Star Wars, The Last Jedi: El último vuelo de Carrie Fisher
Ene06

Star Wars, The Last Jedi: El último vuelo de Carrie Fisher

Esta nueva franquicia galáctica orquestada por Rian Johnson o J. J. Abrams -ambos se calentarán la silla del director en futuras entregas- o quien quiera que Disney desee hacernos creer que maneja el cotarro además de Kathleen Kennedy y Lawrence Kasdan, parece condenada a repetir el patrón de su más ilustre predecesora. Si en ‘El Despertar de la Fuerza’ (2015) Abrams recuperó el tono primigenio de cuento de aventuras donde un grupo de amigos unían fuerzas para liderar la resistencia frente a un lider perverso, tomando como patrón a ‘La Guerra de las Galaxias’ (1977, George Lucas), esta vez, al igual que en ‘El Imperio Contraataca’ (1980, Irvin Kershner) ese mismo núcleo protagonista se divide de nuevo en distintas tramas paralelas, y algunas de ellas -la de la chatarrera Rey- serán idénticas a las vividas por sus homólogos en el clásico de Kershner. La lectura complaciente de esta tercera trilogía sería admitir que, asemejándose más a las películas originales, los nuevos episodios toman distancia de los tostonazos dirigidos por George Lucas hace aproximadamente 15 años, y ansían reavivar la chispa de la que en su día fue la franquicia cinematográfica más entretenida de todos los tiempos, solo que hoy se ha transformado en la más innecesariamente alargada -honor que comparte con las de Star Trek y 007-. A la sensación de deja vu constante provocada además por un batiburrillo de secuencias y diálogos extraídos sin pudor ni disimulo de los momentos más memorables que dió ‘El Retorno del Jedi’ (1983, Richard Marquand), se suma la falta de empatía que todavía siguen inspirándome Rey, Finn y Poe Dameron. Como en el capítulo predecesor, los más nostálgicos se verán empujados a las salas para volver a escuchar la sintonía de John Williams -al pie del cañón, como siempre- con un sonido atronador y esperar expectantes a que algún miembro de la vieja guardia haga acto de presencia. En esta ocasión, son Mark Hamill, Carrie Fisher, Anthony Daniels y Frank Oz quienes toman el relevo jubilar a Harrison Ford, y desde luego cada segundo con ellos vale más que todas las secuencias de batallas espaciales donde no aparecen. ¿Pero qué sentido tiene querer renovar la marca Star Wars, reciclarla para una nueva generación, si tu principal gancho siguen siendo los minutos arañados por las mismas caras de hace 40 años? En eso consiste la nostalgia, supongo. Pero para mí con eso ya no...

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Thor Ragnarok: Los dioses deben estar locos
Dic17

Thor Ragnarok: Los dioses deben estar locos

A ‘Thor: Ragnarok‘ (2017, Taika Waititi) no le basta con ser la mejor de las aventuras del hijo de Odín lejos de los Vengadores, sino que directamente juega en otra liga, pertenece a otra galaxia, tan lejana de sus predecesoras como la distancia que separa al reino de Asgard de la Tierra. Para su quinto largometraje, Taika Waititi y el director de fotografía Javier Aguirresarobe -con algunos títulos más en su haber- lo han tenido claro. El objetivo era emular lo más fidedignamente el tono vívido y colorista de las viñetas de Jack Kirby e impregnarlo del espíritu cachondo de ‘Flash Gordon’ (1980, Mike Hodges) bajo la apariencia de un blockbuster de gran presupuesto. Waititi se desentiende de ese lastre de profundidad épica e inútil que cada vez va dejándose más de lado en el cine de superhéroes, y se libera de complejos para presentarnos la tercera entrega en solitario del dios del trueno como lo que siempre debió ser, un pasatiempo atronador, lúdico y divertido. O dicho de otra manera, un comic. El Ragnarok se acerca, y a Asgard le queda muy poco tiempo. Hela (Cate Blanchett), la hermana primogénita de Thor (Chris Hemsworth) y Loki (Tom Hiddleston), regresa además de su letargo para reclamar el trono y desterrarlos a ambos a un planeta donde deberán sobrevivir, cada uno a su manera, al menos hasta que unan sus fuerzas para recuperar el reino con la ayuda de Bruce Banner / Hulk (Mark Ruffalo) y Valquiria (Tessa Thompson). Hay pocos ejemplos en el universo cinemático de Marvel -entre ellos el de James Gunn, claro- y en el de cualquiera de las adaptaciones de tebeos en general, donde la personalidad del autor prevalezca tanto como aquí, pero en efecto, al director de ‘Lo que hacemos en las sombras’ (2014, Taika Waititi) le han dado carta blanca para desplegar todo el sentido del humor que derrochó en la que muchos consideran ya una película de culto. Ojalá sigan proliferando estos generosos pildorazos de socarronería marvelita -lo digo en plural, porque ya son tres en lo que va de año- en el género superheroico, más malos malísimos disfrazados (y sin miedo al ridículo) como la endiabladamente cornuda Cate Blanchett que, esta vez sí, logra ser la villana de un blockbuster decente, y tal vez, crucemos los dedos para que Odín oiga mis súplicas, llegue el día en que Jeff Goldblum pueda colarse en todas las películas que se rueden en cualquier punto del planeta. No pido tanto, ¿a que no?...

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The VVitch, a New-England folktale, cuando el terror es subjetivo
Dic17

