Misión Imposible, Fallout: Lo imposible es hacerlo mejor
Ago03

Misión Imposible, Fallout: Lo imposible es hacerlo mejor

Lo que han hecho Christopher McQuarrie y Tom Cruise, director y actor/productor/especialista en escenas de riesgo -hombre orquesta, para abreviar- con ‘Misión Imposible: Fallout’ es elevar a la categoría de arte el género del blockbuster veraniego. Se puede decir más alto, pero no más claro. Bueno, más alto tampoco, porque no creo que sea posible armar más ruido del que esta sexta entrega se abastece para bombardear la cabeza del espectador ávido de emociones fuertes, fantasmadas a cascoporro y pura adrenalina. Y con todo eso, sigue presente la misma rúbrica de sofisticación reinstaurada por Abrams en la franquicia desde que retomó la senda del thriller abierta por De Palma. Podría decirse que ahora Ethan Hunt ya tiene su propio ‘Muere otro día’ (2002, Lee Tamahori), sólo que, a distinción de aquella y otros productos de mismo pelaje, viene con un guión reforzado de diálogos que sí parecen escritos por un adulto. Pero por si aún hay quien desconfía o sostiene que McQuarrie echó excesivamente el freno en el anterior capítulo -yo, por ejemplo-, que se prepare para recibir de golpe un sopetón de estímulos pirotécnicos y persecuciones imposibles con el más desvergonzado espíritu de evasión que Hollywood haya demostrado en años. Por cierto, si yo fuese Henry Cavill también me habría dejado crecer el bigote, y hasta una barba como la de Karl Marx o Ramón María del Valle Inclán, con tal de participar en esta maravillosa atracción de feria. Vivan los blockbusters de verano, y ojalá no desaparezcan...

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Crítica ‘Bone Tomahawk’: un western terrorífico
Jul23

Crítica ‘Bone Tomahawk’: un western terrorífico

Desde la primera escena, “Bone Tomahawk” (2015) exhibe sus credenciales sobre lo que mostrará en sus más de dos horas duración: decapitaciones, cabelleras arrancadas, mutilaciones y un sinfín de aberraciones que una tribu de fornidos indios (o ‘super-indios’) son capaces de hacer en el salvaje Oeste. Este sorprendente largometraje es una combinación de diversos subgéneros como el western clásico, el gore, el horror survival y la comedia sutil. Todos aunados en perfecta sintonía para conseguir un equilibrio total en la narración de su discurso. Su director y guionista, S. Craig Zahler, cuenta la historia de una búsqueda que llevan a cabo cuatro valientes hombres a dos de sus habitantes del pueblo de Bright Hope, capturados por unos indios salvajes y caníbales que habitan en una tierra conocida con el nombre de ‘El Valle de los Hombres Hambrientos’. Con tintes de western clásico -la topología, el vestuario y la escenografía guardan más similitudes con los largometrajes de John Ford o Howard Hawks del período clásico que con el western crepuscular surgido a principios de los años sesenta-, pero sobre todo por haber incorporado los arquetipos más representativos de dicho subgénero, encarnados en esta película por los cuatro personajes principales: el Sheriff Hunt (Kurt Russell), encargado de hacer prevalecer la ley, reflexivo en sus decisiones y siempre preocupado por la seguridad de sus habitantes. Al estilo de Gary Cooper en “Solo ante el peligro” (High Noon, 1952). ‘Chicory’ (Richard Jenkins), que desempeña la función de ayudante del sheriff y bufón del pueblo. Añade al relato unos toques de humor como haría Walter Brennan en “Río Bravo” (1959). John Brooder (Mathew Fox), un hombre individualista, vanidoso y mujeriego que se une a la expedición por honor y venganza. Su gran manejo de las armas recuerda al personaje interpretado por James Coburn en “Los siete magníficos” (The Magnificent Seven, 1960). Y Arthur O’Dwyer (Patrick Wilson), lisiado de una pierna, luchará hasta el final por rescatar a su esposa con vida. Al igual que haría John Wayne por su sobrina en “Centauros del desierto” (The Searchers, 1956). Sin embargo, no todo son conexiones y referencias de “Bone Tomahawk” con el western clásico. Este largometraje muestra una violencia explícita que puede resultar algo desagradable y repulsiva para cierta clase de espectadores, además de inusual, en un género que está poco o nada acostumbrado a presenciar estos encuentros extremadamente violentos (debido a la censura del Código Hays que prohibía mostrar los detalles de asesinatos y escenas sexuales en las obras producidas entre 1934 y 1967 en EE.UU.). Por otra parte, estos ‘super-indios’ son una tribu de indígenas trogloditas, totalmente desconocidos en este tipo de historias, que pueden...

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Formentera Lady: Tócala otra vez, Samuel
Jul13

Formentera Lady: Tócala otra vez, Samuel

A José Sacristán no hay quien le tosa, y él no iba a ser menos que Harry Dean Stanton, Richard Farnsworth, Robert Redford o el mismísimo Bill Murray. Así que el de Chinchón se lía la manta a la cabeza -o el sombrero de paja, más bien- y se atreve como protagonista crepuscular con la ópera prima de un advenedizo Pau Durà -con serias aspiraciones a ser el Alexander Payne español-, y a la postre nos regala una comedia agridulce y mediterránea, que rebosa humanidad, sencillez y pureza. Más o menos como la Isla Balear de Formentera donde se ubica este relato sobre reencuentros familiares y choques generacionales. José Sacristán y Sandro Ballesteros, abuelo y nieto en la ficción Samuel (José Sacristán) es un viejo hippy que vive en Formentera, en una cabaña sin luz ni agua, junto a la playa, y se gana la vida tocando su banjo en el bar de un viejo amigo (Ferrán Rañé). Pero la visita de su hija Anna (Nora Navas) y su nieto Marc (Sandro Ballesteros), para dejarle al cuidado del pequeño unos meses, trastocará por completo sus costumbres y su ritmo de vida. ‘Formentera Lady’ (2018, Pau Durà) es previsible hasta la médula -o hasta el forro de los cojones, como diría el maestro Sacristán- pero últimamente necesitaba tanto ver algo tan genuino como esto que ni siquiera me importa. Además suponen un valor añadido la recuperación para la gran pantalla de Ferrán Rañé -el primer Makinavaja, le pese a quien le pese-, otra de las contadísimas oportunidades de ver a Jordi Sánchez en una película buena, y la grata sorpresa de avistar a la actriz picassentina Mireia Sobrevela en un fugacísimo papel -tras un par de años en los que le había perdido la pista, incluso en el teatro-. A nivel cinematográfico, no se observa nada nuevo bajo el sol de Formentera, pero al menos sí es bienvenida otra feel good movie fabricada con tan nobles...

