85 años del nacimiento de Néstor Almendros

LaluzdelosfotogramasNestorAlmendrosTenía un nombre y un apellido que quizás carecían del glamour necesario para ser recordados. Siempre prefirió ponerse del otro lado de la cámara, realizando esa labor imprescindible ignorada la mayoría de las veces.

Siempre intentó trabajar con el menor número de elementos posible. Acabó siendo el técnico predilecto para Rohmer y Truffaut. Trabajó en la última película de Rossellini y estuvo en la última entrevista que concedió Chaplin en su casa.

Un instituto en Tomares (Sevilla) lleva su nombre; y una calle en Málaga también le guarda recuerdo.

Como muchos otros, estuvo en contra de las escuelas de cine.

Nunca dejó de usar ni cambió su primer fotómetro comprado en una pequeña tienda en Las Ramblas de Barcelona cuando era joven.

Trabajó en Francia, Alemania, Canadá, EE.UU, Inglaterra, Cuba e Italia, por nombrar los más representativos.

El COOB le encargó la fotografía sobre los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, que nunca pudo llegar a realizar.

Donó parte de su herencia a la Filmoteca Española, al departamento de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y a la Cinemateca Francesa.

Existen dos premios internacionales que llevan su nombre. Sigue siendo un referente mundial para muchísimos directores de fotografía y en nuestro país sigue siendo un desconocido para la gran mayoría, incluso para los que se declaran más cinéfilos.

El día 30 de octubre de 2015, Néstor Almendros, probablemente el mejor director de fotografía español que ha existido nunca, hubiera cumplido 85 años.

https://www.youtube.com/watch?v=8-6-j-xlBlk

Sus inicios:

Nacido en Barcelona en el año 1930, pasó no obstante la mayor parte de su vida en el extranjero. Hijo de un reconocido pedagogo llamado Herminio Almendros– que introdujo en el país el revolucionario método pedagógico de Célestin Freinet – y de una maestra llamada María Cuyás Ponsa – forzada a trasladarse a Huelva en 1944 por orden del aparato franquista para el proceso de depuración del Magisterio –, Néstor pasó su infancia junto a sus hermanos refugiado en el cine de evasión que con tanta pasión le mostraban todos sus familiares. Allí empezó a nacer ese amor por el que entonces era el entretenimiento de los pobres. Y allí también debió nacer uno de sus principios básicos como era el de defender ese cine de escape que permitió a muchísimas personas poder sobrevivir a la miseria del día a día que había en esos tiempos; un pequeño salvavidas al que agarrarse durante unas horas para poder soñar.

Al finalizar la guerra civil española en 1939, su padre se exilió en Cuba, donde trabajó sin cesar intentando obtener el dinero suficiente para traer a su familia. Cuando consiguió reunir el importe mínimo y los papeles, en 1948 Néstor fue el primero en viajar completamente solo en un barco lleno de inmigrantes rumbo a un país desconocido y junto a un padre que apenas recordaba de un par de fotos – hacía 10 años que no se veían y casi no lo conocía –; Néstor tenía 17 años. Poco después viajarían a la isla el resto de la familia.

heavenEn la Habana, Néstor descubrió una ciudad y un país totalmente distinto a sus ideas concebidas; fue una revelación. Lo asombraron la multitud de cines y que todas las películas estaban en versión original; lo asombraron los muchos periódicos, las revistas profusas y entre ellas las dedicadas especialmente al cine. Fue allí donde empezó a dar rienda suelta a su talento, primero escribiendo críticas de películas y captando esa nueva ciudad que se abría ante él; primero con estudiadas instantáneas, luego con la cámara de cine. Junto con sus amigos, en 1951 fundó la Cinemateca de Cuba, que debió clausurar en 1954 por la dictadura de Fulgencio Batista.

En Cuba obtuvo su licenciatura en Filosofía y Letras en 1955, y comenzó su carrera como director de fotografía y realizador de películas aficionadas, junto con el fotógrafo cubano Herman Puig, entre otros. Ese mismo año se marchó a Nueva York para estudiar cine en el New York City College, atraído por su arte y huyendo de la persecución del régimen de Batista. El curso siguiente estudió en Roma, en el Centro Sperimentale di Cinematografia; Almendros siempre consideró que fue un año perdido académicamente, en el sentido que nunca aprendió nada nuevo, aunque reconoce que aprendió a hablar italiano, hizo muchas amistades y pudo visitar cantidad de museos para estudiar la luz de los grandes maestros de la pintura en sus cuadros. En 1957 regresó a Estados Unidos, en donde enseñó español en el Vassar College (estado de Nueva York) durante dos años, en tanto que dirigía piezas teatrales de estudiantes hispanos en el Middlebury College.