The VVitch, a New-England folktale, cuando el terror es subjetivo

Me gusta mucho el cine. He visto casi todos los géneros, algunos me gustan más, otros menos. Pero he visto mucho cine y más des del 2000. Voy al cine casi dos veces al mes. Me fijo la cartelera y escojo una. No busco especialmente obras de arte, prefiero encontrármelas. Tengo mis actores, mis actrices y directores que suelo seguir. Tengo mis gustos, y el terror no entra en mis preferencias pero he visto algunas últimamente que he sabido cogerle el gusto, por su historia. Pero cuando la historia está envuelta por un ser sobrenatural, que es algo que me fascina, pues… termina por gustarme. Una de ellas se estrenó hace meses basado en una historia de Stephen King. Pero no voy a hablar de ella. Voy a hablar de una que se estrenó hace dos años y que con solo ver el tráiler ya me interesó mucho, por ser muy diferente de las que he visto de este género. The VVitch, estilizado de esta manera, es la película que me voy centrar. Se basa en un cuento de Nueva Inglaterra sobre brujas a mediados del siglo XVII. La historia cuenta como una familia es expulsada de una comunidad puritana por su interpretación de las sagradas escrituras y se ve obligada a vivir lejos, en medio del bosque. Se construyen su granja viviendo de sus principios religiosos. La familia consta de William, el padre, su esposa Katherine, su hija mayor Thomasin, su hijo Caleb y los mellizos benjamines Mercy y Jonas. Al cabo de un tiempo Katherine da a luz a Samuel, el quinto hijo. A las pocas semanas, mientras Thomasin juega con Samuel, este desaparece en un abrir y cerrar ojos. Caleb pide a su padre, William, el porqué no sé bautizó a Samuel, que responde vendió la copa de plata para poder comprar armas para cazar. Katherine culpa a su hija, Thomasin, por el extravío de la copa y la pérdida de Samuel. Al día siguiente de una discusión entre William y Katherine de enviar a Thomasin a servir a otra família, esta y su hermano Caleb salen de caza con el perro que sale tras la liebre. Caleb encuentra el perro después de haberse perdido completamente desmembrado y adentrándose al bosque encuentra una cabaña donde sale una bella mujer. Con otra discusión con su madre, William admite que fue el quién vendió la copa y la misma noche aparece Caleb desnudo y con una extraña enfermedad. A la mañana siguiente muere después de unas fuertes convulsiones y profesando su amor a Cristo. En medio de esto, los mellizos dicen que hablan con Black Phillip, el macho...

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Frankenstein en el siglo XXI: Recorrido histórico a las películas con experimentos científicos
Dic05

Frankenstein en el siglo XXI: Recorrido histórico a las películas con experimentos científicos

Las tres películas escogidas para el análisis son: El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931), La mosca (The Fly, David Cronenberg, 1986) y Splice: Experimento mortal (Splice, Vincenzo Natali, 2009). En estas obras cinematográficas se tratan temas comunes como la creación de criaturas/monstruos mediante experimentos científicos, el alcance de la tecnología y los peligros de su mal uso, la ingeniería genética, la búsqueda de la fama o la repercusión internacional, y la capacidad para imitar el poder de Dios (playing God). La primera de ellas, El doctor Frankenstein, forma parte de uno de los grandes clásicos que la Universal produjo en los años treinta, junto a otros monstruos míticos de la historia del cine como Drácula, el Hombre invisible, la Momia o el Hombre lobo. La historia se basa en la novela de Mary Shelley, publicada en 1818, y cuenta la aventura del doctor Henry Von Frankenstein, obcecado en crear vida humana, mutila y recoge fragmentos de cadáveres de un cementerio para construir un nuevo ser humano. El problema surge cuando el monstruo recibe por equivocación un cerebro de un antiguo criminal y eso provocará que este nuevo ser se comporte de manera agresiva y violenta. El género cinematográfico de este film estaría encasillado entre la Ciencia Ficción (mantiene el mismo argumento que la novela original), y el Terror (al principio de la película, un personaje anuncia que la obra puede horrorizar y asustar a los espectadores, por lo que si no quieren pasar un mal trago, pueden libremente abandonar la sala). Uno de los elementos más espectaculares y destacables del film es el maquillaje del monstruo que realizó Jack Pierce, el cual trabajaba más de cuatro horas diarias para conseguir el resultado final, tal como se observa en el aspecto de un irreconocible Boris Karloff (Grodensky, 2016). Como bien explica Beatriz Villacañas (2001) en relación al concepto creador-criatura, “El doctor Frankenstein será, como Dios, un creador. Pero la criatura a la que acaba de insuflar el principio de la vida —su descubrimiento secreto—, formada con restos de diferentes cadáveres humanos, no es hermosa como él había intentado hacerla, sino horripilante. Al contemplar al ser al que acaba de hacer vivir, el doctor huye horrorizado: aquí comenzará la persecución del creador por su criatura, del padre-dios por su hijo monstruoso. A partir de aquí se unirán ineludiblemente los destinos de ambos hasta tal punto, y esto es significativo, que en la imaginación popular el monstruo creado por Frankenstein será conocido como «Frankenstein»” (pág. 204). La mosca de David Cronenberg formaría parte de la nueva corriente que se estableció en Hollywood en la década de los setenta, en concreto, dentro...

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El autor: Se ha escrito un crimen
Dic02

El autor: Se ha escrito un crimen

Lo nuevo de Manuel Martín Cuenca (‘Caníbal’) se asoma, con una crudeza que asusta, a las cualidades más rastreras que habitan en todo ser humano, empleando aquí la peor de ellas, la mediocridad, como una enorme bola de nieve que continuamente genera desgracias. ‘El autor’ se recrea en la inanidad de un individuo sin suerte que piensa que desear tener algo es igual que tenerlo de verdad, y ese algo es el talento para escribir. La otra cara de esa misma moneda, descrita con mayor austeridad -bien por el desinterés que suscita su personaje, o por las limitaciones como actriz de María León-, es la de otra mujer creativamente hueca como él, pero a la que, sin embargo, el éxito profesional le ha sonreído, convirtiéndola en una conocida autora de literatura de consumo, lo cual la empuja a creer que realmente es buena en lo que hace. Que María León haya sido la escogida para interpretar a una persona que carga con esa contradicción, me parece una decisión de casting extremadamente coherente. Álvaro (Javier Gutiérrez) tiene un buen trabajo como notario, pero es un novelista frustrado, y vive ahogado tanto por el peso de la rutina como por el celo profesional que siente de su esposa Amanda (María León), una popular escritora de best-sellers. Cuando descubre que ella se acuesta con otro hombre, decide divorciarse y mudarse a otro barrio, más económico y asequible, habitado por familias de clase media, y allí buscará la inspiración necesaria para escribir su gran obra, transcribiendo al papel todo lo que les ocurra a sus vecinos, a los que no dudará en manipular, enfrentándolos y sonsacándoles información personal que utilizará en su futura novela. Martín Cuenca se empeña en mostrar las pequeñas miserias y vergüenzas del ecosistema que integran los habitantes de un bloque de apartamentos -una portera de patio cizañera y adúltera, un viejo fascista que esconde una fortuna en su casa y un matrimonio de emigrantes latinoamericanos-, describiendo a sus criaturas con el olfato certero de un voayeur que remite puntualmente, y con mucha menos liviandad, a la misma atmósfera cotidiana de ‘En un patio de París’ (2014, Pierre Salvadori). Porque si bien Álvaro/Javier Gutiérrez vive feliz recluido en su cápsula de ostracismo emocional -afín a la de Carlos/Antonio de la Torre en ‘Caníbal’, el anterior trabajo del director-, a éste las circunstancias le obligan a canalizar su sociopatía de un modo intrínseco, relacionándose con los individuos a los que aborrece para poder manejarlos a su antojo. Da la impresión de que, por momentos, pasamos de estar viendo una comedia negra que podría haber dirigido Michael Haneke a una delirante reformulación...