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Licencia para matar: 007 contra Pablo Escobar
Jun28

Licencia para matar: 007 contra Pablo Escobar

James Bond se despide de los 80, y el director que llevó el timón de la saga durante esa década -el inglés John Glen- deja claro que la impronta chusca de Cannon Films también era extrapolable al agente con licencia para matar, y conste que esto lo digo como un cumplido. Más violencia que en ninguna de las quince entregas anteriores, mucho más del cinismo con que Timothy Dalton (‘Penny Dreadful’) trató de acercarse a Sean Connery mientras le dejaron -aunque fue él quien decidió no volver, dicho sea de paso-, y sobre todo, un nuevo look influenciado por el cine de vendettas que predominaba en el género de acción durante aquellos años. Los fans del espíritu alegre y zumbón de Roger Moore disfrutarán de lo lindo con el asalto final a la fortaleza del narcotraficante Franz Sánchez -un trasunto megalómano de Pablo Escobar que bordó Robert Davi-, y especialmente con uno de los momentos más espectaculares y absurdos protagonizados por 007, demostrando que un camión cisterna también es capaz de esquivar misiles conduciendo sobre cinco ruedas. No lo olvidéis, Bond es mucho Bond, y las fantasmadas no pueden faltar nunca. Son tan imprescindibles como los gadgets de Q, los suspiros enamorados de Moneypenny, las chicas Bond y el Martini con Vodka (mezclado, no agitado). En esta ocasión, la compañía femenina corre a cargo de Carey Lowell (‘Leaving las Vegas’) y Talisa Soto (‘Mortal Kombat’ y su secuela). ¡Aquí, sufriendo! Ah, y por si alguien lo dudaba, ‘Licencia para matar’ (1989, John Glen) es la prueba palpable de que Benicio del Toro -en su segunda película- siempre ha tenido la misma cara de cabronazo. Los años no le han pasado demasiada...

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Paella Today: Algo pasa con Olga Alamán
Jun02

Paella Today: Algo pasa con Olga Alamán

Los valencianos también tienen su corazoncito, y no podían perderse la oportunidad de sacar tajada con la nueva moda de comedias regionales -sin contar la maravillosa ‘Rec3: Génesis’ (2012, Paco Plaza), por supuesto-. Porque al igual que en ‘Ocho Apellidos Vascos’ (2014, Emilio Martínez Lázaro) y su secuela, ‘Paella Today’ aprovecha con soltura todos los tópicos autóctonos, los buenos y los negativos -con un lenguaje similar al de José Corbacho & Juan Cruz (‘Pelotas’, ‘Tapas’)-, mezclándolos y creando un plato ligero, entretenido y con rúbrica levantina. Lo sazonamos todo con cinco o seis secundarios habituales del cine y la televisión: Mamen García, Alberto Jo Lee, Pablo Carbonell, el monologuista David Amor, Lolita Flores y Brays Efe. Y ya está el plato listo para servir. Lolita Flores, Pablo Rivero, Olga Alamán, Pau Gregori y Alberto Jo Lee. Para saciar otro tipo de apetitos no gastronómicos, con un triángulo sexual situado a medio camino entre la frescura de ‘Dieta Mediterránea’ (2009, Joaquín Oristrell) y la picardía de ‘Kiki, el amor se hace’ (2016, Paco León), se bastan Vicent (Pau Gregori), un experto en paellas que jamás ha hecho una paella, Pep (Pablo Rivero), el mejor amigo de Vicent y pintor sin un duro, y Lola, una poliamorosa y festiva Olga Alamán poseída por el fogoso espíritu de la Visanteta. Cuando Lola se reencuentre con Pep, y se encapriche también de Vicent, iniciará una relación a tres bandas acostándose con ambos, tanto juntos como por separado, y de vez en cuando visitarán algunas localizaciones icónicas como las Torres de Serrano, la Lonja y el Mercat Central. A nadie le hace daño un poquito de publicidad, y a un servidor le hacía ilusión ver en pantalla grande tantos lugares en los que me he zampado kebabs a las dos de la mañana para rebajar los gin… en fin, que me desvío del asunto. ¿Qué ocurre cuando tres NO son multitud? ‘Paella Today’ (2017, César Sabater) no pretende alcanzar más logros autorales que reflejar lo que, nos guste o no, se corresponde con las principales credenciales turísticas de la terreta: buen clima, paellas -sin chorizo, por favor- y una pizquita de erotismo. Emm… bueno, y un par de salidas muy propias de sainete valenciano que sólo podrán disfrutarse sin prejuicios. Olga Alamán (‘Amar en tiempos revueltos’, ‘Gran Hotel’, ‘Apaches’) y Pablo Rivero (Toni Alcántara en ‘Cuéntame cómo pasó’)...