Tras la Revolución cubana, volvió a la isla, donde rodó diversos documentales para el Instituto Cubano de Arte en Industria Cinematográfica (ICAIC), como Gente en la playa, (1961); sin embargo, al estar en desacuerdo con el gobierno surgido tras la revolución, abandonó el país en 1962, dirigiéndose a Francia, animado por la nouvelle vague. Cabrera Infante lo recuerda con estas palabras:

Néstor se fue de Cuba cuando la dictadura de Batista y regresó al triunfo de Fidel Castro. Casualmente había conocido a Castro al fotografiarlo en la cárcel de su exilio mexicano. Pronto se desilusionó al descubrir que el fidelismo era el fascismo del pobre. Tenía, me dijo, su experiencia en la España de Franco. “Esto es lo mismo. Fidel es igual que Franco, sólo que más alto –y más joven –”. Ambos habíamos fundado, junto con Germán Puig, la Cinemateca de Cuba, que naufragó en la política. Ambos fuimos fundadores del Instituto del Cine. Ambos descubrimos que era sólo un medio de propaganda manejado por estalinistas. Cuando la prohibición por el Instituto del Cine (ICAIC) de PM, un modesto ejercicio en free cinema que habían hecho mi hermano Saba y Orlando Jiménez, Néstor, que había devenido crítico de cine de la revista Bohemia, escribió un comentario elogioso. Fue echado de la revista en seguida. Esta expulsión fue su salvación. Poco después salió de Cuba por última vez.

Hasta ese momento, Néstor había dirigido seis cortometrajes en Cuba y dos en Nueva York. Pero Francia le aguardaba y él no era todavía consciente de cómo iba a cambiar su suerte.

 

La acogida en Francia:

Desde luego, cuando llegó a París, su vida no dio un giro de la noche a la mañana. Al principio Néstor pasó hambre, necesidades, malvivió en cualquier antro y subsistió a base de hacer documentales para la televisión escolar. Pasaron años antes de que lo invitaran a fotografiar un corto en una película de historietas. Juan Goytisolo, que lo veía a menudo por esa época, supo que llegó a dormir en el suelo de un cochambroso cuarto de hotel que alquilaba un amigo. Y para proseguir su vocación, llegó a rechazar una oferta de un lujoso colegio de señoritas americano (donde ya había enseñado en su segundo exilio), y persistió en su empeño en Francia.

La Nouvelle Vague ya no estaba en su máximo apogeo, pero sus directores seguían trabajando y el primero que se cruzó en su camino por casualidad fue Eric Rohmer, con quien colaboraría en todas sus películas entre 1966 y 1976.

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La coleccionista, el primer filme de éxito de Eric Rohmer, debió gran parte de su prestigio a la luminosa fotografía playera de Almendros, que mostraba un ojo privilegiado para los matices del color. Es sabido que los films de Rohmer no son nada fáciles, cargados siempre de intelectualismo y mensajes difíciles de plasmar en imágenes. Pero allí cobró importancia el trabajo de Néstor, que supo transmitir y dar sentido a todas esas imágenes existencialistas que el director francés buscaba.

Pero las películas de Rohmer no le aportaban lo suficiente para subsistir, y Néstor Almendros seguía malviviendo. Fue entonces cuando Barbet Schroeder, productor de las películas de Rohmer y director ocasional, lo rescató de la miseria y lo presentó por todo lo alto ante los demás realizadores de París. Con él, realizó el film More (1969) y produjo con mejores condiciones otras películas de Rohmer como Mi Noche con Maude (1969) y La Rodilla de Clara (1970).

Pero sin duda, la película que supuso un punto de inflexión en su carrera y le creó una reputación como director de fotografía fue El pequeño salvaje (1970), de François Truffaut, en la que Néstor rendía homenaje secreto a su primera pasión, la foto en blanco y negro. En el recuerdo queda ese magnífico juego de luces y sombras en donde el protagonista juega con la luz de una vela ante la que se siente fascinado. Truffaut contaba que supo que debía hacer la película en blanco y negro en parte por el enorme talento de Almendros en ese terreno y por la sensibilidad que podía llegar a crear con sus conocimientos.

