Boardwalk Empire no es The Sopranos

Este artículo está libre de spoilers

Corría el año 2007 cuando The Sopranos (HBO) tocó a su fin. Tras ella llegó una oleada de series de televisión con una calidad nunca vistas, unas tasas de audiencia impresionantes y montones y montones de dinero para un puñado de productores. La gallina de los huevos de oro. Ante la negativa del creador de la serie, David Chase, a continuar esta a modo de spin-off -que tan de moda está ahora- o haciendo una película, a este puñado de ricos productores no les quedaba otra que pensar cual sería su próximo bombazo.

Tan solo pasó un año cuando en sus manos cayó un libro, de título: Boardwalk Empire: The Birth, High Times and Corruption of AC de Nelson Johnson en el que se repasa una de las ciudades con mayor índice de corrupción de EEUU, aún a día de hoy, meca del contrabando de alcohol y del juego ilegal. Hablamos de Atlantic City. “¡Y ya está!” pensaron estos adinerados productores.

“Si el cabrón de David Chase” dijeron (más o menos) “no quiere continuar con The Sopranos, hagamos nuestro propio The Sopranos en otro lugar y en otro momento”.

Dicho y hecho. Boardwalk Empire (HBO) nacía como proyecto. Solo necesitaban unas caras reconocidas y algún vínculo que uniese ambas series, más allá de que ya llevaban la misma temática. Aquí es donde entran Terrence Winter, Steve Buscemi y Tim Van Patten. El primero escritor y productor ejecutivo de The Sopranos, el segundo es, además de lo anterior, actor en la serie y el tercero director en ambas series. Por supuesto contar con HBO no era un problema, al fin y al cabo, ¿qué sería del canal sin Tony Soprano y los suyos?

Una vez llegados a este punto se acaban las similitudes con The Sopranos. Lo que pasa es que no lo sabíamos entonces. No tengo cifras ni nada de eso. El presupuesto no me da para hacer una encuesta. Pero estoy seguro de que la gran mayoría de personas que desembarcaron en la costa de Atlantic City habían cogido el ferry un poco más al norte, en New Jersey. Yo soy uno de ellos. Todo en Boardwalk Empire sonaba a The Sopranos y, desde luego, no iba a perdérmelo. Ahora estamos bastante acostumbrados a las campañas promocionales a golpe de red social, teasers, episodios estrenados ilegalmente en la web… pero hace 4 años -que en series es mucho tiempo- aún no era frecuente. Los productores de Boardwalk Empire filtraron toda la información que pudieron y más. Eso sí, filtraron lo que interesaba. Así fue como rápidamente nos enteramos de la implicación, como productor ejecutivo, de todo un peso pesado del cine como es Martin Scorsese, de que el piloto será dirigdo por él mismo y de que este acababa de batir un record en gasto: 18 millones de dólares.

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Y eso no fue todo. Había un interesés muy interesado en hacer ver a Boardwalk Empire como la heredera natural de The Sopranos. Nos lo creímos. Aquí una prueba, a modo de noticia en 2008 -ojo, dos años antes de estrenarse el primer episodio-  y aquí otra. Por supuesto hubo quien alertaba del riesgo de utilizar una campaña promocional basada en otra serie anterior, pero para que nos vamos a engañar… nos estaban ofreciendo volver a ver The Sopranos.

 

Al final no había un tipo cualquiera

La ilusión se mantuvo durante un tiempo. El ritmo pausado de su primera temporada y de sus primeros episodios consiguieron crear un clima que nos recordaba, vagamente, a las primeras temporadas de The Sopranos. Además, la intervención de un casting recurrente -a parte de Buscemi- común con la mítica serie de David Chase potenciaba este idilio. Sin embargo, con el final de la primera temporada ya pudimos comprobar que había diferencias. Y muchas. La forma de desarrollar personajes, por ejemplo, era completamente distinta. Mientras que en The Sopranos el papel protagonista pierde minutos de pantalla para introducir a todo un coro de actores secundarios que, tarde o temprano, resultan vitales; en Boardwalk Empire no tenemos más que a Nucky Thompson y su “hijo adoptivo” como principales elementos de desarrollo. No me malinterpretéis, en Boardwalk Empire hay grandísimos segundos, y grandísimos actores que los interpretan, pero no guarda ni pizca de parecido.