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Danko: Calor rojo: Desde Rusia con esteroides
Abr22

Danko: Calor rojo: Desde Rusia con esteroides

Hagamos un poco de memoria, y recordemos cómo se hacía una peli de acción mucho antes de la actual fiebre superheroica. Reúnes a dos policías que desde un principio no se soportan, aunque sepas que acabarán siendo colegas. Añades violencia por un tubo, un par de desnudos, frases lapidarias soltadas por el Chuache antes de partirle los brazos a alguien, muchas bromas que hagan apología exacerbada de la masculinidad -no está bien visto que un hombretón ruso tenga periquitos-, y ya está. Acabas de fabricarte una buddy movie de los años 80. Uno de los dos protagonistas debe ser gracioso y ocurrente. Al otro lado habrá un gañán con mala uva capaz de matar con la mirada, o más bien ese gesto de inquina y morros apretados que siempre precede a los arranques de furia de Arnie.  Cuando Viktor Rosta (Ed O’Ross), un siniestro capo de la droga georgiano, extiende sus redes hasta los Estados Unidos de América, dos agentes de narcóticos de Moscú y Chicago (Arnold Schwarzenegger y Jim Belushi) tendrán que trabajar juntos para detenerlo y evitar que se haga con las calles de ‘la ciudad de los vientos’. Ivan Danko (Arnold Schwarzenegger) y el detective Art (Jim Belushi), condenados a entenderse… Hace algunos años el propio Walter Hill trató de resucitar la fórmula de las buddy movies con Sylvester Stallone y Sun Kang -un habitual de la saga ‘Fast & Furious’, muy popular en su barrio- con ‘Bullet to the head’ (2013), pero ni el género ni el propio realizador contaban ya con el favor del público. Lo del cine de acción no es una cuestión de décadas, es que Walter Hill (‘Danko: Calor rojo’, ‘Límite: 48 Horas’), John McTiernan (‘La Jungla de Cristal’, ‘Depredador’) y Richard Donner (Arma Letal 1, 2, 3 y 4) eran los dueños del cotarro entonces y hacían que pareciese fácil dirigir este tipo de productos. No faltaron en esta cinta icónica de testosterona ochentera un Peter Boyle haciendo de jefe de policía cabreado -como tiene que ser-, Laurence Fishburne antes de engullirse a sí mismo, y dos nombres grabados a fuego en el cine de acción más chusco de los 80 y 90: Gina Gershon y Brion James. Para bien o para mal, hoy ya no queda casi nada de este género. Quedémonos con los clásicos. Arnie siempre rodeándose de...

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Rampage: Muchos monstruos, un mono y una roca
Abr14

Rampage: Muchos monstruos, un mono y una roca

¿Cómo adaptar al cine un videojuego cuya idea argumental se reduce básicamente a que un puñado de animalejos gigantes se aporreen entre ellos y destrocen rascacielos? Mete a The Rock en mitad de la trifulca y ya se calmarán las aguas. Y si no es así, por lo menos llenará las salas. Lo de menos es el rigor científico en una distracción palomitera sobre gorilas, lobos y cocodrilos que, por culpa de una serie de alteraciones genéticas, se transforman en monstruos grandes como edificios -bueno, como plantas bajas- y arrasan con todo a su paso. Aquí no hay más pretensión que la de evadirte durante 107 minutos con chismes explotando y lanzados por los aires por este king kong albino y una troupe de bichos recién escapados de las fantasías animalistas más lisérgicas de Arthur Conan Doyle. ¡Tranquilo! ¡Yo te cubro las espaldas! Andan por ahí también un testosterónico Joe Manganiello, sentando fugazmente las bases para su mercenario Deathstroke, Naomie Harris -alias Moneypenny en la franquicia James Bond- como heroína consorte, Jeffrey Dean Morgan haciendo nuevamente de capullo arrogante y, esto es lo que más me duele, una malvada Malin Akerman tan entregada como de costumbre pero haciendo el ridículo como nunca antes. Es como si, con ‘Rampage’ (2018, Brad Peyton), hubiese llegado a la cartelera el primer estreno del mes de agosto con unos cuantos meses de antelación. Queda preinaugurada la temporada veraniega. Dwayne ‘The Rock’ Johnson, Naomie Harris y Jeffrey Dean Morgan a la caza de los...

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La forma del agua: Una limpiadora viene a verme
Mar10

La forma del agua: Una limpiadora viene a verme

Hay dos secuencias particularmente hermosas en la menos hollywoodiense de las películas americanas dirigidas por Guillermo del Toro -esa es una de sus pocas virtudes, por cierto-: Sally Hawkins y Richard Jenkins rezumando complicidad mientras imitan los pasos de baile de un viejo musical en B/N que miran por televisión, y la otra es cada instante en el que aparece Sally Hawkins matándose a pajas en su bañera.   Me gustaría afirmar que ‘La Forma del Agua’ es pura poesía visual y un hermoso homenaje al cine clásico de terror, una oda a los sentimientos que demuestra que los monstruos también pueden amar, pero es que más de la mitad de obras del mexicano ya eran poesías visuales y homenajes al cine clásico de terror, odas a los sentimientos que demuestran que los monstruos también pueden amar. Más de lo mismo, pero con un envoltorio más reluciente. Los anuncios de Gas Natural cada vez están más currados. Ni tampoco es la primera vez que veo al larguirucho Doug Jones haciendo de hombre bicho para Guillermo hartándose a zampar huevos duros. Son tantas veces ya las que hemos visto a Doug poniéndose morado que, para la próxima ocasión, del Toro debería plantearse adornar también ese instante con fragmentos de otra cinta clásica que remitan a los mismos hábitos. No sé, me viene a la cabeza ‘Pink Flamingos’ (1972, John Waters). De lo que se come se cría, preciosa… Añadámosle a la ecuación ya conocida por el mexicano un par de guiños políticamente correctos que no vienen a cuento, pero que dan puntos en la carrera a los Oscars, como un personaje secundario homosexual cuya homosexualidad no aporta nada relevante a la trama, la dicharachera Octavia Spencer cada vez más afianzada como la Laly Soldevila afroamericana y un villano capitalista, machista y racista que, por supuesto, es también un acosador sexual. ¿Lo pilláis, eh? ¡Es clavadito a Donald Trump! Que Hollywood todavía piense que -al margen del circuito más indie- Michael Shannon sólo es capaz de interpretar a cabrones es otra desgracia sumada al conjunto. De pequeño nunca me invitaban a los cumples. Jamás comprendí el motivo. ‘La Forma del Agua’ (2017, Guillermo del Toro) es el pasatiempo perfecto para una de esas tardes tontas de domingo, con la sala llena de jubilados roncando -me ha ocurrido, lo juro- y señoras mayores que exclaman ‘ay, me ha parecido muy bonita’, pero si esto es a lo que ahora se considera obra maestra, creo que ya va siendo hora de tratar también a ‘1, 2, 3… Splash’ (1984, Ron Howard) -su referente más obvio, junto a ‘Let Me Hear You Whisper’, la...

