentera -hay pocas películas que sean tan hijas de su época- como a la imperiosa necesidad que el director de Halloween y La Cosa pudo sentir a mediados de esa década de pasárselo bien haciéndoselo pasar bien a los demás, delegando el guión mas zumbón que jamás haya filmado en Gary Goldman y David Weinstein, sin dejar más recovecos para el terror que la grimosa -y alucinante- caracterización de James Hong como el hechicero Lo Pan, un villano con más sombra de ojos que Michael Knight maquillándose para salir en Nochevieja y unas garras extralargas que harían que José Mojica Marins parezca recién salido de la manicura. Jack Burton (Kurt Russell) es un camionero buscavidas que, tras ganar una apuesta en el barrio de Chinatown, acompañará a su viejo amigo Wang (Dennis Dun) hasta el aeropuerto para recoger a su prometida Miao Yin (Suzee Pai). Por el camino, Jack , Wang y la periodista Gracie Law (Kim Cattrall) se toparán accidentalmente con una batalla campal entre clanes rivales y unos seres sobrenaturales que podría desencadenar el fin del mundo. Golpe en la Pequeña China (1986, John Carpenter) es una parada obligatoria para los fans del Kurt Russell más autoparódico y entregado -tenía fiebre durante el rodaje, motivo de su constante sudor-, los mismos que creen que Kim Cattrall molaba mucho más en la trilogía freak-ochentera integrada por ésta, Porky’s (1982, Bob Clark) y Loca Academia de Policia (1984, Hugh Wilson) que en aquel peñazo televisivo sobre unas pijas neoyorkinas de finales de los 90, para los amantes del folklore fantástico y las historias chinas de fantasmas -a poder ser producidas por Tsui Hark– trufadas de peleas sin sentido entre guerreros espectrales que lanzan rayos por los dedos y se hinchan como un pez globo antes de explotar, y para aquellos a los que todavía les hace ilusión abrir una galletita de la fortuna sólo para leer lo que pone dentro. Porque Golpe en la Pequeña...

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Verónica: Paco Plaza nos envía al infierno
Ago26

Verónica: Paco Plaza nos envía al infierno

Con franqueza, ya había perdido la esperanza de que, a estas alturas, se estrenara una nueva película de terror capaz de ponerme los pelos de punta, jugando dentro de la misma liga cualitativa que El Exorcista (1973, William Friedkin) o El Sexto Sentido (1999, M. Night Shyamalan), y más aún en un género casi tan desgastado como el de los zombies: los relatos sobre fenómenos sobrenaturales y posesiones demoníacas. Menos imaginé todavía que tan grata irrupción provendría de una de las últimas aportaciónes al género del horror, que como dije hace no mucho, ya únicamente parece aspirar a distraernos con una clara vocación de entretenimiento. Dicho esto con la única excepción a la regla de los films realizados -individual o conjuntamente- por Jaume Balagueró y Paco Plaza. O casi todos. Habría que correr un tupido velo de vergüenza sobre la innecesaria Rec 4: Apocalipsis o la alimenticia -y endeble- OT: La Película. Al margen de lecturas sobre la remarcada habilidad de Plaza para envolverte en una atmósfera siniestra, su facilidad para pintar con naturalidad cualquier fresco costumbrista sobre situaciones cotidianas y de la vida familiar deja en evidencia a la mayoría de esos nuevos autores que dicen estar adscritos a un cine más social. Lo que ocurre en Verónica es lo que yo llamo penetrar, hasta las entrañas, dentro de un hogar de clase media baja español. Y eso, no lo olvidemos, hablando de la que aparentemente es una simple cinta de terror. Plaza mata además dos pajaros de un tiro: recrea como pocos lo habían hecho antes esa sensación de vacío e intimidad que invade a un adolescente mientras escucha su música favorita, en la oscuridad de su cuarto, tirado en la cama, y de paso, crea a partir de ese instante la que desde hoy será una de las secuencias de terror más sobresalientes en la historia del miedo patrio. Hay demasiadas cosas que me gustaría revelar sobre Verónica, y que no os diré para no chafaros la experiencia, así que me conformaré con dejaros caer que Paco Plaza sabe sacar tanto rendimiento de sus actores infantiles o un televisor encendido a medianoche como Narciso Ibáñez Serrador (¿Quién puede matar a un niño?, 1976) o el propio Steven Spielberg (Poltergeist, 1982). El partido que Plaza pueda extraer también, para meternos más miedo, del tema Hechizo de Héroes del Silencio o las cuñas publicitarias de un conocido producto de limpieza, me lo guardo para quienes ya la hayan visto. Ese bonus extra es cosecha del director, y no existe influencia alguna. En opinión de este servidor que escribe, el realizador valenciano sigue siendo uno de los activos más valiosos tras la cámara,...

