Arrow: A la cuarta tampoco va la vencida

Vienen siendo cerca de 3 temporadas y media -la cuarta y última ha rebasado ya su ecuador- las que llevo observando las correrías nocturnas del arquero y ex-multimillonario Oliver Queen pegando piruetas y dando saltos por los tejados de cartón piedra de Starling City, y sigo sin encontrar algo parecido a un actor verosímil en la acartonada expresión del rudimentario Stephen Amell, el musculoso jamelgo que le da vida. En Arrow todo está sujeto a cambios, el vestuario del protagonista que varía cada temporada, el equipo de héroes que le ayuda a combatir el crimen, el diseño de su guarida secreta y hasta la condición sobrenatural de algunos de sus nuevos enemigos. Nada ni nadie en Arrow se libra de los posibles giros de guión ni de los cambios en el tono del programa salvo la impenetrable expresión de piedra de su protagonista, tan dura e inamovible como sus abdominales.

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De entrada tampoco es necesario ni se le pide a un serial de evasión como éste un despliegue abrumador de interpretaciones, o no urge tanto al menos como poder conectar con la empatía de los fans del cómic original. Los guionistas Greg Berlanti y Andrew Kreisberg enganchan a un público adolescente granjeado de antemano por el target juvenil de los contenidos del canal donde se emite la ficción del arquero esmeralda, la estadounidense CW Network. La asimilación progresiva de elementos y personajes secundarios provenientes del material adaptado corre a cargo de la colaboración de otro nombre habitual en las colecciones y series animadas de DC Comics, Geoff Johns. O al menos así fue durante las dos primeras temporadas.

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Al principio la fórmula era sencilla y funcionaba. Aprovechar el tirón comercial de la bat-trilogía de Nolan e imitar su look oscuro y realista para borrar de un plumazo el colorismo naif de Flecha Verde durante su paso por Smallville. La premisa de la nueva serie era convertir a Oliver Queen en un justiciero chapado a la antigua, un matón de pocas palabras que aplicaba la justicia del ojo por ojo recurriendo casi siempre a la violencia extrema. Arrow nació con un tono deliberadamente negro y adulto que capítulo a capítulo lo convirtió en una ineludible cita semanal con el relato de venganzas más puro y auténtico.

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La aceptación general del público y los buenos índices de audiencia jugaron en contra del encapuchado de Starling City. La posterior necesidad de acrecentar aún más el número de seguidores ha degenerado en una sutil infantilización de las aventuras de Oliver Queen. No existiendo ya la premisa argumental de una vendetta para acabar con los enemigos de su padre muerto, el hombre bajo la capucha verde se convierte en un superhéroe al uso. No es que eso suponga un problema, de hecho es un efecto lógico sobre la esencia de un personaje que forzosamente ha de evolucionar conforme pasan las temporadas y la serie continúa en antena. El punto de inflexión que hace que nos cueste más reconocer el producto en que se ha convertido es la progresiva disminución de las peleas y la acción que antes eran sus señas de identidad para dar más cancha a empalagosas subtramas románticas -algunas de ellas absurdas, y a las que no me referiré para no lanzar spoilers– y la falta de un verdadero villano de enjundia como Malcolm Merlyn -convertido ahora en una parodia de sí mismo- o que inspire el mismo temor que el brutal Deathstroke antes de que se le relegara a vivir confinado en una prisión de alto riesgo en la isla de Lian Yu.

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Lejos de intimidar a nadie, el Damien Darhk de Neal McDonough parece más un reverso oscuro y regordete del mago Jorge Blas cuya peculiaridad más destacable es la habilidad de poder caminar con aires ladinos mientras mantiene los brazos permanentemente abiertos en jarra -este hombre debe tener los sobacos irritados- y repetir constantemente una expresión burlona que da a entender que está tramando algo o que guarda siempre un as bajo la manga.

Arrow -- "Blood Debts" -- Image AR410a_0200b.jpg -- Pictured (L-R): Neal McDonough as Damien Darhk and Stephen Amell as The Arrow -- Photo: Katie Yu/ The CW -- © 2015 The CW Network, LLC. All Rights Reserved.

No hay vuelta atrás. Arrow ha derivado en un inofensivo pasatiempo juvenil más parecido a una plataforma de lanzamiento de futuros spin offThe Flash, Legends of Tomorrow– que al relato hiperviolento con entidad propia que conocimos en sus comienzos, y ya no puedo evitar sentir que estoy ante una espídica y multivitaminada fiesta de disfraces en la que nunca ocurre nada verdaderamente relevante.

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No descartemos que el propio Joel Schumacher se ofrezca en el futuro a dirigir alguno de sus episodios. Si el mismísimo John Badham (Fiebre del Sábado Noche, Juegos de Guerra) se encargó de repescar a John Constantine en esta desconcertante y liviana cuarta temporada ya nada puede sorprenderme.

¡Salud!

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Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

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