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Nacho Vigalondo, un autor único
Feb25

Nacho Vigalondo, un autor único

Nacho Vigalondo es un rara avis dentro del cine español. Su filmografía comprende cuatro largometrajes rodados en solitario (Los Cronocrímenes, Extraterrestre, Open Windows y Colossal) además de varios cortometrajes, uno de ellos con nominación al Oscar. A su carrera como director, debe aunarse las funciones de guionista (todas sus obras están escritas por él), y en muchas ocasiones la de actor, con pequeños papeles en la gran pantalla. El presente artículo-ensayo estará enfocado al análisis de sus películas y al establecimiento de sus principales características como autor cinematográfico. Los cronocrímenes (2007) es la ópera prima del realizador cántabro. Su argumento gira en torno a un hombre que descubre a través de sus prismáticos a una preciosa joven en la profundidad del bosque. Héctor, el protagonista de esta historia, decide ir a buscarla sin comentarle nada de este hecho a su mujer, Clara. Cuando está delante del cuerpo de la chica, un extraño individuo armado con unas tijeras y la cara vendada, lo ataca por la espalda. A pesar de resultar herido en el hombro, consigue huir y llega a un laboratorio científico situado en mitad del bosque. Allí, un científico le ofrece esconderse en una máquina que resulta ser del tiempo, y que provoca una serie de catástrofes con consecuencias imprevisibles en la vida de Héctor.     Esta obra aúna géneros tan dispares, pero frecuentemente utilizados en este tipo de películas como la ciencia ficción o el fantástico junto con el más intenso thriller. Este hecho será una premisa frecuentemente utilizada en el cine de Vigalondo (es decir, la mezcla de diversos géneros siendo uno de ellos el fantástico), aunque a partir de este film se hará menos representativo en el resto de su filmografía posterior, dejando al elemento fantástico o maravilloso en un segundo plano, y sirviendo únicamente como mecanismo que activa y permite el desarrollo de la historia. Por lo que se puede considerar a Los cronocrímenes, como la obra más comercial y con menor personalidad realizada hasta la fecha por su autor. Este hecho lo recoge significativamente Amanda Ruiz (2013, pág. 6) de la siguiente manera: “En cualquier caso, se intuye que, detrás de los largos y los cortometrajes de Vigalondo, hay una cierta voluntad de subvertir los códigos de los géneros e incluso de mezclar géneros aparentemente opuestos, como pueden ser la comedia y la ciencia ficción [Extraterrestre (2011)]. De hecho, incluso en la película Los cronocrímenes (2007), clasificable dentro del género de la ciencia ficción de una manera más obvia, encontramos conexiones con lo fantástico”. Su segundo largometraje es Extraterrestre (2011), una comedia romántica con toques de ciencia ficción. Su historia es sencilla,...

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Verano 1993: La edad de la inocencia
Feb03

Verano 1993: La edad de la inocencia

Lo he mencionado alguna vez y no me canso de incidir en ello. Creo que la mayor virtud de un determinado tipo de cine, el de esas historias que sólo tratan de transmitirnos emociones, sin caer en el pragmatismo sentimental ni empleando los clichés de un melodrama al uso, ha de consistir en mostrarnos cada etapa de nuestras vidas tal y como la recordamos, con un tamiz de realidad que separe la verdad de la sensiblería. Así es como obra la directora Carla Simón al plasmar sus propios recuerdos en la mirada de la pequeña Frida (Laia Artigas), una niña de 6 años que ha perdido a sus padres, y cuyas emociones aún no se han desarrollado lo suficiente para entender por qué una enfermedad se los ha llevado tan pronto, por qué eso le ha ocurrido a ella, y si ha sido voluntad del mismo dios al que su abuela le enseña a rezar cada noche. Frida necesita entender si el extremo mimo con que la tratan todos los adultos es fruto del amor, del periodo de duelo o de la condescendencia de quienes hablan sobre su pérdida como si no la tuviesen delante. Frida necesita entender si algún dia Marga (Bruna Cusí) y Esteve (David Verdaguer) la querrán tanto como a su propia hija biológica (Paula Robles), y si es así, por qué la riñen cada vez que se desentiende de ella -mención aparte a la soberbia labor en la dirección a dos actrices de tan corta edad, pero de una naturalidad abrumadora-. ‘Verano 1993’ (2017, Carla Simón) es ante todo un relato acerca de qué significa tener una familia, de los celos entre hermanas, de la extrañeza que sientes cuando eres un niño y todo tu mundo -tu entorno- cambia de golpe, de la nostalgia por los veranos que no volverán, de la felicidad y, a ello me remito otra vez, los recuerdos de tu infancia. Carla Simón utiliza la muerte como excusa para hablarnos de la vida, y eso, además de irónico, me parece extraordinariamente...

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Tres anuncios en las afueras: ¿Estamos ante la nueva Fargo?
Ene20

Tres anuncios en las afueras: ¿Estamos ante la nueva Fargo?