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Dunkerque: Nolan golpea a sus haters por tierra, mar y aire
Jul26

Dunkerque: Nolan golpea a sus haters por tierra, mar y aire

Al principio, cuando escuchas disertar a Christopher Nolan sobre su visión de una buena historia, su minuciosa manera de exprimir cada plano y recrearse en cada línea de diálogo, cuesta distinguir entre la pose pretenciosa empleada por algunos ‘grandes directores’ de nueva hornada y la verdadera pasión por el oficio de contar historias que este señor demuestra en su décimo largometraje. Y puede que el empujón que el realizador de Memento necesitaba para reivindicarse frente a otros ídolos de barro, igual que el grano se separa de la paja, fuese encontrar la excusa para poder construir un relato a la altura de sus pretensiones. Tom Hardy es Farrier Dunkirk (2017, Christopher Nolan) prescinde del mayor escollo de la irregular trilogía del caballero con leotardos de kevlar: la mediocridad dialéctica de David Goyer y el exceso de metraje. Sus ajustados 107 minutos no dan tregua a más discurso que el de llevar a buen puerto una superproducción bélica con aroma clásico. No hay casi diálogos, salvo que sean necesarios. Sólo explosiones, el zumbido de las avionetas, el compás metálico y mortuorio instrumentado por Hans Zimmer durante los ataques aéreos alemanes, y la desesperación ciega de los soldados británicos -y franceses- tratando de salvar el pellejo. Kenneth Branagh es el Comandante Bolton No existen más ataduras narrativas que la plasmación de lo sucedido hace más de 70 años en las playas de Dunkerque, en un metraje que -y pensé que jamás diría esto de una cinta de Nolan– se hace demasiado corto. Dunkirk es la cúspide artística del realizador inglés, y una demostración práctica de cómo hacer cine a lo grande como no la verás en ninguna superproducción reciente. Mark Rylance es Mr. Dawson Hará cosa de unos dias leí a alguien decir que los haters de Nolan -entre los que me incluía hasta hace relativamente poco- tienen un problema. No podría estar más de acuerdo con esa afirmación. Aunque eso para mí, por suerte, ya es agua...

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Selfie: Entre pijos anda el juego
Jul13

Selfie: Entre pijos anda el juego

Imaginemos por un instante que el modelo narrativo de la burda -e inofensiva- Project X (2012, Nima Nourizadeh) fuese empleado con una vocación abiertamente agitadora, tratando de airear las miserias morales tanto del núcleo duro de las juventudes de izquierdas como de los ambientes más elitistas y excluyentes donde se juntan los pijos de derechas. Ahora echemos más leña al fuego, y hagamos que el hijo de un miembro de la oligarquía corrupta de nuestro país se muestre tal y como es, en su estado natural de orgullosa inopia, satisfecho de su idiotez, y arranquémoslo de su zona de confort, despojándolo de sus amigos, de su estatus social, de su dinero, de sus privilegios sociales y, en definitiva, todo lo que da sentido a su vida. Mi padre no tiene más dinero que una persona normal… Una vez lo ha perdido todo, supongamos que Bosco (Santiago Alverú) corre la misma suerte que Louis Winthorpe (Dan Aykroyd) en Entre pillos anda el juego (1983, John Landis) y que, tras ser repudiado por los suyos, se ve obligado a pedir ayuda a quienes hasta hace poco consideraba unos desechos sociales. Solamente hay que cambiar a la chusca prostituta callejera con la cara de Jamie Lee Curtis por una adorable -y samaritana- profesora ciega (Macarena Sanz) que, además de trabajar como voluntaria social, milita en Podemos. Y sí, ella también terminará enamorándose de él. Javier Carramiñana, Macarena Sanz y Santiago Alverú, un triángulo político y… ¿sexual? Lo que distingue a la tercera pelicula de Victor García León de la última gran comedia que dirigió John Landis es que, además de remover la mierda de la estirpe burguesa tradicional, rebota como una sonora bofetada contra el postureo progresista ejercido por algunos sujetos de la clase media que desean lavar su conciencia neoliberal. Selfie destila la misma mala uva que aquel Vete de mí (2006, Victor García León) -su anterior trabajo- en el que Juan Diego y Juan Diego Botto casi se sacaban los ojos, solo que esta vez el director echa mucha menos mano del pesimismo azconiano y se decanta por un humor manifiestamente cruel emparentado con el de Seth McFarlane, logrando que ese tono políticamente incorrecto -que aquí nos llega con cuentagotas- sea el mayor reclamo de este falso documental. Eso y que nunca debe desaprovecharse cada nueva oportunidad de descubrir a Macarena Sanz -mucho más templada que en la crispante Las Furias (2016, Miguel del Arco)-, probablemente la actriz más destacable en la ultimísima hornada de nuevos talentos en el cine español. Ella vota a Podemos. Él al PP. ¿El amor es ciego? Selfie (2017, Victor García León) no es sólo la mejor...