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Crudo: Desconfía de los veganos y de lo que oigas de esta película
Nov30

Crudo: Desconfía de los veganos y de lo que oigas de esta película

Crees que los veganos son gente peculiar y te da miedo decirlo; échale un vistazo a esta película. Crees que son gente que se toma las cosas muy en serio hasta límites extremistas y oculta algo; échale un vistazo a esta película. Has empezado hace poco la universidad y estás aún un poco asustado por el ambiente y por no encajar, o la empezarás próximamente y temes las pullas que te puedan caer si vas a una residencia de estudiantes; échale un vistazo a esta película. Si por el contrario te queda en una época muy lejana y quieres rememorar un tiempo de juergas y estudios y ligues (no tiene por qué ser en ese orden) donde has creado lagunas selectivas a base de borracheras para olvidar ciertos traumas o ciertas personas raras que conociste, échale un vistazo a esta película. Si crees que las relaciones familiares son complicadas y pueden ser negativas por la presión e influencia de padres y hermanos, échale un vistazo a esta película. Si tienes algún vicio secreto que no saben ni tus personas de mayor confianza y te da miedo seguir tus impulsos, échale de nuevo un vistazo a esta película. Échale un vistazo cuando puedas, sin prisas ni apuros, porque aunque esta cinta francesa pueda dejar indiferente a unos cuantos, la originalidad que destila y la ha convertido en una de las películas europeas del año bien merece un visionado. Y cuando la hayas visto, deja pasar el tiempo. Y después, cuando ya empieces a buscar todo de reseñas, comentarios, y críticas sobre esta cinta y en parte te olvides de ella, vuélvela a mirar, de nuevo sin prisa ni nada. Y entonces puede que la veas de otra forma, y el bombo que se le ha dado a este film adquiera cierto sentido ante la multitud de géneros que toca y por los que circula, descubriendo que abarca tantas cosas y de forma tan extraña que parece imposible elegir un formato como el que adopta la película. Estamos ante una cinta que, previo a su estreno en nuestras salas allá por marzo de este año, ya había dado mucho de qué hablar. Había sido una de las grandes triunfadoras en 2016 en Sitges, ganando nada menos que 3 premios. Pero lo chocante es que tratándose (como se suponía) de una película de miedo y gore adolescente, se había alzado antes en Cannes con el premio FIPRESCI Semana de la Crítica. Y la leyenda que había atraído a muchos cinéfilos y amantes del gore a las salas (asegurándose una buena publicidad internacional) era el supuesto impacto en el Festival de Cine de...

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Oro: La resurrección de Agustín Díaz Yanes
Nov18

Oro: La resurrección de Agustín Díaz Yanes

La invasión y colonización de las Indias fueron el Vietnam del extinto Imperio Español. Los propios Raúl Arevalo y Óscar Jaenada así lo han reconocido en numerosas ocasiones para promocionar el mejor trabajo de encargo realizado hasta la fecha por Agustín Díaz Yanes (‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto’). En consecuencia, Yanes aborda este episodio colonial como si se tratara de otra de las múltiples recreaciones sobre la derrota norteamericana, más de cuatro siglos después, en el país soberano del Sudeste Asiático. Las rencillas internas, el odio fraternal, las rivalidades personales provocadas por la segregación regional -en eso apenas hemos cambiado- y la traición por un botín (o por una mujer) se acrecentan por la fiebre y la desesperación de un atajo de cuatreros perdidos en mitad de la jungla, tanto o incluso más que en ‘Corazones de hierro’ (1989, Brian De Palma) o ‘Platoon’ (1986, Oliver Stone). Lo único que cambia aquí respecto al modelo previo es la ubicación histórica del relato y el amo al que sirven estos perros sin escrúpulos que buscan fama y fortuna en tierra de nadie porque no tienen nada que perder. ‘Oro’ (2017, Agustín Díaz Yanes) se acerca mucho menos a los terrenos del western que a cualquier otra jungle movie donde el peor enemigo de sus protagonistas no son aquellos a quienes someten, invaden o persiguen, sino sus propias almas corrompidas. Esto es cine de aventuras en su concepción más...

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The Room: ¿La peor película de la historia del cine?
Nov04

The Room: ¿La peor película de la historia del cine?

Vamos a ver, emm… ¿por dónde empiezo con esto? Hablar sobre ‘The Room’ desde un prisma estrictamente cinematográfico, sin caer en la mofa ni el chiste malo, es tan complejo como averiguar de dónde diablos sacó este emigrante polaco, cuyo nombre real es fruto de decenas de especulaciones, un montante de 6 millones de dólares para producir este maravilloso pedazo de mierda. ¿Es verdad que ganó semejante cantidad de dinero por la indemnización cobrada a un pez gordo de Hollywood tras un accidente de coche? ¿Lo ahorró con lo que ganaba vendiendo ropa interior y chaquetas de cuero importadas desde Corea del Sur? ¿Es posible que la filmación de ‘The Room’ sirviese para encubrir una operación de blanqueo de dinero, teniendo en cuenta que sólo recaudó 1.800 dólares en la taquilla americana? Sinceramente no me importa qué, cómo o cuándo lo hizo, pero este denominado artista del desastre, al que actoralmente describiría como si Harvey Keitel estuviese aquejado de parálisis facial tras sufrir un ictus, y cuya ópera prima es considerada ‘el Ciudadano Kane de las películas malas’, al final se salió con la suya y escribió, produjo, dirigió y protagonizó su propia película. Y James Franco no podría estarle más agradecido por ello, porque suya ha sido la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián a la Mejor Película por interpretarle y recrear la historia de su primer rodaje en ‘The Disaster Artist’ (2017, James Franco). ¿Alguna vez fantaseaste con la idea de ser actor o, solo delante del espejo, has imaginado cómo serían tus secuencias preferidas interpretadas por ti, recitando tus frases favoritas de la pantalla, creyendo que te derrumbas roto por el dolor, delante de la cámara, como si fueses el héroe de un drama romántico? Pues eso mismo es ‘The Room’, el fruto de la cabezonería y perseverancia de un pirado que un día dijo ‘¡quiero ser actor!’ y se dió el capricho de financiar su propia producción, llevándola a cabo con más ilusión y voluntad que auténtico talento. Johnny (Tommy Wiseau) es un exitoso banquero que vive en San Francisco con su novia, Lisa (Juliette Danielle), con la que planea casarse. Pero Lisa está secretamente enamorada de Mark (Greg Sestero), el mejor amigo de Johnny. Cada dia, mientras Johnny trabaja, Lisa mata las horas tumbada en el sofá, acostándose con Mark, recibiendo visitas de su madre y concertando citas entre una pareja de amigos a los que les gusta follar en el apartamento de Johnny sin ningún motivo aparente. Por el apartamento de Johnny pasa continuamente gente con la que Johnny queda para jugar a pasarse la pelota en la terraza, el...