 

Nestor-AlmendrosEn adelante, Néstor también realizaría la fotografía de la mayoría de películas de Truffaut, a quien admiraba con devoción desde que viera años atrás Los 400 golpes. Para Truffaut, Néstor Almendros se convertiría en su director de fotografía favorito y hombre de confianza. Juntos realizaron otras películas como Domicilio Conyugal (1970), Las dos inglesas y el amor (1971) o La historia de Adéle (1975).

En el mundo del cine francés se comentaba que uno de los motivos por los que usaban a Néstor una y otra vez era porque Néstor no sólo fotografiaba sus películas, sino que resolvía problemas de decorado, de maquillaje o de vestuario con su considerable cultura. Incluso reescribía los guiones. Trabajaba con el director antes y después de la filmación, enderezando entuertos que eran muchas veces del director, y hasta resolvía problemas de actuación durante el rodaje.

Su ascenso lo llevó por varios países, y el dominio de varias lenguas no hizo sino que abrirle aún más las puertas de par en par hacia el éxito y reconocimiento internacional.

Nunca un español mereció tanto un premio:

La madrugada del 9 al 10 de abril de 1979, miles de personas estuvieron atentas a un premio que pese a estar cantado y ser una garantía en todas las quinielas, suponía un reconocimiento meritorio por uno de los trabajos más bellos jamás realizados. No era el primer Oscar que ganaba un español, pero sí que suponía el reconocimiento a la persona que había llegado más lejos y aportado más a un arte que siempre amó.

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Citando al que fuera su íntimo amigo Guillermo Cabrera Infante: “Lo sorprendente es que Néstor anunciara que iba a agradecer el premio en español, además del inglés obligatorio. Con su curioso español, mezcla del que nació hablando catalán y un leve acento habanero, Néstor dijo dos o tres frases que no son citables. Lo que es realmente memorable es que un Oscar hablara español. Aparte de algunos actores puertorriqueños ganadores de premios, pocos habían tenido la oportunidad de destacar la contribución hispana al cine de Hollywood, y los que la tuvieron no supieron hacerlo. Néstor Almendros, que nació en Cataluña, que vive en Francia y que habla un excelente inglés, escogió el español porque es realmente la lengua de su mirada. Detrás de su visión hay una tradición que es decididamente española.”Nestor-Almendros3

Lo cierto es que el salto a Hollywood no podría haber sido mejor. Las circunstancias que llevaron a la realización de la hermosa cinta Días del Cielo (1978) no dejan de ser, por lo menos, curiosas. Néstor Almendros ya era un director de fotografía de prestigio en toda Europa, y estaba claro que los americanos se lo iban a rifar de un momento a otro. Por suerte, había un director en ascenso que con una sola película había marcado unas pautas y un lenguaje propio que buscaba exprimir al máximo. Terrence Malick admiraba muchísimo el trabajo realizado por Néstor en el film El pequeño salvaje, y estaba ansioso por conocerlo y decido a que participara en el proyecto que tenía entre manos. Dicho de forma simple y basta, se podría decir que se juntaron el hambre con las ganas de comer; el hambre de un joven director muy tímido y con alma de poeta y filósofo, con las ganas de grabar y grabar y grabar más imágenes de un artista que no parecía tener techo.

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Almendros quedó impresionado con los conocimientos de fotografía de Malick y su voluntad de utilizar poca iluminación de estudio – idea que era totalmente compartida por ambos–. Y otro punto que tuvieron claro fue inspirarse en la fotografía de las películas mudas, las cuales normalmente usaban luz natural. Además, según cuenta Néstor Almendros en su biografía, se inspiró en los cuadros del pintor norteamericano Andrew Wyeth para dicho trabajo. Todo auguraba un gran rodaje.

Pero surgió entonces un primer problema. Néstor, al no ser estadounidense, no estaba en el sindicato de trabajadores de la industria del cine ni poseía los papeles y documentos necesarios para trabajar en suelo americano. Solución: Malick y los productores acordaron que la película se rodara en Canadá, donde Néstor no tenía ningún problema burocrático. Allí empezaron las largas jornadas de preparación con el uso de lentes ultrasensibles para captar en su máximo esplendor el crepúsculo de la hora mágica. Un día entero de rodaje podía traducirse al final en grabar solamente durante 10 minutos y tener que esperar al día siguiente. Sólo hace falta ver los comentarios de John Bailey, uno de los operadores de cámara en la película, explicando las técnicas que usaron para obtener unas imágenes tan hermosas. Y es que hay una generación (perdón por mi escepticismo) que puede que ignore esa época en que no existían los cromas verdes ni los efectos por ordenador, y todo consistía en el trabajo manual y la paciencia los artistas.

https://www.youtube.com/watch?v=X4SmYoVj9Po

Por cierto, pocos años después, Néstor Almendros entró a formar parte de la American Society of Cinematographers (ASC).