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Depredador: Si sangra, podemos matarlo
Jul11

Depredador: Si sangra, podemos matarlo

El cine fantástico de los 80 vivió una fase muy específica en la que, tal y como hoy tratamos de recuperar la nostalgia de lo que se vivió hace tres décadas, entonces se logró trasladar con éxito -pero no muy prolongado- la temática predilecta del género en los años 50: las invasiones extraterrestres. John Carpenter, Tobe Hooper, Chuck Russell, Fred Dekker o Jack Sholder cumplieron con su cuota de escabechinas alienígenas. ¡Eres una preciosidad! Pero la idea revolucionaria brotó de la cabeza de Joel Silver y John McTiernan a raíz de una broma que se extendió por todo Hollywood en la que se sopesaba la posibilidad de que Rocky Balboa, a falta de más rivales con los que enfrentarse en la tierra, tuviese que vérselas con un contrincante de otro planeta. Sobra decir que el potro italiano jamás se planteó calzarse las botas de matamarcianos, pero ¿y si cualquier otro de los héroes testosterónicos del cine de la época se enfrentase a una amenaza del espacio exterior? Pongamos que hablo de John Matrix, el ex-coronel de las Fuerzas Especiales en Commando (1985, Mark L. Lester). O casi. Sin sofisticadas armas futuristas, ni avanzados trajes de combate o batallas épicas con naves espaciales: Arnold Schwarzenegger contra un cazador de otro mundo, así como suena. La fuerza bruta del roble austriaco contra un gigante invisible que dispara rayos láser y despelleja a sus rivales. El nuevo cine de entretenimiento por aquel entonces –basado en el añejo espíritu sci-fi de tiempos pretéritos– contra la vieja fórmula de ‘ganará el que dé las hostias más gordas’. El hombre contra la bestia… El Mayor Dutch Schaeffer (Arnold Schwarzenegger) y su equipo son reclutados por su ex-compañero George Dillon (Carl Weathers), de la Agencia Central de Inteligencia, para efectuar una misión de rescate en la selva de América Central tras perder la comunicación con uno de sus helicópteros. Cuando atraviesen la jungla descubrirán que no luchan contra hombres, sino contra un depredador humanoide -interpretado por Kevin Peter Hall, en sustitución de Jean Claude Van Damme– que intenta matarlos uno a uno. Jean Claude Van Damme, antes de abandonar el rodaje, junto a Carl Weathers. Hay una secuencia de Depredador (1987, John McTiernan) deliberadamente concebida para entender que las pelis de marcianos y otra del Schwarzenegger son conceptos que caben dentro del mismo pack, y es cuando el Mayor Dutch Schaeffer afirma rotundo ‘si sangra, podemos matarlo’. De esa dualidad nace precisamente la magnitud de éste el mejor trabajo de John McTiernan -junto a las películas que realizó para la franquicia Die Hard-, y eso es lo que además hace que Predator sea la cinta más recordada...