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Yo, el Halcón: Menudo es mi padre
Oct21

Yo, el Halcón: Menudo es mi padre

Ni siquiera pienso adoptar una actitud benevolente, mirándola por encima del hombro, y etiquetar a ‘Yo, el Halcón’ (1987, Menahem Golan) como un placer culpable. Es larga, generosamente larga, la lista de películas chuscas, de esas que por su simpleza se presuponen erróneamente malas, que no me canso de volver a ver, una y otra vez. ‘Yo, el Halcón’ (1987, Menahem Golan) es una de esas chorradas incomprendidas. No me importa lo unidimensionales y telefílmicos que sean sus personajes: una madre enferma, un padre ausente y buscavidas que se ve forzado a ejercer como como tutor, el previsiblemente antagónico Robert Loggia tratando de separarle de su hijo y, por supuesto, un tierno lechón adolescente que aprenderá a querer a su progenitor y ver su belleza interior blablabla… Lincoln Hawk (Sylvester Stallone) es un camionero que trata de ganarse de nuevo el cariño de su hijo cuando, al enfermar gravemente su mujer, cumple su última voluntad de retomar el contacto con él. Hawk y el pequeño Michael (David Mendenhall) viajarán juntos hasta el Campeonato Internacional de Pulsos (¡!) que se celebra en Las Vegas, evitando las constantes intentonas de su abuelo (Robert Loggia) por separarles. Me quedo con la mejor parte en el más logrado (o el menos fallido) de los saltos a la dirección que efectuó el productor y guionista Menahem Golan y, generalmente, en todas aquellas majaderías testosterónicas que Sly protagonizó desde inicios de los 80 hasta bien entrada la década de los 90: la exaltación de la masculinidad encauzada hacia una ambiguedad remarcadamente gay, las continuas alusiones en sus diálogos a la filosofía de autoayuda y frases de superación personal, los montajes con secuencias dramáticas aderezadas con baladas de rock melódico y un buen puñado de secuencias grabadas a fuego en el paroxismo de la virilidad -esos gigantes monstruosos y sudorosos echando pulsos con la gorra vuelta del revés-. No puede decirse que este tipo de peliculas no se perpetraran con las ideas preclaras y unos objetivos honestos, y el que otros -entre los que no me incluyo- no comulguen con su acabado formal ya es harina de otro costal. A mí al menos no me avergüenza admitir que muchas de estas cintas -en VHS, por supuesto- forman parte del ADN de mi educación cinéfila tanto como las comedias mudas de Harold Lloyd, los vodeviles eróticos de Mariano Ozores o los más populares blockbusters producidos/dirigidos Steven Spielberg. Los 80 fueron lo que fueron, no le demos más...

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La Llamada: Los Javis inventan el catecismo transgresor, y les funciona
Oct13

La Llamada: Los Javis inventan el catecismo transgresor, y les funciona

Si me pusiera estupendo y tuviese que arrojar al cubo de la basura todas las películas, novelas, series de televisión y canciones de mi vida que supuestamente debo ignorar por tratar de venderme un mensaje religioso, creo que me vería obligado a borrar de un plumazo más de la mitad de mi lista de recuerdos. Porque en efecto ‘La Llamada’ es una película abiertamente religiosa, camuflada eso sí bajo un paraguas de rebeldía inocua, modernidad juvenil y brochazos de humor grueso emparentados con el primer Almodóvar o la dupla formada -también en el teatro- por la desaparecida Dunia Ayaso y Félix Sabroso. No son estos malos referentes para los debutantes (en el cine) Javier Ambrossi y Javier Calvo. La adaptación de su exitoso musical -que aún sigue girando, fuera incluso de nuestro continente- no trata de provocar a nadie, ni en sus intenciones es enteramente un cuento evangelizador, sino que simplemente trata de traducir su poco sutil moralina cristiana a un contexto más desairado y ligero, con intencionados guiños a la libertad sexual o el consumo de drogas entre los más jovenes. Macarena García es María. María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo) son dos adolescentes -ejem, ejem- que disfrutan de sus vacaciones en el campamento de verano cristiano ‘La Brújula’. Una noche, antes de escaparse juntas a un concierto de música electrolatina -a saber qué carajo significa eso- a María se le aparece Dios para cantarle ‘I Will Allways Love you’. Desde ese instante, las prioridades de María cambiarán de manera radical y se replanteará qué desea hacer con su vida. Richard Collins vuelve a interpretar a Dios, como en la obra de teatro original. El simpático número musical que comparten las monjitas Gracia Olayo y Belén Cuesta o la apoteósica explosión final de petardeo pop ejecutada por Macarena García y Anna Castillo sirven para encontrar el justo equilibrio entre la diversión desinhibida y la propaganda catequista. ‘La Llamada’ (2017, Javier Ambrossi & Javier Calvo) camina con seguridad, y sin miedo a caerse de culo, sobre una sólida línea que separa el grano de la paja, distinguiendo entre lo políticamente correcto -es decir, casi todo- y una tímida actitud transgresora tan, tan suave que ni siquiera requiere filtros de censura. Belén Cuesta y Gracia Olayo son las hermanas Bernarda y Milagros Los Javis -que así se hacen llamar ahora, por algún vericueto publicitario que desconozco- aprueban con nota alta en su intento de trasladar al cine la misma fórmula irreverente de su webserie ‘Paquita Salas’, rescatada por Netflix de la plataforma marginal Flooxer. Por lo demás, nada hay que te obligue a sintonizar con el runrun pastoral que...