Sabemos que incluso un buen dramaturgo, además de insuflar vida a su propia obra, preeminentemente teatral, ocasionalmente puede pluriemplearse al servicio del lenguaje cinematográfico para corregir las taras y engordar las virtudes de un cineasta con carencias. En cierta manera, eso es lo que Martin McDonagh lleva casi haciendo desde hace 10 años con el trabajo de otros realizadores, sin prisas, al ritmo de una película cada 5 o 6 años. Solo que su labor reformulando las señas identitarias de esos autores ocurre de forma mucho más solapada, y en vez de poner su inventiva al servicio de estos, prefiere imitar su jerga, adoptar la idiosincrasia de sus personajes y, a la chita callando, confeccionar un código de narración que se adueñe de su propia filmografía. Aunque en esta ocasión McDonagh deja de lado el idioma acelerado y macarra del primer Guy Ritchie -asimilado en ‘Escondidos en Brujas’ (2008) y ‘7 Psicópatas’ (2012)-, para travestirse en narrador tragicómico de una comedia negra situada en lo más profundo de la América sureña, al más puro estilo Coen -ni el personaje de Sam Rockwell ni los lapsus socarrones serían lo mismo sin su alargada sombra-, beneficiándose de la incombustible fuerza de la mayor musa de los hermanos, una Frances McDormand que no olía tanto a Oscar desde los tiempos de ‘Fargo’ (1996, Ethan & Joel Coen). Francamente, jamás pensé que una breve secuencia, de apenas unos segundos, con una señora de mediana edad conduciendo a 20 km/h y sacando la cabeza por la ventanilla del coche para poner a caldo a la reportera que cubre una noticia a pie de carretera, pudiera colarse en mi colección de tesoros cinéfilos con tanta rapidez, pero Frances McDormand es tan jodidamente auténtica que torna fácil lo imposible. ¿Os imagináis a Meryl Streep tratando de hacer algo similar? Claro que no, joder. Frances McDormand es una actriz de verdad, no una estrella de cine . ‘Tres anuncios en las afueras’ (2018, Martin McDonagh) no es una cinta de venganzas poblada por violadores y rednecks, ni una comedia fronteriza o un drama rural. Es todo eso a la vez. Es puro cine...

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Lean on Pete: un antiwestern moderno
Ene07

Lean on Pete: un antiwestern moderno

Tras que realizara recientemente el gran film de 45 años, Andrew Haigh se ha unido con su última película, a la lista de cineastas europeos que se han aventurado en el mundo del oeste americano, en busca de inspiración, con su nuevo film Lean on Pete. Basado en la novela de Willy Vlautin, Lean on Pete es una especie de antiwestern moderno basado en nuestros días, con reminiscencias de films de Sam Peckinpah, como El rey del rodeo, o de Nicholas Ray, como Hombres errantes. Los hipódromos de las ciudades pequeñas, y los intrépidos forasteros que las pueblan, proporcionan el tema y la atmósfera de la historia narrada por Haigh sobre un joven soñador que descubre las duras realidades de este nuevo oeste. La película sigue a un adolescente de quince años llamado Charley Thompson –interpretado por Charlie Plummer, quién se llevó en el 74 Festival de Venecia el Premio Marcelo Mastroinanni, premio que ha logrado catapultar muchas carreras interpretativas-. Charley es hijo de un padre soltero que trabaja en almacenes en el noroeste del Pacífico, y viven sin demasiada estabilidad. Esperando un nuevo comienzo, se mudan a Portland, Oregón, dónde Charley coincide un día con Del –interpretado por un gran Steve Buscemi-, un entrenador de caballos que le ofrece trabajar para él cuidando a sus caballos de carreras. Así conoce y entabla un fuerte vínculo con uno de los caballos, llamado Lean on Pete, quién da título al filme. Los problemas de su padre terminan salpicándole y dejándole desamparado, mientras que paralelamente Del termina queriendo deshacerse de Lean on Pete. Todo ello lleva a Charley a emprender un viaje cual alma perdida por los vastos terrenos de Oregón. Lean on Pete fue una de las películas más interesantes de la anterior 74 edición del Festival de Venecia, y dejó buenas sensaciones, a pesar que luego no se alzara con ninguno de los premios grandes, más allá del que recibió Charlie Plummer debido a un fantástica interpretación. Un filme que se siente sincero y sabe ser conmovedor y emocional, sin necesidad de sensiblería. Una pequeña y hermosa odisea, aunque a la vez también cruda e impotente, que retrata el trance de la adolescencia en la América profunda. Y cuyo visionado, no deja...

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Star Wars, The Last Jedi: El último vuelo de Carrie Fisher
Ene06

Star Wars, The Last Jedi: El último vuelo de Carrie Fisher

Esta nueva franquicia galáctica orquestada por Rian Johnson o J. J. Abrams -ambos se calentarán la silla del director en futuras entregas- o quien quiera que Disney desee hacernos creer que maneja el cotarro además de Kathleen Kennedy y Lawrence Kasdan, parece condenada a repetir el patrón de su más ilustre predecesora. Si en ‘El Despertar de la Fuerza’ (2015) Abrams recuperó el tono primigenio de cuento de aventuras donde un grupo de amigos unían fuerzas para liderar la resistencia frente a un lider perverso, tomando como patrón a ‘La Guerra de las Galaxias’ (1977, George Lucas), esta vez, al igual que en ‘El Imperio Contraataca’ (1980, Irvin Kershner) ese mismo núcleo protagonista se divide de nuevo en distintas tramas paralelas, y algunas de ellas -la de la chatarrera Rey- serán idénticas a las vividas por sus homólogos en el clásico de Kershner. La lectura complaciente de esta tercera trilogía sería admitir que, asemejándose más a las películas originales, los nuevos episodios toman distancia de los tostonazos dirigidos por George Lucas hace aproximadamente 15 años, y ansían reavivar la chispa de la que en su día fue la franquicia cinematográfica más entretenida de todos los tiempos, solo que hoy se ha transformado en la más innecesariamente alargada -honor que comparte con las de Star Trek y 007-. A la sensación de deja vu constante provocada además por un batiburrillo de secuencias y diálogos extraídos sin pudor ni disimulo de los momentos más memorables que dió ‘El Retorno del Jedi’ (1983, Richard Marquand), se suma la falta de empatía que todavía siguen inspirándome Rey, Finn y Poe Dameron. Como en el capítulo predecesor, los más nostálgicos se verán empujados a las salas para volver a escuchar la sintonía de John Williams -al pie del cañón, como siempre- con un sonido atronador y esperar expectantes a que algún miembro de la vieja guardia haga acto de presencia. En esta ocasión, son Mark Hamill, Carrie Fisher, Anthony Daniels y Frank Oz quienes toman el relevo jubilar a Harrison Ford, y desde luego cada segundo con ellos vale más que todas las secuencias de batallas espaciales donde no aparecen. ¿Pero qué sentido tiene querer renovar la marca Star Wars, reciclarla para una nueva generación, si tu principal gancho siguen siendo los minutos arañados por las mismas caras de hace 40 años? En eso consiste la nostalgia, supongo. Pero para mí con eso ya no...