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Okja: el precio de la carne
Jul05

Okja: el precio de la carne

Bong Joon-ho vuelve a la carga con Okja, una de las apuestas fuertes de Netflix en su misión por potenciar la oferta de productos propios. El que es uno de los directores surcoreanos del momento, que ya nos regaló joyitas como The Host o la espectacular e imprescindible Memories of murder, sigue con su marcada tendencia de denunciar los males (o lo que él entiende como males) de nuestra sociedad, siendo en esta ocasión la cada vez más cuestionada producción cárnica. Lamentablemente, es probable que la controversia que causó en su presentación oficial en el el festival de Cannes termine siendo más sonora que el propio mensaje de la película. Okja opta por un tono satírico para dibujar a la mayoría de personajes, siendo esa misma sátira uno de los principales problemas del filme. Nadie puede negar la categoría y aptitudes de actores como Jake Gyllenhaal o Tilda Swinton, por citar un par, pero sus papeles se ven tan distorsionados y llevados al extremo que terminan chocando con el propio tono de la obra, por momentos resultando difícil encontrar el punto de conciliación entre la historia y aquellos que la viven. Ese histrionismo intencionado va en contra del objetivo de presentar un problema tan real como la vida misma, y en ocasiones puede hacernos cuestionar si lo que estamos viendo es una denuncia o una parodia de dicha denuncia. Se entiende que la caricaturización se utiliza en este caso como recurso para suavizar el relato y convertirlo en algo más digerible, pero al tratarse de un tema un tanto delicado como éste, tal vez un acercamiento más fino habría sido de mayor efectividad a la hora transmitir ese mensaje de necesidad de cambio. Donde sí acierta de lleno es a la hora de dibujar la relación que tienen hoy en día las grandes empresas con sus clientes, apostando en en la gran mayoría de ocasiones por ese buenrollismo en las redes sociales y publicidad que no siempre termina de cuajar. Demonios, solo hace falta echar un vistazo a la cuenta de Twitter de la Guardia Civil para entender de qué estamos hablando. Sí, te echas unas risas, pero sabes que en el fondo eso no es más que un espejismo, un engaño. Sano, tal vez, pero un engaño al fin y al cabo. Tampoco se esconde Okja de mostrar los horrores que se encuentran detrás de la industria cárnica, siendo éste el otro gran punto a favor y lo que sostiene toda la producción. Hoy en día no son pocos los que prefieren echar la vista hacia un lado o utilizar excusas como “pero es que es lo que hay”, por lo que resulta necesario que...

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«Cartas de la guerra»: un poético alegato antibélico
Jun30

«Cartas de la guerra»: un poético alegato antibélico

Cartas de la guerra llega a nuestros cines tras ser la gran revelación del año en los Premios Sophia -galardones que otorga la Academia de Cine de Portugal equivalentes a nuestros Goya- al obtener nueve de sus estatuillas: mejor película, director, guion adaptado, fotografía, montaje, dirección artística, maquillaje/peluquería, sonido y vestuario. La película del joven director portugués, Ivo M. Ferreira, invita al espectador a experimentar una película antibélica bastante distinta al resto, sustentada en la poesía, el intercambio de cartas narradas con voz en off, y con una belleza y estilo visual similar al de Terrence Malick pero buscando mayor abstracción con una portentosa fotografía en blanco y negro, realizada por parte de Joao Ribeiro. Sustenta su mensaje antibélico no mostrando la violencia de la guerra, sino haciendo todo lo contrario, plasmando con sobrecogedoras imágenes precisamente la antítesis de la guerra: la gran belleza de la naturaleza y los agradables momentos de paz y tranquilidad. Pudiendo disfrutar de esto, ¿qué sentido tiene la guerra? “Esta guerra nos convierte a todos en insectos, que luchan por la supervivencia…” escribe el joven médico militar António en una de sus cartas a su mujer embarazada en Portugal, durante la guerra colonial portuguesa en Angola, en enero de 1971. Son palabras de dolor y sinceridad, que contienen a su vez una profunda melancolía para con su querida y su bebe que está a punto de nacer. En sus constantes cartas, leídas por su mujer, António realiza un boceto del día a día en territorio desconocido: el progresivo descubrimiento de la fascinante naturaleza, los encuentros con los nativos, el cuidado de una niña huérfana, y nos hace cómplices de sus sentimientos y pensamientos. Pero inevitablemente, también hay momentos en los que la guerra muestra su verdadera cara. La conjunción de las imágenes y las voces en off son los dos principales elementos en los que se sustenta el film, que si bien podría haber tenido un hilo conductor más elaborado, logra defenderse por si sola. Cartas da guerra resulta en cualquier caso una película muy interesante, en el cual se combina realidad y ficción por parte de Ivo M. Ferreira, adaptando la novela de António Lobo Antunes e incluyendo las cartas auténticas que envió él mismo durante su estancia en la guerra de Angola. Gracias a su hipnótica fotografía, el director portugués nos regala un lírico ensayo, en el cual las imágenes y las notas del médico militar logran crear una atmósfera muy especial. Cartas da guerra es un importante nuevo alegato poético contra la guerra, y una experiencia cinematográfica fuerte y...