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Wonders of the sea 3D: Cousteau jr. nos muestra una nueva dimensión del mundo submarino
Oct01

Wonders of the sea 3D: Cousteau jr. nos muestra una nueva dimensión del mundo submarino

Jean-Michel Cousteau, hijo del célebre y mítico explorador e investigador Jacques-Yves Cousteau, ha realizado junto a Jean-Jacques Mantello un fabuloso documental, titulado Wonders of the sea 3D, para invitarnos al resto de los mortales a sumergirnos en las maravillas del mundo submarino, una parte todavía muy desconocida de nuestro planeta. El objetivo principal: crear conciencia de la importancia de los océanos para nuestra supervivencia. El proyecto, que ha tenido unos cinco años de producción, ha contado con el respaldo de la Fundación de Leonardo DiCaprio, y con la producción y voz en off de Arnold Schwarzenegger, que ha acudido a presentar el proyecto a la 65 edición del Festival de San Sebastián junto a los directores.  Jean-Michel Cousteau se sumergió por primera vez en los océanos a sus siete años, en 1945, cuando su padre Jacques le puso uno de sus equipos de buceo que  había inventado él mismo dos años atrás -y que siguen siendo los que se usan hoy en día-. Desde entonces, su vida giró entorno al océano, y acompañó a su padre en sus incontables aventuras. Y desde la muerte de Jacques-Yves Cousteau en 1997, se ha dedicado a mantener vivo el legado de su padre y a ampliarlo, a pesar de no navegar ya a bordo del Calypso. Wonders of the sea 3D es una experiencia fascinante, que nos muestra imágenes nunca vistas de ésta forma. Se trata de un documental contemplativo con voces en off, que pretende calar su mensaje en el público a través de la belleza de sus imágenes. En palabras de Jean-Michel Cousteau: “Solo protegemos lo que amamos.” Y el documental busca por ello llegar al corazón del público, para animarle a tomar consciencia de la necesidad de proteger nuestros océanos, para nuestra propia supervivencia, pues tal y como explica, el plancton de los océanos genera la mitad del oxígeno que respiramos. La importancia de los océanos es enorme, en su totalidad -incluso de estos microorganismos de las profundidades-, y nuestro devenir depende de su bienestar. A nivel anecdótico, el propio Jacques-Yves Cousteau, en sus inicios, tiraba cosas al mar creyendo que éste lo podía absorber todo. Pero pronto, al ser de los primeros científicos en investigar los fondos del océano, se percató del error, y se terminó convirtiendo en uno de los referentes mundiales de la defensa del ecosistema y de la conservación del medio ambiente. Cousteau padre, logró influir enormemente en cambios gubernamentales para la proteccion del medio ambiente, destacando el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente, vigente hasta 2048. Cousteau hijo, lleva años siguiendo la tarea de su padre. Llegó a ser invitado a la Casa Blanca y convenció...

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Miguel Ángel Vivas: “Lo más importante de mi vida es el cine, pero si no disfrutas haciéndolo, dejas de sentirlo”
Oct01

Miguel Ángel Vivas: “Lo más importante de mi vida es el cine, pero si no disfrutas haciéndolo, dejas de sentirlo”

Tienen en común Secuestrados, Extinction e Inside la firma de uno de los directores españoles que más audacia narrativa y mayor competencia técnica ha exhibido en sus trabajos. Uno de los que más ambiciosamente ha construido, con puntería y complejidad, a esos versátiles personajes por los que suele dejarse seducir, permitiendo que sean ellos quienes maticen la esencia del relato, siendo plenamente consciente de que el eje principal de sus trabajos está en el recorrido y no en el resultado. Sin prisas, sin trampas, sin reiteraciones; porque la clave del arte está siempre en la propia concepción, en la búsqueda de lo nuevo y en su condición de necesario. Ya no se estrenan minuciosas películas, corpulentas en lo visual e intuitivas verbalmente. Ya no queda rastro de esas inimitables e infalsificables formas de expresión que mezclaban estética, sustancia y estilo, que gestaron algunas de las ficciones más libres y más prismáticas de la industria. Poco resquicio queda en un efímero hoy que pronto será historia para otra cosa que no sea el engullible entretenimiento exento de inspiración que habita en la periferia del cine, donde el oficio de director ha acabado por consumir al artista, donde toda creación resulta administrativa y procedimental porque de un tiempo a esta parte la experiencia cinematográfica ha dejado de ser epidérmica. No obstante, todas las relaciones son pendulares -a períodos de euforia siempre siguen momentos de depresión- y el séptimo arte tiene pendiente ese regreso triunfal que le reconcilie con un presente que reclama el virtuosismo perdido y el fin del destierro por falta de consonancia. Miguel Ángel Vivas expone, desde la conciencia y la confianza/fé/esperanza, una realidad que conoce bien, componiendo un testimonio abarrotado de salpicaduras referenciales a las que se sobreponen recuerdos y anécdotas que me contagian de verdadero entusiasmo y de cierta nostalgia. Ficción y biografía se mezclarán en su inminente próximo proyecto, del que solo adelanta que será su obra más personal y más dramática, que supondrá una vuelta a sus orígenes y que significará el resultado de una vida entera de indisimulable amor por ese cine en el que se refugió siendo un niño y hacia el que siente una profunda combinación de pasión y agradecimiento: -Secuestrados llega después de un momento de reflexión personal en el que habías decidido abandonar el cine. ¿Qué sucedió para que alguien que afirma que en ese universo encontró una tabla de salvación decida dejarlo? Lo más importante de mi vida es el cine pero si no disfrutas haciéndolo, si no consigues que la experiencia de hacer cine sea maravillosa, dejas de sentirlo. Recuerdo una conversación con Mathew Fox sobre esto mismo:...

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‘mother!’: el Aronofsky más radical y anárquico
Sep27