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Thor Ragnarok: Los dioses deben estar locos
Dic17

Thor Ragnarok: Los dioses deben estar locos

A ‘Thor: Ragnarok‘ (2017, Taika Waititi) no le basta con ser la mejor de las aventuras del hijo de Odín lejos de los Vengadores, sino que directamente juega en otra liga, pertenece a otra galaxia, tan lejana de sus predecesoras como la distancia que separa al reino de Asgard de la Tierra. Para su quinto largometraje, Taika Waititi y el director de fotografía Javier Aguirresarobe -con algunos títulos más en su haber- lo han tenido claro. El objetivo era emular lo más fidedignamente el tono vívido y colorista de las viñetas de Jack Kirby e impregnarlo del espíritu cachondo de ‘Flash Gordon’ (1980, Mike Hodges) bajo la apariencia de un blockbuster de gran presupuesto. Waititi se desentiende de ese lastre de profundidad épica e inútil que cada vez va dejándose más de lado en el cine de superhéroes, y se libera de complejos para presentarnos la tercera entrega en solitario del dios del trueno como lo que siempre debió ser, un pasatiempo atronador, lúdico y divertido. O dicho de otra manera, un comic. El Ragnarok se acerca, y a Asgard le queda muy poco tiempo. Hela (Cate Blanchett), la hermana primogénita de Thor (Chris Hemsworth) y Loki (Tom Hiddleston), regresa además de su letargo para reclamar el trono y desterrarlos a ambos a un planeta donde deberán sobrevivir, cada uno a su manera, al menos hasta que unan sus fuerzas para recuperar el reino con la ayuda de Bruce Banner / Hulk (Mark Ruffalo) y Valquiria (Tessa Thompson). Hay pocos ejemplos en el universo cinemático de Marvel -entre ellos el de James Gunn, claro- y en el de cualquiera de las adaptaciones de tebeos en general, donde la personalidad del autor prevalezca tanto como aquí, pero en efecto, al director de ‘Lo que hacemos en las sombras’ (2014, Taika Waititi) le han dado carta blanca para desplegar todo el sentido del humor que derrochó en la que muchos consideran ya una película de culto. Ojalá sigan proliferando estos generosos pildorazos de socarronería marvelita -lo digo en plural, porque ya son tres en lo que va de año- en el género superheroico, más malos malísimos disfrazados (y sin miedo al ridículo) como la endiabladamente cornuda Cate Blanchett que, esta vez sí, logra ser la villana de un blockbuster decente, y tal vez, crucemos los dedos para que Odín oiga mis súplicas, llegue el día en que Jeff Goldblum pueda colarse en todas las películas que se rueden en cualquier punto del planeta. No pido tanto, ¿a que no?...

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The VVitch, a New-England folktale, cuando el terror es subjetivo
Dic17

The VVitch, a New-England folktale, cuando el terror es subjetivo

Me gusta mucho el cine. He visto casi todos los géneros, algunos me gustan más, otros menos. Pero he visto mucho cine y más des del 2000. Voy al cine casi dos veces al mes. Me fijo la cartelera y escojo una. No busco especialmente obras de arte, prefiero encontrármelas. Tengo mis actores, mis actrices y directores que suelo seguir. Tengo mis gustos, y el terror no entra en mis preferencias pero he visto algunas últimamente que he sabido cogerle el gusto, por su historia. Pero cuando la historia está envuelta por un ser sobrenatural, que es algo que me fascina, pues… termina por gustarme. Una de ellas se estrenó hace meses basado en una historia de Stephen King. Pero no voy a hablar de ella. Voy a hablar de una que se estrenó hace dos años y que con solo ver el tráiler ya me interesó mucho, por ser muy diferente de las que he visto de este género. The VVitch, estilizado de esta manera, es la película que me voy centrar. Se basa en un cuento de Nueva Inglaterra sobre brujas a mediados del siglo XVII. La historia cuenta como una familia es expulsada de una comunidad puritana por su interpretación de las sagradas escrituras y se ve obligada a vivir lejos, en medio del bosque. Se construyen su granja viviendo de sus principios religiosos. La familia consta de William, el padre, su esposa Katherine, su hija mayor Thomasin, su hijo Caleb y los mellizos benjamines Mercy y Jonas. Al cabo de un tiempo Katherine da a luz a Samuel, el quinto hijo. A las pocas semanas, mientras Thomasin juega con Samuel, este desaparece en un abrir y cerrar ojos. Caleb pide a su padre, William, el porqué no sé bautizó a Samuel, que responde vendió la copa de plata para poder comprar armas para cazar. Katherine culpa a su hija, Thomasin, por el extravío de la copa y la pérdida de Samuel. Al día siguiente de una discusión entre William y Katherine de enviar a Thomasin a servir a otra família, esta y su hermano Caleb salen de caza con el perro que sale tras la liebre. Caleb encuentra el perro después de haberse perdido completamente desmembrado y adentrándose al bosque encuentra una cabaña donde sale una bella mujer. Con otra discusión con su madre, William admite que fue el quién vendió la copa y la misma noche aparece Caleb desnudo y con una extraña enfermedad. A la mañana siguiente muere después de unas fuertes convulsiones y profesando su amor a Cristo. En medio de esto, los mellizos dicen que hablan con Black Phillip, el macho...