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Wonder Woman: Dios salve a la reina
Jun24

Wonder Woman: Dios salve a la reina

A estas alturas ya todos sabemos cómo funcionan las películas de “origen del superhéroe”. Un individuo posee u obtiene de forma inesperada habilidades extraordinarias que no sabe manejar, ni qué objetivo persiguen. Es absolutamente desconocedor de sus propios límites hasta que un día ocurre un suceso X que le obliga a darse a conocer al mundo, salvar a todos derrotando al villano de turno y dejando algún mensaje final del estilo “el amor/la esperanza puede conquistar al mundo”. Wonder Woman es precisamente esa clase de película. Una como tantas otras desde el punto de vista narrativo y estructural pero con una pequeña diferencia: tal vez estamos ante el mejor “origen” desde la ya lejana Superman de Richard Donner. El largometraje no se anda con rodeos. Patty Jenkins sabía el tipo de producto que estaba realizando y en ningún momento esconde sus cartas: ésto es un relato sobre los primeros pasos de una superheroína. Esa simplicidad juega a su favor, y es que la directora de Monster sabe perfectamente que lo que saca adelante estas películas no es su historia, sino sus personajes y la relación entre ellos. La cosa es simple: hay una guerra en curso a la que debemos poner punto y final; hay un supervillano al que derrotar. Nada más, nada menos. Lo que sucede entre medias es lo que verdaderamente tiene relevancia, y ese “entre medias” es, simplemente, maravilloso. Gal Gadot es la estrella de este gran espectáculo. La actriz israelita, de la que muchos dudaban (y con cierta razón), consigue insuflar vida, fuerza y carisma el personaje de Diana. Las muestras de amor y heroicidad iluminan el rostro de hasta el más agrio de los espectadores; una interpretación magnífica que, sí, recuerda, y  mucho, al Superman de Christopher Reeve. En un género poblado en su mayoría por hombres hipertrofiados capaces de romper huesos con la mirada, resulta revitalizante que su sonrisa termine siendo el arma más poderosa de todas. No menos estupendo está Chris Pine en su papel de Steve Trevor, que hace de guía de la princesa de Themyscira en un mundo gris y totalmente desconocido para nuestra heroína. Los pequeños momentos en los que Diana aprende lo que es el mundo humano resultan adorables y enternecedores. Breves secuencias que no solo enseñan a la guerrera amazona las bondades del mundo mortal, sino que nos recuerda a nosotros mismos que, incluso en nuestros momentos más oscuros, este es un mundo por el que vale la pena luchar. Es cierto que el primer tercio de la película resulta un tanto lento, pero esa lentitud es necesaria para poder dejar de lado cuanto antes la lección de historia tan necesaria que nos permite entender...

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‘Selfie’: Larga vida al ‘mockumentary’ (**)
Jun16

‘Selfie’: Larga vida al ‘mockumentary’ (**)