‘mother!’: el Aronofsky más radical y anárquico

Darren Aronofsky, director de películas como Pi fe en el caos (1998), Requiem por un sueño (2000), La fuente de la vida (2006), El luchador (2008), El cisne negro (2010) y Noé (2014), ha presentado en la 74 edición del Festival de Venecia, y posteriormente en la sección de Perlas del 65 Festival de San Sebastián, su nuevo film mother!, el más ambicioso, frenético, provocativo y críptico hasta la fecha, que tendrá probablemente su horda de haters y de fans, a partes iguales. Su sinopsis es la que sigue: A una mujer (Jennifer Lawrence) le pilla por sorpresa que su marido (Javier Bardem) deje entrar en casa a unas personas a las que no había invitado (Ed Harris, Michelle Pfeiffer). Poco a poco el comportamiento de su marido va siendo más extraño y ella empieza a estresarse y a intentar echar a todo el mundo. Pero esta sinopsis no es más que la situación narrativa a modo de telón de fondo, puesto que mother! entera es en realidad un cúmulo de metáforas y analogías, aunque bastante crípticas. En palabras de Darren Aronofsky: mother! empieza como una historia típica sobre el matrimonio. En el centro de la historia está una mujer a la que se le exige dar y dar y dar hasta que ya no puede dar nada más. Pero paralelamente, la casa no puede soportar toda la presión hirviendo dentro. Se convierte en algo distinto… Si bien en sus anteriores proyectos, sus guiones se gestaron a lo largo de alrededor de un año, éste nació de forma visceral, tras encerrarse cinco días enteros en una casa vacía. Tras ser preguntado por el motivo de tan oscura visión, su respuesta fue la siguiente: “Es una época loca para estar vivo. Mientras la población mundial se acerca a los 8000 millones nos enfrentamos a problemas demasiado serios que toca considerar: Los ecosistemas colapsan mientras presenciamos extinciones a un ritmo sin precedentes; las crisis migratorias desestabilizan gobiernos; unos EEUU aparentemente esquizofrénicos ayudan a corregir un tratado histórico sobre el clima y meses después se retira;Antiguas disputas tribales y creencias siguen conduciendo a la guerra y a la división; El mayor iceberg registrado jamás se parte en dos en el Antártico y se desplaza hacia el mar. Al mismo tiempo enfrentamos problemas demasiado ridículas para ser comprendidas: En América del Sur unos turistas matan a dos bebés de delfín raros que arrastraron a la orilla, sofocándolos en un frenesí de selfies; la política se asemeja a los eventos deportivos; personas todavía mueren de hambre mientras otros pueden pedir cualquier tipo de carne que deseen. Como especie, nuestra huella es peligrosamente insostenible, pero vivimos en un estado de negación sobre...

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Detroit: Afro American Crime Story
Sep22

Detroit: Afro American Crime Story

Al público norteamericano le gustan los héroes que se levantan, luchan, sufren y vencen a costa de las vergüenzas morales del enemigo extranjero. Puede que por esa razón ‘La noche más oscura’ (2012, Kathryn Bigelow) se convirtiese de la noche a la mañana en un éxito arrollador y unánime de crítica y público. Pero a ese mismo público no le gustan los héroes que se levantan, luchan, sufren y caen derrotados a costa de las vergúenzas morales de la cultura xenófoba de su propio pueblo. Puede que ésa sea una de las contadísimas razones -incluyendo su excesiva duración- por las que ‘Detroit’ (2017, Kathryn Bigelow) se haya saldado, contra todo pronóstico, con uno de los peores batacazos comerciales en la carrera de Kathryn Bigelow. 23 de Julio de 1967. Tras una redada policial en una sala de fiestas donde se consume alcohol de manera ilegal, se desatan una serie de disturbios y ataques que se extenderán al exterior del edificio, provocando una batalla campal entre los vecinos y la policía. Mientras tanto, no muy lejos, dos chicas blancas y varios jóvenes afroamericanos son retenidos y torturados por tres policías de Detroit en el Motel Algiers. Mientras que a John Boyega (Star Wars: El despertar de la Fuerza) y Anthony Mackie (Captain America: Civil War) les sabe a gloria tener esta oportunidad para despojarse temporalmente de sus respectivas franquicias en Disney, la realizadora de ‘Días extraños’ y ‘Le llaman Bodhi’ se pone el traje de David Simon (The Wire, Treme), dándose un garbeo por los barrios negros de Detroit – explorando también el núcleo duro de la Motown y el origen de la banda musical ‘The Dramatics’-, y coloca su mirada en el epicentro del desorden social, el caos urbano y la anarquía moral de una ciudad dividida por el racismo y la violencia. Es decir, retrata de forma fidedigna y cruda a su propia nación, la que, más de cuatro décadas después, ha elegido a un sociópata supremacista y xenófobo como líder del mundo libre. ‘Detroit’ es el retrato de un pueblo al que no le gusta, como probablemente a ningún otro o nosotros mismos, que le restrieguen sus errores y miserias por la cara, y menos aún cuando los hechos reflejados medio siglo después, en una pantalla, siguen siendo plenamente vigentes. Esto es la historia de América, y no ha cambiado para...

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La forma del agua: Guillermo del Toro en plena forma
Sep08

La forma del agua: Guillermo del Toro en plena forma

Guillermo del Toro siempre ha afirmado estar enamorado de los monstruos: «mi fascinación hacia ellos es casi antropológica… los estudio, los disecciono en algunas de mis películas: quiero saber cómo funcionan, qué aspecto tienen por dentro y cómo se comportan». En esta línea, presentó su nueva película -titulada The shape of water (La forma del agua)- en la  Sección Oficial de la 74ª edición del Festival de Venecia, y la especial 50 edición del Festival Internacional de Sitges, y como no podía ser de otro modo, ha vuelto a introducir un monstruo como elemento angular del film. Con La forma del agua, Guillermo del Toro vuelve a realizar otro cuento fantástico, a partir de una historia escrita por él mismo, y ambientada esta vez en plena Guerra Fría, en los años 60. Más concretamente, nos introduce en un laboratorio gubernamental de alto secreto, donde trabaja una mujer muda, Elisa (interpretada por una magnífica Sally Hawkins), que vive atrapada en una vida aislada, hasta que descubre y conoce al ser anfibio con el que andan experimentando en uno de los laboratorios. La historia bucea entre distintos géneros: fantástico, thriller, drama y romántico. Y a pesar de ser una película principalmente de entretenimiento, la historia tiene un gran peso socio-político llena de analogías. Aunque de lo que habla principalmente el film es del amor. En palabras de Guillermo del Toro: El agua siempre coge la forma de lo que la sostiene en el tiempo, y a pesar de que el agua puede llegar a ser tan leve, también es la fuerza más poderosa y maleable del universo. Del mismo modo funciona el amor ¿no? Da igual en que forma o recipiente depositemos el amor, se convierte en eso, ya sea un hombre, una mujer, o una criatura. En el film, aparecen muchos de los temas recurrentes en la filmografía de Guillermo del Toro, tales como la biología y su fascinación por el mundo fantástico. Temas como el ‘bien’ y el ‘mal’, la inocencia y la amenaza, lo histórico y lo eterno, lo bello y lo monstruoso, confluyen entre ellos demostrando que no hay oscuridad que pueda derrotar del todo a la luz. También en palabras de Guillermo del Toro: Me gustan las películas que son liberadoras, que te dicen que está bien ser quien sea que seas. Y parece ser que en los tiempos que corren, es un tema muy pertinente. Como a lo largo de su filmografía, los films de Guillermo del Toro destacan principalmente por su gran trabajo artístico, creando una atmósfera y estética propia, tanto en el departamento de arte como en el de vestuario. Guillermo del Toro logró juntar a su...

