¡AVE CÉSAR!: Los Coen a medio gas

A estas alturas pocos directores levantan tanta expectación cuando presentan nueva película como los hermanos Coen. Sólo unos cuantos se me vienen a la cabeza (quizás Scorsese, Paul Thomas Anderson y puede que algún otro). Y menos directores, aún, hay que sean tan originales y sorprendentes como ellos. En una carrera que ya supera los 30 años, han tocado todos los géneros posibles, por lo tanto, adivinar qué es lo próximo que nos van a ofrecer, se antoja harto complicado.

ave

En esta ocasión vuelven a la comedia, formato estrella en su filmografía, que les ha reportado grandes satisfacciones profesionales. Y si bien sus últimos trabajos tienen algunos retazos, ¡Ave César! es un ejercicio completo en este estilo. “Un tipo serio” (2009) se acerca más a la tragicomedia, a la comedia negra entre medias de un drama de tintes épicos menores. “A propósito de Llewyn Davis”, de 2013, tiene ese aire de nostalgia que tan bien saben impregnar los Coen, pero los momentos cómicos se reducen a pinceladas puntuales. Hay pues, que retrotraerse a 2008, cuando se edita el último trabajo cómico íntegro de Ethan y Joel (“Quemar después de leer”). Por eso seguramente es, de  todas sus cintas, la que encuentro más similar a esta nueva entrega.

ave2

Con un casting de altura, ¡Ave César! es puro entretenimiento, del de palomitas de toda la vida, de los que te olvidas en cuanto sales de la sala del cine. Pero con pedigrí. Y con ese estilo, esa comicidad, ese punto extravagante que les ha definido a lo largo de toda su carrera.

El punto de partida es la desaparición de la estrella de la nueva película que se rueda en Hollywood. Ese Hollywood de los años 50. A pocas escenas para que el rodaje termine, el personaje que encarna George Clooney desparece y el jefe de la productora (Josh Brolin) se encuentra sin su máxima estrella y con la prensa husmeando. Esta es la trama principal pero no la única. Los hermanos Coen abordan otras pequeñas subtramas que sirven de inmersión en la época dorada Hollywood pero que hacen que el todo quede algo deslabazado, que la película sea una sucesión de escenas, algunas brillantes, eso si, pero que dejan al espectador con la sensación de que más bien ha visto el piloto de una serie de televisión y que los directores volverán a contarnos más sobre estos personajes.

ave3

De todas estas escenas que rodean el escenario principal, el que mejor parado sale es Alden Ehrenreich. Practicamente un desconocido para el gran público, sus escenas son las que más carcajadas han sacado del respetable, sobre todo la que comparte con Ralph Fiennes, que da vida al director de una película que se rueda en un estudio anexo. Por su parte, Channing Tatum, que rueda también otra película, esta vez un musical, juega un papel importante en la trama principal, la cual, de una manera rocambolesca al estilo “coeniano” envuelve a los rusos y a los comunistas.

Poca cosa sin embargo, se puede decir de Jonah Hill o Scarlett Johansson, cuyos papeles se reducen a meros cameos, una distracción más entre tantas ramificaciones que alargan la película un poco más de lo deseable. Tilda Swinton por su parte, da vida a dos gemelas y rivales que pelean por conseguir chismes para sus respectivas columnas peridísticas y que ponen en jaque al personaje de Josh Brolin, brillante en su papel de iracundo comedido a punto de estallar. Su escena con los patriarcas de las distintas religiones a los que le presenta el guión para que ningún espectador se sienta ofendida, es sin duda una de las mejores de la película.

ave4

Sin embargo, esta vez hay poco que rascar debajo de la superficie. Los Coen hacen un par de guiños interesantes: al gremio de los guionistas y de un manera muy sutil, no sabemos si con intención o no, hacen referencia al comentado romance entre un director y una gran estrella de la época, pero no hay dobles lecturas, dejas la película en la butaca. Son los Coen a medio gas. Pero claro, los Coen a medio gas siguen siendo mejor que el 70% de las películas que se estrenarán este año. Porque aún cuando su película se aleje bastante de sus cánones más altos (ese que tienen entre “El Gran Lebowski”, “Fargo” y “No es país para viejos”), siempre hay cosas que son una delicia. Esos planos que tan perfectos que parece que logran sin esfuerzo alguno. Esa recreación de la época que sumerge al espectador en Los Ángeles de hace 70 años. Esos personajes caricaturescos que rodean el punto de gravedad en el que se sostiene la película, en este caso el personaje de Brolin, y un sinfín de cualidades técnicas que todos conocemos de esta pareja. Aunque aquí su cámara se quede más anclada, tienda a ser más estática y conseguir planos de una simetría que recuerdan a Wes Anderson y los gags cómicos se pierden entre tanto discurso retórico.

En definitiva, una comedia con gusto, muy del estilo de los Coen, de elaboración cuidada pero de digestión ligera. Es lo que tiene tener un nombre consolidado en este mundo del cine, que incluso cuando te quedas a medias, y con ese talento, es casi imposible hacer una mala película.

Rubén Horcajuelo

Rubén Horcajuelo

La fotografía es verdad. Y el cine es una verdad 24 veces por segundo.
Rubén Horcajuelo

Latest posts by Rubén Horcajuelo (see all)

Escribir respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.