 

Últimos años:

Ganar un Oscar le abrió de par en par las puertas del cine americano. Pero Néstor siguió compaginando proyectos europeos con otros estadounidense y con los suyos personales, sin detenerse nunca. En Francia lo llegaron a nombrar Caballero de la Legión de Honor.

Pero al parecer, era un secreto a voces que Néstor Almendros padecía una miopía tan perniciosa que le producía trastornos visuales serios. Pero como escribió uno de sus amigos, la visión escasa del fotógrafo era una muestra de cómo el talento convertido en vocación es una forma de amor que lo conquista todo.

2173014223_4cbcfcbdb8De sus últimos años destacan en EE.UU las películas Kramer contra Kramer (1979), El Lago Azul (1980) y La Decisión de Sophie (1982), por las cuales volvió a ser nominado al Oscar.

Almendros también realizó la fotografía para el documental sobre John Lennon titulado Imagine: John Lennon (1988), dirigido por Andrew Solt.

En Europa, destaca su participación en El Último Metro (1980), de Truffaut, con la que gana el César a la mejor fotografía, así como en la última película del director francés Vivamente el Domingo (1984); con Rohmer, realiza una última colaboración en el film Pauline en la playa (1983).

En el terreno personal, codirigió con Orlando Jiménez Leal, el documental Conducta impropia (1983) que revela la represión sufrida por los homosexuales bajo el régimen de Fidel Castro; y con Jorge Ulloa Nadie escuchaba (1984) sobre la supuesta detención, el encarcelamiento y la tortura de los ex compañeros de Fidel Castro. El escritor Cabrera Infante lo recuerda así:

“Pocos extranjeros (aunque Néstor era un cubano honorario, la mayor parte de sus amigos y muchos de sus enemigos somos cubanos) han hecho tanto, pero ninguno más, por la causa de Cuba. Fue Néstor quien alertó al mundo, gráficamente, cómo era la caza de brujas sexuales en la Cuba castrista con su Conducta impropia, en la que se hablaba y casi se veía por sus protagonistas los campos UMAP para homosexuales que Castró creó. Muchos podrían decir que le iba un interés en ello. Pero Néstor produjo otro documental, aún más revelador, en Nadie escuchaba, sobre los abusos contra los derechos humanos en la Cuba castrista. Fue este documental esencial para que se condenara al régimen de Castro en todas partes y sobre todo en las Naciones Unidas ahora. Como con Conducta impropia, Néstor había venido a estos proyectos por una visión que era una convicción: transmitía su horror antifascista, nacido en la España de Franco, pero reencontrado en la Cuba de Castro. Ahora mismo, ya herido de muerte, trabajaba junto con Orlando Jiménez, su colaborador de Conducta impropia, en un documental hecho de documentos sobre la vida, juicio y muerte del general Ochoa, la más propicia víctima de Castro.”

almendrosPero al margen de su cine de compromiso social, también participó en la realización de prestigiosos anuncios para Giorgio Armani (dirigido por Martin Scorsese – con quien también participó en el segmento Life Lessons que dirigió en el film Historias de Nueva York), Calvin Klein (dirigido por Richard Avedon) y Freixenet.

 

Fallecimiento y posteriores reconocimientos:

El 4 de marzo de 1992, a los 61 años, Néstor Almendros fallecía en su casa en la avenida Broadway de Nueva York por un linfoma a causa del SIDA que había contraído un año y medio antes.

Poco antes de morir, Almendros dijo que deseaba que sus cenizas “fueran llevadas a España y esparcidas en un lugar de los alrededores de Barcelona”. La noche anterior a su muerte el cineasta habló con plena lucidez con varios amigos, con quienes mantuvo conversaciones en las que evocó su niñez y su juventud. Con anterioridad, dijo que se sentía cansado de vivir en Nueva York y que deseaba volver a sus orígenes, a Barcelona, donde aún vivía su madre.