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Frankenstein en el siglo XXI: Recorrido histórico a las películas con experimentos científicos
Dic05

Frankenstein en el siglo XXI: Recorrido histórico a las películas con experimentos científicos

Las tres películas escogidas para el análisis son: El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931), La mosca (The Fly, David Cronenberg, 1986) y Splice: Experimento mortal (Splice, Vincenzo Natali, 2009). En estas obras cinematográficas se tratan temas comunes como la creación de criaturas/monstruos mediante experimentos científicos, el alcance de la tecnología y los peligros de su mal uso, la ingeniería genética, la búsqueda de la fama o la repercusión internacional, y la capacidad para imitar el poder de Dios (playing God). La primera de ellas, El doctor Frankenstein, forma parte de uno de los grandes clásicos que la Universal produjo en los años treinta, junto a otros monstruos míticos de la historia del cine como Drácula, el Hombre invisible, la Momia o el Hombre lobo. La historia se basa en la novela de Mary Shelley, publicada en 1818, y cuenta la aventura del doctor Henry Von Frankenstein, obcecado en crear vida humana, mutila y recoge fragmentos de cadáveres de un cementerio para construir un nuevo ser humano. El problema surge cuando el monstruo recibe por equivocación un cerebro de un antiguo criminal y eso provocará que este nuevo ser se comporte de manera agresiva y violenta. El género cinematográfico de este film estaría encasillado entre la Ciencia Ficción (mantiene el mismo argumento que la novela original), y el Terror (al principio de la película, un personaje anuncia que la obra puede horrorizar y asustar a los espectadores, por lo que si no quieren pasar un mal trago, pueden libremente abandonar la sala). Uno de los elementos más espectaculares y destacables del film es el maquillaje del monstruo que realizó Jack Pierce, el cual trabajaba más de cuatro horas diarias para conseguir el resultado final, tal como se observa en el aspecto de un irreconocible Boris Karloff (Grodensky, 2016). Como bien explica Beatriz Villacañas (2001) en relación al concepto creador-criatura, “El doctor Frankenstein será, como Dios, un creador. Pero la criatura a la que acaba de insuflar el principio de la vida —su descubrimiento secreto—, formada con restos de diferentes cadáveres humanos, no es hermosa como él había intentado hacerla, sino horripilante. Al contemplar al ser al que acaba de hacer vivir, el doctor huye horrorizado: aquí comenzará la persecución del creador por su criatura, del padre-dios por su hijo monstruoso. A partir de aquí se unirán ineludiblemente los destinos de ambos hasta tal punto, y esto es significativo, que en la imaginación popular el monstruo creado por Frankenstein será conocido como «Frankenstein»” (pág. 204). La mosca de David Cronenberg formaría parte de la nueva corriente que se estableció en Hollywood en la década de los setenta, en concreto, dentro...

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El autor: Se ha escrito un crimen
Dic02

El autor: Se ha escrito un crimen

Lo nuevo de Manuel Martín Cuenca (‘Caníbal’) se asoma, con una crudeza que asusta, a las cualidades más rastreras que habitan en todo ser humano, empleando aquí la peor de ellas, la mediocridad, como una enorme bola de nieve que continuamente genera desgracias. ‘El autor’ se recrea en la inanidad de un individuo sin suerte que piensa que desear tener algo es igual que tenerlo de verdad, y ese algo es el talento para escribir. La otra cara de esa misma moneda, descrita con mayor austeridad -bien por el desinterés que suscita su personaje, o por las limitaciones como actriz de María León-, es la de otra mujer creativamente hueca como él, pero a la que, sin embargo, el éxito profesional le ha sonreído, convirtiéndola en una conocida autora de literatura de consumo, lo cual la empuja a creer que realmente es buena en lo que hace. Que María León haya sido la escogida para interpretar a una persona que carga con esa contradicción, me parece una decisión de casting extremadamente coherente. Álvaro (Javier Gutiérrez) tiene un buen trabajo como notario, pero es un novelista frustrado, y vive ahogado tanto por el peso de la rutina como por el celo profesional que siente de su esposa Amanda (María León), una popular escritora de best-sellers. Cuando descubre que ella se acuesta con otro hombre, decide divorciarse y mudarse a otro barrio, más económico y asequible, habitado por familias de clase media, y allí buscará la inspiración necesaria para escribir su gran obra, transcribiendo al papel todo lo que les ocurra a sus vecinos, a los que no dudará en manipular, enfrentándolos y sonsacándoles información personal que utilizará en su futura novela. Martín Cuenca se empeña en mostrar las pequeñas miserias y vergüenzas del ecosistema que integran los habitantes de un bloque de apartamentos -una portera de patio cizañera y adúltera, un viejo fascista que esconde una fortuna en su casa y un matrimonio de emigrantes latinoamericanos-, describiendo a sus criaturas con el olfato certero de un voayeur que remite puntualmente, y con mucha menos liviandad, a la misma atmósfera cotidiana de ‘En un patio de París’ (2014, Pierre Salvadori). Porque si bien Álvaro/Javier Gutiérrez vive feliz recluido en su cápsula de ostracismo emocional -afín a la de Carlos/Antonio de la Torre en ‘Caníbal’, el anterior trabajo del director-, a éste las circunstancias le obligan a canalizar su sociopatía de un modo intrínseco, relacionándose con los individuos a los que aborrece para poder manejarlos a su antojo. Da la impresión de que, por momentos, pasamos de estar viendo una comedia negra que podría haber dirigido Michael Haneke a una delirante reformulación...