A un consentido niño bien se le saca de su hábitat para bajarlo al mundo que se extiende más allá de su ombligo, seguido por una intrusiva cámara que registra sus desventuras, y todo el mundo nos hemos puesto a pensar en Sacha Baron Cohen con un bañador verde. No es para menos. A mí, sin embargo, me ha recordado más a El dictador que a Borat, por aquello de ser un cuento acerca de un acomodado despreciable al que las circunstancias obligan a bajarse de la parra (en este caso, la detención de su padre, ministro acusado de una veintena de delitos fiscales) y que, confundiéndose entre la ciudadanía de a pie, acaba encaprichándose de una chavala (mejor Macarena Sanz que Anna Faris, todo sea dicho) a quien engaña cruel y constantemente. A fin de cuentas, Selfie acaba por convertirse más en esto último que en lo que pretendía: una punzante mirada hacia la “subnormalidad política” y la esperpéntica realidad de este absurdo país, que ninguna ficción parece ser capaz de igualar. Bosco resulta ridículamente despreciable desde el minuto uno hasta el plano final, pero no es consciente de ello. Peca de clasista, de machista, de poser, de prepotente, de malcriado, de farsante… Al menos, el actor Santiago Alverú parece estar pasándoselo de coña con él. En cuanto se lanza a la calle después de que le embarguen su opulenta casa, recibe la ayuda de Macarena, una podemita ciega a la que incomprensiblemente conquista (declara la actriz, animus iocandi, que no sabe cómo su personaje se enamora de ese ser). Esto alimentará el resentimiento del pobre “buen chico” con el que debe compartir piso, Ramón (Javier Caramiñana). Supuestamente, Macarena representa a una España ciega, desorientada y por la que compiten la izquierda y la derecha, esta última consiguiendo camelársela y, por supuesto, tratándola fatal. Una vez establecido el símbolo, la comedia pierde gran parte de su encanto y, al menos por un lado, reproduce la fórmula del duelo de sables y la mujer como territorio de conquista. Esto no es incoherente con el resto de la propuesta, pero fagocita y agota la sátira. El propio director dio cuenta de la facilidad con la que se desgasta el formato “falso documental” si se abusa de él. Yo incluso añadiría que ya está agotado y punto. Aunque el punto de partida de Selfie es interesante, me ha parecido desaprovechado y poco convincente, pero quizá solamente estaba a una reescritura de ser una comedia memorable. Aun así, me quedo con la impresión de que fue un proyecto ilusionante. ¡No todos los días puede uno asomarse de estrangis en la charca de Esperanza Aguirre!...

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Los exámenes (Bacalaureat): Cuando Cristian Mungiu demostró hasta dónde se puede llegar por una nota
Jun15

Los exámenes (Bacalaureat): Cuando Cristian Mungiu demostró hasta dónde se puede llegar por una nota

En estas semanas de preocupación general para los más jóvenes, cuando el calor ya empieza a apretar, donde las sobredosis de valeriana para calmar los nervios crecen, donde se apelotonan las montañas de lápices y bolígrafos más roídos que los vaqueros de algunas quinceañeras, donde las acciones de las empresas de pósits y fosforitos se multiplican, donde se pasa más tiempo solo o mal acompañado echando codos hasta las tantas, y donde se oyen más plegarias que en Semana Santa a todos los dioses del mundo habidos y por haber para aprobar; en estas semanas, la angustia por los exámenes finales para unos o la selectividad para otros parece generar un sentimiento unánime de pesar que no se ve ni en un maratón de pelis de Bergman. (Eso sí, una vez pasadas esas semanas, las botellas de bares y discotecas se quedan más vacías que los embalses de media España) Y aunque la vida, el futuro y el dinero nos vaya en ello, poco se puede comparar con el despliegue que hizo el director Cristian Mungiu en uno de los títulos europeos clave el año pasado. Si algo tiene el realizador rumano, es que como todos los autores del este de Europa nos da una patada bien dada en los cojones a la hora hablar de dramas y pobreza. Cada vez que uno piensa en lo mal que estamos y mira la visión de estos directores sobre su entorno, la sacudida es mayúscula y nos gritan que en la Europa occidental aún no sabemos qué significa no tener absolutamente nada y luchar por algo hasta la extenuación. O eso, o que no sabemos plasmarlo y caemos en el ridículo cuando lo intentamos. Porque a partir de una simple tontería como pudiera parecer el que un padre haga lo imposible para que su hija saque la nota máxima en la selectividad y pueda largarse al extranjero para obtener un futuro mejor, Mungiu construye un gran retrato social muy crítico con su país y sus habitantes, una película que termina siendo más de suspense e intriga que otra cosa, donde el rumano una vez más no deja títere con cabeza a base de una dirección siempre magistral y donde los pequeños espacios devienen por momentos asfixiantes. Mungiu no se arruga y eso siempre es de agradecer. Pero su elegancia y el modo en el que conduce la historia son aun más admirables. El rumano además sigue siendo uno de los mejores moviendo la cámara en espacios en apariencia muy cerrados, desde pisos pequeños o habitaciones minúsculas hasta pasillos de hospital; y sigue demostrando cierto gusto en alargar hasta la extenuación situaciones...

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