Un año antes de su muerte, Néstor Almendros había donado a la Filmoteca Española la claqueta de la película Días del cielo y dejado en depósito el cortometraje Gente en la playa. Pero no solamente tuvo ese gesto de cariño hacia los demás.

La Filmoteca Española figuró entre los beneficiarios del testamento del fotógrafo y cineasta. La herencia del artista barcelonés consistió en los derechos de autor del libro Cinemanía, según comunicó el bufete de abogados de Nueva York que tramitó las últimas voluntades de Néstor Almendros. Junto con la Filmoteca Española fueron también beneficiarios el departamento de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y la Cinemateca Francesa, así como una lista de 23 personas que comprendía a familiares y amigos del cineasta, varios de ellos españoles.

Tras su muerte no dejaron de sucederse los elogios y reconocimientos.

En mayo de ese año la editorial Seix Barral de Barcelona publicaba su último libro Cinemanía. Ensayos sobre cine, en el que el propio cineasta recopiló durante seis meses sus principales ensayos y estudios, dispersos en revistas especializadas de España, Cuba, Italia, Brasil, Francia y Estados Unidos, y que terminó 10 días antes de su muerte. (En la misma editorial publicó en 1990 la edición definitiva de Días de una cámara.)

La Filmoteca de Cataluña le rindió un homenaje en mayúsculas la temporada siguiente con un ciclo de sus películas con las mejores copias existentes, como bien recuerda el director del centro, Antoni Kirchner: “Soy testigo de lo perfeccionista que era Néstor, ya que asistió en Barcelona al estreno de Días del cielo y le dolió que se proyectara en un formato inadecuado”.

Lo cierto es que son muchísimas las anécdotas que circulan sobre su persona y que demuestran la sensibilidad y profundidad que tenía. Otra anécdota a su muerte la recordaba Ángel Fernández-Santos en un artículo:

Se dice de él que se comportaba como un purista. No admitía injerencias arbitrarias ni comercialismos. En cierta ocasión, cuando presentó su libro Días de una cámara en el festival de San Sebastián de 1982, exclamó en una entrevista filmada para una cadena de televisión: “Por favor, no me filméis con un gran angular. Va contra mi moral”. Esta frase ha quedado entre los axiomas de la pureza cinematográfica: la expulsión de la elaboración de una imagen de todo truco y de cualquier facilidad. Almendros se enfrentaba con los problemas de la creación de una imagen desde la máxima exigencia estética y su arte era una combinación infrecuente de exquisitez y eficacia: una delicada y armónica relación entre verdad, dramatismo y plasticidad que le convirtió en uno de los grandes creadores de luz de nuestro tiempo. “Quiero iluminar el fuego con el fuego”, dijo una vez. Alguien dijo de él: “Pinta la verdad con la cámara.”

Néstor Almendros supuso una gran pérdida de la que quizás nunca fuimos conscientes, y fueron otros países quienes nos lo tuvieron que recordar:

La asociación Human Rights Watch y la Film Society del Lincoln Center (Nueva York), crearon el Nestor Almendros Prize para premiar el coraje y el compromiso con los derechos humanos en la realización de una película.

Y el Istituto Cinematográfico dell’Aquila italiano y la AIC (asociación italiana de directores de fotografía) crearon el Nestor Almendros Award para directores de fotografía jóvenes. Pocos autores pueden presumir de semejantes honores.

Hoy hubiera cumplido 85 años. Hoy a lo mejor seguiría en activo. Hoy, quizás, alguien sentía la necesidad de rendirle un pequeño homenaje entre tanta fiesta cargante y ridícula importada; y pensó que valía la pena nombrar una de las mejores exportaciones que tuvo en el arte reciente este país.

  • Estreno: 1978 7.6
  • Género:
Bill y Abby, una joven pareja que, con el mundo exterior, pretende ser hermano y hermana viven y trabajan en Chicago a principios de siglo. Quieren escapar de la pobreza y el trabajo duro de la ciudad y viajar al sur. Junto con la chica Linda (que ac Leer más

 

Al Swearengen

Al Swearengen

Tengo la sensación que bueno y malo son palabras demasiado extremas que usamos a la ligera. No creo que la vida y la mayoría de cosas y personas en este mundo puedan ser expresadas en términos tan absolutos. Ni siquiera estoy seguro de si se pueden aplicar al arte, y menos aún al cine.
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