Y no solo pasa con los personajes. También con las temáticas. Boardwalk Empire, atado por el contexto histórico en el que se sitúa, se ve muy limitada a la hora de introducir tantas temáticas como The Sopranos, la cual resulta un reflejo mucho más preciso de nuestra vida diaria -eso sí, desde la lupa de la mafia- y acaba resultando sencilla y excesivamente directa. No obstante, la serie estaba a bastante buen nivel y el hecho de que no se pareciese tanto a lo que nos habían prometido no era para tanto. O por lo menos eso pensé yo. El problema fue que los que pensaban como yo y yo nos quedamos en minoría. Al finalizar la primera temporada comenzaría una sangría de espectadores de la que nunca se recuperaría.

 

La pescadilla y su cola

A veces las series tienen una relación compleja y digna de psicóogo con los espectadores que la siguen. Este es un buen ejemplo. Mientras que The Sopranos nunca gozó de buenos datos de audiencia hasta bien avanzado el proyecto, cuando este ya estaba consolidado, por lo que no tuvo que variar en nada su estilo; a Boardwalk Empire le pasó todo lo contrario. Comenzó con una expectación tal que los datos de audiencia de su piloto ya eran, de por si, un escándalo. No duró. A partir del piloto, capítulo a capítulo las audiencias daban malas noticias. Cuantos más espectadores perdía, más impacientes se volvían los productores, deseosos de recuperar las cantidades ingentes de dinero gastado. La presión que debieron soportar los guionistas tuvo que ser fuera de lo normal. Y así lo demuestra el hecho de que se cerrasen historias demasiado pronto -el caso de la segunda temporada- buscando el impacto, pero perdiendo munición para futuras temporadas; obligando a la creación de antagonistas que hiciesen el contrapeso a Nucky Thompson en una temporada -Gyp Rossetti o Valentin Narcisse- sin que no hubiese una correlación con acciones en el pasado, como sí pasaba en The Sopranos. Aunque las interpretaciones y la integridad de estos personajes era más que palpable, no resultaba convincente y se asemejaba más a una serie de entretenimiento ligero que a un peso pesado de las series.

Esto, lejos de animar a la audiencia, aceleraba más su decadencia y, por consiguiente, la impaciencia de los productores. Y vuelta a empezar.

Y no solo la audiencia. La crítica, tan volátil como siempre, pasó de la euforia desmedida -incluso diría felatoria- a un pesimismo y una acidez nunca vistas. Su paciencia duró, exactamente, dos temporadas. Como ejemplo véase lo que pasa en los Emmy.

En sus dos primeras temporadas Boardwalk Empire cosechó numerosas nominaciones (6 en la primera y 3 en la tercera), sobre todo en las castegorías más importantes: mejor serie dramática y mejor actor principal de serie dramática, compartiendo cartel con algunas de las que ahora ya son consideradas clásicos. A partir de su tercera temporada es condenada al ostracismo y solo obtiene dos nominaciones, convirtiéndose una de ellas en premio para el actor de Gyp Rosetti, pero desapareciendo de las categorías principales. En la cuarta tan solo una nominación fuera de las categorías importantes. Un castigo más que injusto. Como suele ser habitual, ni la serie era tan espectacular como nos la quisieron vender, ni era tan mal como nos la quisieron hacer ver. Olvidándose, como lo hicieron, de Boardwalk Empire, se estaban privando de disfrutar de unas interpretaciones de lujo, de unos guiones muy sólidos y una puesta en pantalla digna de las mejroes películas.

 

¿Que no era The Sopranos? Bueno y qué.