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Suburbicon: George Clooney haciendo de hermano Coen
Sep03

Suburbicon: George Clooney haciendo de hermano Coen

George Clooney ha presentado en la 74 edición del Festival de Venecia su último film, Suburbicon,  que llevaba gestando ya desde hacía más de dos años. El proyecto nació inicialmente sobre la idea del evento sucedido en EUU, en Levittown, Pennsylvania, en los años 50, cuando en una zona residencial acudió a vivir una familia afroamericana, y en la misma noche en que llegaron se reunieron 500 personas en frente de su vivienda con banderas confederadas y con gritos racistas, construyendo un muro a su alrededor. Durante la escritura del guión junto a Heslov alrededor de esta idea, George Clooney recordó un guión de los hermanos Coen de hacía más de 20 años, que había quedado en un cajón. Se trataba de un guión con tema similar a los de Fargo o Quemar después de leer, con personajes insalvables tomando malas decisiones. Los Coen descartaron filmar ellos mismos el guión al querer avanzar hacia otros terrenos cinematográficos. Clooney vio factible adaptar el guión a los años 50 añadiendo los sucesos de Levittown, con la idea de darle además un toque todavía más enfadado al del guión original. Suburbicon destaca por su buena adaptación de los años 50 en los EEUU, donde lo mejor y lo peor de la humanidad queda reflejado en la gente ordinaria. Clooney ha reunido para ello un equipo creativo de alto nivel en todas las áreas, destacando la fotografía por parte de Robert Elswit y las partituras de Alexandre Desplat que cobran protagonismo en partes del film. En esta década posterior a la Segunda Guerra Mundial, la clase media norteamericana estaba en proceso de trasladarse a las zonas residenciales prefabricadas en casas asequibles en comunidades reducidas. Para muchos, este Sueño Americano de poseer una casa propia, con parking y jardín, empezaba a convertirse en realidad. Pero como matizó George Clooney en la rueda de prensa, esta realidad de los años 50 era posible solamente si eras blanco. Es de hecho la época a la que hace siempre referencia el actual presidente Trump en sus rancios discursos de Make America Great Again, aludiendo a la época de Eisenhower. Época, en la que Trump tenía la edad del niño protagonista. Aunque el proyecto nació antes de que Trump se convirtiera en presidente, el film ha terminado siendo idóneo para hacer metáforas y reflexiones alrededor del discurso de Trump. George Clooney no desaprovecha la ocasión para hacer política en sus films. De izquierda a derecha: Julianne Moore como Margaret y Matt Damon como Gardner en Suburbicon, de Paramount Pictures y Black Bear Pictures. Se trata de un film en el que la violencia va escalando lentamente, hasta llegar a un desenfreno total tarantiniano, con grandes dosis...

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Golpe en la pequeña China: Yo para ser feliz quiero un camión
Ago29

Golpe en la pequeña China: Yo para ser feliz quiero un camión

Hay una máxima que jamás falla en el cine de acción moderno, aunque me tomo ciertas licencias al considerar moderna una película de hace 30 años, así que llamémosla contemporánea. Si lo que de verdad buscas es vivir una gran aventura, escoge al tipo menos indicado para dar el pego como héroe -tal vez un gañán sin educación ni modales al que nunca presentarías en sociedad- y mételo en el lugar equivocado, en el momento menos oportuno, hasta que la arme gorda o se monte el guirigay. La única explicación para que me guste una comedia de acción tan peculiar como Golpe en la Pequeña China responde tanto a su condición confesa de broma ochentera -hay pocas películas que sean tan hijas de su época- como a la imperiosa necesidad que el director de Halloween y La Cosa pudo sentir a mediados de esa década de pasárselo bien haciéndoselo pasar bien a los demás, delegando el guión mas zumbón que jamás haya filmado en Gary Goldman y David Weinstein, sin dejar más recovecos para el terror que la grimosa -y alucinante- caracterización de James Hong como el hechicero Lo Pan, un villano con más sombra de ojos que Michael Knight maquillándose para salir en Nochevieja y unas garras extralargas que harían que José Mojica Marins parezca recién salido de la manicura. Jack Burton (Kurt Russell) es un camionero buscavidas que, tras ganar una apuesta en el barrio de Chinatown, acompañará a su viejo amigo Wang (Dennis Dun) hasta el aeropuerto para recoger a su prometida Miao Yin (Suzee Pai). Por el camino, Jack , Wang y la periodista Gracie Law (Kim Cattrall) se toparán accidentalmente con una batalla campal entre clanes rivales y unos seres sobrenaturales que podría desencadenar el fin del mundo. Golpe en la Pequeña China (1986, John Carpenter) es una parada obligatoria para los fans del Kurt Russell más autoparódico y entregado -tenía fiebre durante el rodaje, motivo de su constante sudor-, los mismos que creen que Kim Cattrall molaba mucho más en la trilogía freak-ochentera integrada por ésta, Porky’s (1982, Bob Clark) y Loca Academia de Policia (1984, Hugh Wilson) que en aquel peñazo televisivo sobre unas pijas neoyorkinas de finales de los 90, para los amantes del folklore fantástico y las historias chinas de fantasmas -a poder ser producidas por Tsui Hark– trufadas de peleas sin sentido entre guerreros espectrales que lanzan rayos por los dedos y se hinchan como un pez globo antes de explotar, y para aquellos a los que todavía les hace ilusión abrir una galletita de la fortuna sólo para leer lo que pone dentro. Porque Golpe en la Pequeña...

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Verónica: Paco Plaza nos envía al infierno
Ago26

