Basada en hechos reales

Una vida bien escrita es casi tan rara como una vida bien vivida”,  sostenía Thomas Carlyle, cuestionando la veracidad de un género excesivamente controvertido, por la profusión de desajustes e imprecisiones que habitualmente encontramos entre sus versiones histórica, literaria o cinematográfica: Tergiversaciones y manipulaciones que se ponen al servicio de una ideología concreta, de una gruesa intención de redimensionar a un personaje determinado o de hiperbolizar una serie de ideas que reduzcan el resultado a una única lectura final.

En The Iron Lady (2011), por ejemplo, Phyllida Lloyd diluye tanto el rol político de la primera ministra que acaba desdibujando al personaje hasta lo irreconocible. La pretendida búsqueda de una empatía popular que conecte con la parte humana de la protagonista (utilizando su enfermedad como principal hilo conductor) pasa por la pérdida de rigurosidad histórica, idealizando hasta la fantasía su relevancia profesional.

ironlady

Ese mismo año Clint Eastwood apuesta por todo lo contrario con J.Edgar, construyendo su relato en base a las sombras que todavía hoy enturbian esta sórdida biografía.

La vigorosa dirección incide en las contradicciones del hombre –de su historia- que fue capaz de inspirar temor, odio y admiración en partes iguales; y la elíptica narración evita caer en subjetividades dando voz a un octogenario protagonista que expondrá -a modo de alegato- su propia versión de los hechos.

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El esquemático patrón que Hollywood emplea para tan ambiciosas producciones parece idéntico en cada una de ellas: Encumbramiento, Declive y Redención son las tres fases que condensan un formato poco arriesgado, convencional y con graves tendencias al melodrama más sobreactuado.

Un género muy fértil, por otro lado, que parece fabricado exclusivamente para el lucimiento especial de sus estrellas, que suele jugar con una fotografía saturada de vistosos filtros y que a menudo se acompaña de una muy cuidada selección musical.

Es el caso de la multinominada The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014), muy similar a The king´s speech (Tom Hooper, 2010): ambas parten de un comienzo in media res  y avanzan apoyándose en continuos flashbacks que dosifican la carga dramática de manera ascendente, gestando la intensidad necesaria para las efectistas últimas conclusiones.

La vida de Alan Turing se matiza puntillosamente hasta convertirle en el ser asocial, obsesivo, engreído e incapacitado para el trabajo en equipo que no fue. La extraordinaria interpretación de Benedict Cumberbatch potencia la recurrencia dramática más característica de este género: la “excepcionalidad” del protagonista frente a la trivialización que sufren los demás personajes.

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The theory of everything (James Marsh, 2014), la gran adversaria de los Weinstein en los inminentes Oscar, se distancia de los ejemplos anteriores por la distribución de sus voces narrativas.

Basada en una biografía de la primera esposa de Stephen Hawking, este relato vital se centra en un período de tiempo muy concreto: el que él y Jane vivieron juntos. No hay miradas al pasado que justifiquen un presente, ni antagonismos sujeto-sociedad que le victimicen… tampoco se esfuerza en profundizar en su admirable trabajo o en su lucha incansable contra la enfermedad. Es más una conmovedora disección de su complicada historia de amor, cargada de buenismos, que reduce la excelencia del personaje a singularidades cotidianas. El resultado es una cinta mediocre que, sin embargo, nos regala uno de los mejores ejercicios interpretativos del año.

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En este sentido, el desafío es mayor cuando, como en este caso, el personaje retratado todavía vive y es, además, mediáticamente muy activo. The Social Network, Jobs (estrenada tras su reciente fallecimiento) o The Fifth State han merecido consecuencias muy dispares, teniendo en común únicamente su falta de apego a la realidad histórica. Mientras Fincher consigue una estimulante adaptación, jugando al despiste con el espectador y dotando de verosimilitud la falta de veracidad, las otras dos caen en imprecisiones, en borrosas intenciones y en maniqueísmos.

social

… Y a pesar de todo, el biopic goza de una estupenda salud. Las carteleras se llenan, año tras año desde que el cine es cine, con las apasionantes vidas de políticos, religiosos, músicos (maravillosa Amadeus), pintores o científicos llevadas a la gran pantalla por célebres actores, coordinadas por novedosos estudios de marketing e impulsadas gracias a productoras de renombre.

Un pequeño punto de voyeurismo, otro de mitomanía y una factura muy mainstream garantizan el éxito económico de las biografías cinematográficas, convirtiéndolas en uno de los géneros más recurrentes.

Maria Nymeria

Maria Nymeria

Subeditora y redactora en la Revista Tviso. "El cine es como la vida pero sin las partes aburridas" Alfred Hitchcock
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2 Comentarios

  1. Pues yo no soy de biopics pero hubo una de las peliculas que hablas que me parecio muy buena . LA RED SOCIAL es de las mejores peliculas que he visto en mucho . El guion de sorkin esta lleno de inteligenica , y luego la direccion de fincher el maestro , la bso de trent reznor … me parece muy completa y muy por encima ya no solo de los biopics en general , si no muy por encima de la gran mayoria de peliculas

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    • Sí, de hecho es -junto con Amadeus, I´m not there o Ed Wood- de los pocos biopics recientes que recomendaría 🙂

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