…hasta que ya no puedas volver

Cuando se anunció el final de serie para su quinta temporada sentí una pequeña alegría. No porque la seríe se fuese a terminar, sino porque sabía que esta tendría un último momento de dignidad. Y así fue.

Una vez liberados de esa necesidad de enganchar a una gran audiencia y contentándose con los pocos que nos reuníamos semana a semana para nuestra dosis de crimen organizado serializado, se vivió una de las mejores temporadas de Boardwalk Empire. Rescataron cabos que habían quedado sueltos en esa carrera frenética por las audiencias tras la segunda temporada, diseñaron un final de altura para esta historia. No se dejaron nada en el tintero. Todo quedó bien atadado. Y que bien atado. Nos deleitaron con la explosión de muchos de esos personajes que siempre habían estado a buen nivel, pero que ahora tenían el momento para brillar. Nos regalaron momentos de referencia al cine de los años 30, sobre todo en lo que se refiere al papel de Al Capone, dibujándonos a ese héroe irreverente que pudimos ver en Little Caesar (1929), The Public Enemy (1931) y Scarface (1932).

Aunque guardaba unos parecidos intensos con el Scarface (1983) de Brian de Palma, conectándonos con otro Al, en este caso, Al Pacino.

 

Y el final…

Lejos de lo que pasa en él, que por motivos de spoiler no haré -este artículo no trata de eso-, nos quedó un magnífico sabor de boca. Y eso es curioso. Porque mientras lo normal hubiese sido que el pesimismo y la pesadumbre se hubiesen hecho dueños de esta última temporada, ya que la sería se acababa antes de llegar a dónde sus creadores querían llegar, nos encontramos con el mejor nivel de la serie. Conectando historias, desarrollando personajes y, en definitiva, usando el potencial y los recursos de la serie.

Vamos, como The Sopranos hubiese hecho.

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    8.6
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Manuel G. Crespo

Gallego, profesor y amante del cine de la gran y la pequeña pantalla. Solo hay una cosa que le motive más que ver series y películas: hablar y escribir sobre ellas. "Esta es mi opinión, si no te gusta tengo otra". Groucho Marx
Manuel G. Crespo
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5 Comentarios

  1. Hola!!, Boardwalk Empire es una serie cojonuda de principio a fin y para decir esto no hace falta que me meta con los Sopranos (por cierto, al final no la aguantaba).

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    • ¡Ojo! No me meto con The Sopranos, para mí The Sopranos es la mejor serie que he visto. Solo digo que en Boardwalk Empire jugaron mal sus cartas al tratar de vendernos lo que no era, sin tener en cuenta los puntos fuertes que sí tenían y que, a causa de eso, pasaron desapercibidos.

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  2. Aunque soy fan de Boardwalk Empire (Terence Winter), toda comparación con Los Soprano le va a hacer daño (solamente en diseño de producción supera claramente a Los Soprano). Las tres primeras de BE me encantaron, pero la 4ª se me hizo un poco pesada (todavía tengo la 5ª pendiente por pereza). Por A o por B, con BE tengo la sensación de que no se seguían las líneas argumentales que más me convencían. En cambio, con los Soprano no me pasó eso ni una sola vez, al contrario, con cada nueva temporada llegaban todavía más lejos que con la anterior.

    En fin, buen artículo, nos leemos por aquí

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    • Exacto, has resumido lo que pienso sobre ambas series. En Boardwalk Empire estuvieron demasiado preocupados por las audiencias y para cuando dejaron de esarlo, en la quinta temporada, consiguieron crear una buena serie. Una pena que no hubiese sido así en el resto de temporadas. Gracias por tu comentario.

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  3. Aunque también me gustó Boardwalk Empire si que es verdad que nunca llegó a ser tan redonda como los Soprano. David Chase consiguió un producto maestro, irrepetible. La sensación de que Boardwalk no supo enfocar, se perdió con subtramas y personajes que igual no hacían falta. Por no hablar de Jimmy Darmody, Richard Harrow, Owen Slater, Mr Rossetti, etc… grandes personajes

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