Verónica: Paco Plaza nos envía al infierno

Con franqueza, ya había perdido la esperanza de que, a estas alturas, se estrenara una nueva película de terror capaz de ponerme los pelos de punta, jugando dentro de la misma liga cualitativa que El Exorcista (1973, William Friedkin) o El Sexto Sentido (1999, M. Night Shyamalan), y más aún en un género casi tan desgastado como el de los zombies: los relatos sobre fenómenos sobrenaturales y posesiones demoníacas. Menos imaginé todavía que tan grata irrupción provendría de una de las últimas aportaciónes al género del horror, que como dije hace no mucho, ya únicamente parece aspirar a distraernos con una clara vocación de entretenimiento. Dicho esto con la única excepción a la regla de los films realizados -individual o conjuntamente- por Jaume Balagueró y Paco Plaza. O casi todos. Habría que correr un tupido velo de vergüenza sobre la innecesaria Rec 4: Apocalipsis o la alimenticia -y endeble- OT: La Película. Al margen de lecturas sobre la remarcada habilidad de Plaza para envolverte en una atmósfera siniestra, su facilidad para pintar con naturalidad cualquier fresco costumbrista sobre situaciones cotidianas y de la vida familiar deja en evidencia a la mayoría de esos nuevos autores que dicen estar adscritos a un cine más social. Lo que ocurre en Verónica es lo que yo llamo penetrar, hasta las entrañas, dentro de un hogar de clase media baja español. Y eso, no lo olvidemos, hablando de la que aparentemente es una simple cinta de terror. Plaza mata además dos pajaros de un tiro: recrea como pocos lo habían hecho antes esa sensación de vacío e intimidad que invade a un adolescente mientras escucha su música favorita, en la oscuridad de su cuarto, tirado en la cama, y de paso, crea a partir de ese instante la que desde hoy será una de las secuencias de terror más sobresalientes en la historia del miedo patrio. Hay demasiadas cosas que me gustaría revelar sobre Verónica, y que no os diré para no chafaros la experiencia, así que me conformaré con dejaros caer que Paco Plaza sabe sacar tanto rendimiento de sus actores infantiles o un televisor encendido a medianoche como Narciso Ibáñez Serrador (¿Quién puede matar a un niño?, 1976) o el propio Steven Spielberg (Poltergeist, 1982). El partido que Plaza pueda extraer también, para meternos más miedo, del tema Hechizo de Héroes del Silencio o las cuñas publicitarias de un conocido producto de limpieza, me lo guardo para quienes ya la hayan visto. Ese bonus extra es cosecha del director, y no existe influencia alguna. En opinión de este servidor que escribe, el realizador valenciano sigue siendo uno de los activos más valiosos tras la cámara,...

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Dunkerque: Nolan golpea a sus haters por tierra, mar y aire
Jul26

Dunkerque: Nolan golpea a sus haters por tierra, mar y aire

Al principio, cuando escuchas disertar a Christopher Nolan sobre su visión de una buena historia, su minuciosa manera de exprimir cada plano y recrearse en cada línea de diálogo, cuesta distinguir entre la pose pretenciosa empleada por algunos ‘grandes directores’ de nueva hornada y la verdadera pasión por el oficio de contar historias que este señor demuestra en su décimo largometraje. Y puede que el empujón que el realizador de Memento necesitaba para reivindicarse frente a otros ídolos de barro, igual que el grano se separa de la paja, fuese encontrar la excusa para poder construir un relato a la altura de sus pretensiones. Tom Hardy es Farrier Dunkirk (2017, Christopher Nolan) prescinde del mayor escollo de la irregular trilogía del caballero con leotardos de kevlar: la mediocridad dialéctica de David Goyer y el exceso de metraje. Sus ajustados 107 minutos no dan tregua a más discurso que el de llevar a buen puerto una superproducción bélica con aroma clásico. No hay casi diálogos, salvo que sean necesarios. Sólo explosiones, el zumbido de las avionetas, el compás metálico y mortuorio instrumentado por Hans Zimmer durante los ataques aéreos alemanes, y la desesperación ciega de los soldados británicos -y franceses- tratando de salvar el pellejo. Kenneth Branagh es el Comandante Bolton No existen más ataduras narrativas que la plasmación de lo sucedido hace más de 70 años en las playas de Dunkerque, en un metraje que -y pensé que jamás diría esto de una cinta de Nolan– se hace demasiado corto. Dunkirk es la cúspide artística del realizador inglés, y una demostración práctica de cómo hacer cine a lo grande como no la verás en ninguna superproducción reciente. Mark Rylance es Mr. Dawson Hará cosa de unos dias leí a alguien decir que los haters de Nolan -entre los que me incluía hasta hace relativamente poco- tienen un problema. No podría estar más de acuerdo con esa afirmación. Aunque eso para mí, por suerte, ya es agua...

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Selfie: Entre pijos anda el juego
Jul13

Selfie: Entre pijos anda el juego

Imaginemos por un instante que el modelo narrativo de la burda -e inofensiva- Project X (2012, Nima Nourizadeh) fuese empleado con una vocación abiertamente agitadora, tratando de airear las miserias morales tanto del núcleo duro de las juventudes de izquierdas como de los ambientes más elitistas y excluyentes donde se juntan los pijos de derechas. Ahora echemos más leña al fuego, y hagamos que el hijo de un miembro de la oligarquía corrupta de nuestro país se muestre tal y como es, en su estado natural de orgullosa inopia, satisfecho de su idiotez, y arranquémoslo de su zona de confort, despojándolo de sus amigos, de su estatus social, de su dinero, de sus privilegios sociales y, en definitiva, todo lo que da sentido a su vida. Mi padre no tiene más dinero que una persona normal… Una vez lo ha perdido todo, supongamos que Bosco (Santiago Alverú) corre la misma suerte que Louis Winthorpe (Dan Aykroyd) en Entre pillos anda el juego (1983, John Landis) y que, tras ser repudiado por los suyos, se ve obligado a pedir ayuda a quienes hasta hace poco consideraba unos desechos sociales. Solamente hay que cambiar a la chusca prostituta callejera con la cara de Jamie Lee Curtis por una adorable -y samaritana- profesora ciega (Macarena Sanz) que, además de trabajar como voluntaria social, milita en Podemos. Y sí, ella también terminará enamorándose de él. Javier Carramiñana, Macarena Sanz y Santiago Alverú, un triángulo político y… ¿sexual? Lo que distingue a la tercera pelicula de Victor García León de la última gran comedia que dirigió John Landis es que, además de remover la mierda de la estirpe burguesa tradicional, rebota como una sonora bofetada contra el postureo progresista ejercido por algunos sujetos de la clase media que desean lavar su conciencia neoliberal. Selfie destila la misma mala uva que aquel Vete de mí (2006, Victor García León) -su anterior trabajo- en el que Juan Diego y Juan Diego Botto casi se sacaban los ojos, solo que esta vez el director echa mucha menos mano del pesimismo azconiano y se decanta por un humor manifiestamente cruel emparentado con el de Seth McFarlane, logrando que ese tono políticamente incorrecto -que aquí nos llega con cuentagotas- sea el mayor reclamo de este falso documental. Eso y que nunca debe desaprovecharse cada nueva oportunidad de descubrir a Macarena Sanz -mucho más templada que en la crispante Las Furias (2016, Miguel del Arco)-, probablemente la actriz más destacable en la ultimísima hornada de nuevos talentos en el cine español. Ella vota a Podemos. Él al PP. ¿El amor es ciego? Selfie (2017, Victor García León) no es sólo la mejor...

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