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Crudo: Desconfía de los veganos y de lo que oigas de esta película
Nov30

Crudo: Desconfía de los veganos y de lo que oigas de esta película

Crees que los veganos son gente peculiar y te da miedo decirlo; échale un vistazo a esta película. Crees que son gente que se toma las cosas muy en serio hasta límites extremistas y oculta algo; échale un vistazo a esta película. Has empezado hace poco la universidad y estás aún un poco asustado por el ambiente y por no encajar, o la empezarás próximamente y temes las pullas que te puedan caer si vas a una residencia de estudiantes; échale un vistazo a esta película. Si por el contrario te queda en una época muy lejana y quieres rememorar un tiempo de juergas y estudios y ligues (no tiene por qué ser en ese orden) donde has creado lagunas selectivas a base de borracheras para olvidar ciertos traumas o ciertas personas raras que conociste, échale un vistazo a esta película. Si crees que las relaciones familiares son complicadas y pueden ser negativas por la presión e influencia de padres y hermanos, échale un vistazo a esta película. Si tienes algún vicio secreto que no saben ni tus personas de mayor confianza y te da miedo seguir tus impulsos, échale de nuevo un vistazo a esta película. Échale un vistazo cuando puedas, sin prisas ni apuros, porque aunque esta cinta francesa pueda dejar indiferente a unos cuantos, la originalidad que destila y la ha convertido en una de las películas europeas del año bien merece un visionado. Y cuando la hayas visto, deja pasar el tiempo. Y después, cuando ya empieces a buscar todo de reseñas, comentarios, y críticas sobre esta cinta y en parte te olvides de ella, vuélvela a mirar, de nuevo sin prisa ni nada. Y entonces puede que la veas de otra forma, y el bombo que se le ha dado a este film adquiera cierto sentido ante la multitud de géneros que toca y por los que circula, descubriendo que abarca tantas cosas y de forma tan extraña que parece imposible elegir un formato como el que adopta la película. Estamos ante una cinta que, previo a su estreno en nuestras salas allá por marzo de este año, ya había dado mucho de qué hablar. Había sido una de las grandes triunfadoras en 2016 en Sitges, ganando nada menos que 3 premios. Pero lo chocante es que tratándose (como se suponía) de una película de miedo y gore adolescente, se había alzado antes en Cannes con el premio FIPRESCI Semana de la Crítica. Y la leyenda que había atraído a muchos cinéfilos y amantes del gore a las salas (asegurándose una buena publicidad internacional) era el supuesto impacto en el Festival de Cine de...

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Oro: La resurrección de Agustín Díaz Yanes
Nov18

Oro: La resurrección de Agustín Díaz Yanes

La invasión y colonización de las Indias fueron el Vietnam del extinto Imperio Español. Los propios Raúl Arevalo y Óscar Jaenada así lo han reconocido en numerosas ocasiones para promocionar el mejor trabajo de encargo realizado hasta la fecha por Agustín Díaz Yanes (‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto’). En consecuencia, Yanes aborda este episodio colonial como si se tratara de otra de las múltiples recreaciones sobre la derrota norteamericana, más de cuatro siglos después, en el país soberano del Sudeste Asiático. Las rencillas internas, el odio fraternal, las rivalidades personales provocadas por la segregación regional -en eso apenas hemos cambiado- y la traición por un botín (o por una mujer) se acrecentan por la fiebre y la desesperación de un atajo de cuatreros perdidos en mitad de la jungla, tanto o incluso más que en ‘Corazones de hierro’ (1989, Brian De Palma) o ‘Platoon’ (1986, Oliver Stone). Lo único que cambia aquí respecto al modelo previo es la ubicación histórica del relato y el amo al que sirven estos perros sin escrúpulos que buscan fama y fortuna en tierra de nadie porque no tienen nada que perder. ‘Oro’ (2017, Agustín Díaz Yanes) se acerca mucho menos a los terrenos del western que a cualquier otra jungle movie donde el peor enemigo de sus protagonistas no son aquellos a quienes someten, invaden o persiguen, sino sus propias almas corrompidas. Esto es cine de aventuras en su concepción más...

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The Room: ¿La peor película de la historia del cine?
Nov04

The Room: ¿La peor película de la historia del cine?

Vamos a ver, emm… ¿por dónde empiezo con esto? Hablar sobre ‘The Room’ desde un prisma estrictamente cinematográfico, sin caer en la mofa ni el chiste malo, es tan complejo como averiguar de dónde diablos sacó este emigrante polaco, cuyo nombre real es fruto de decenas de especulaciones, un montante de 6 millones de dólares para producir este maravilloso pedazo de mierda. ¿Es verdad que ganó semejante cantidad de dinero por la indemnización cobrada a un pez gordo de Hollywood tras un accidente de coche? ¿Lo ahorró con lo que ganaba vendiendo ropa interior y chaquetas de cuero importadas desde Corea del Sur? ¿Es posible que la filmación de ‘The Room’ sirviese para encubrir una operación de blanqueo de dinero, teniendo en cuenta que sólo recaudó 1.800 dólares en la taquilla americana? Sinceramente no me importa qué, cómo o cuándo lo hizo, pero este denominado artista del desastre, al que actoralmente describiría como si Harvey Keitel estuviese aquejado de parálisis facial tras sufrir un ictus, y cuya ópera prima es considerada ‘el Ciudadano Kane de las películas malas’, al final se salió con la suya y escribió, produjo, dirigió y protagonizó su propia película. Y James Franco no podría estarle más agradecido por ello, porque suya ha sido la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián a la Mejor Película por interpretarle y recrear la historia de su primer rodaje en ‘The Disaster Artist’ (2017, James Franco). ¿Alguna vez fantaseaste con la idea de ser actor o, solo delante del espejo, has imaginado cómo serían tus secuencias preferidas interpretadas por ti, recitando tus frases favoritas de la pantalla, creyendo que te derrumbas roto por el dolor, delante de la cámara, como si fueses el héroe de un drama romántico? Pues eso mismo es ‘The Room’, el fruto de la cabezonería y perseverancia de un pirado que un día dijo ‘¡quiero ser actor!’ y se dió el capricho de financiar su propia producción, llevándola a cabo con más ilusión y voluntad que auténtico talento. Johnny (Tommy Wiseau) es un exitoso banquero que vive en San Francisco con su novia, Lisa (Juliette Danielle), con la que planea casarse. Pero Lisa está secretamente enamorada de Mark (Greg Sestero), el mejor amigo de Johnny. Cada dia, mientras Johnny trabaja, Lisa mata las horas tumbada en el sofá, acostándose con Mark, recibiendo visitas de su madre y concertando citas entre una pareja de amigos a los que les gusta follar en el apartamento de Johnny sin ningún motivo aparente. Por el apartamento de Johnny pasa continuamente gente con la que Johnny queda para jugar a pasarse la pelota en la terraza, el...

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