64 Festival de San Sebastián – Día 1

Esta nueva edición del festival de San Sebastián ha sido inaugurada con La doctora de Brest, drama legal basado en hechos reales que narra, o al menos lo intenta, los intentos de una doctora de retirar un medicamento tóxico para los pacientes que lo ingieren. Así, el festival daba comienzo con una película que intenta ser apasionante pero que es irremediablemente floja, y, sin llegar a ser insultante, resulta torpe en casi todos los sentidos; decisiones en la dirección – de Emanuelle Bercot – sencillamente incomprensibles, una construcción de personajes más que obvia además de bochornosa, un tono pseudocómico que resulta totalmente innecesario, un montaje atropellado y carente de elegancia y un uso de la música que no se atiene a ningún propósito concreto. Las actuaciones son del mismo palo, y la danesa Sidse Babett Knudsen, aunque salva los platos en los momentos dramáticos, se muestra innecesariamente histriónica, seguramente más por culpa de Bercot que suya. 

La película avanza a trompicones y Bercot introduce elementos incompresibles, como una supuesta relevancia de la familia de la protagonista que no lleva a nada y subtramas que solo sirven para reforzar de manera más obvia si cabe el carácter idealizado de la protagonista. Su metraje acaba resultando pesado, con pocos momentos que destacar, metáforas baratas a cada cual más resultona y una sensación de que se ha visto una película más de tantas, una obra absolutamente olvidable.

La_Fille_de_Brest

La segunda película que tuvimos oportunidad de ver fue ‘Toni Erdmann‘, galardonada en Cannes y que llega tras arrasar con críticas positivas en todos los festivales por los que pasa. Al festival de San Sebastián llega en la sección de Perlas, y no es para menos. Maren Ade ha logrado su mejor película hasta el momento, una comedia dramática de 2 horas y 40 minutos que en ningún momento resulta pesada, y con una sensibilidad excepcional que otorga a sus momentos dramáticos una honestidad y naturalidad espléndida. La buena mano de Ade para tratar las emociones y relaciones humanas le permite hacer una brillante disección de las relaciones paternofiliales ejemplificada en Winfried -y su inagotable alter ego Toni Erdmann- y su hija Inés. Lo que en principio parece una comedia sobre un padre que no puede evitar meter la pata constantemente y poner en aprietos a su hija -jefa de una importante consultora en Rumanía- se muestra como una compleja historia en la que, sí, hay mucho diálogos y situaciones hilarantes, pero los silencios son también muy importantes.

Alcanza niveles cómicos excepcionales para 5 minutos más tarde dejarte por los suelos con escenas cargadas de emotividad, debido en parte al encomiable trabajo de Maren Ade en la dirección de actores. Y aunque, al igual que sus anteriores películas, el plano formal no está -aparentemente- tan cuidado, se ven perceptibles progresos, sin esto limitar las capacidades narradoras de Maren Ade, que sabe controlar y modificar perfectamente el material que tiene entre manos. Sin duda, una de las mejores películas que veremos en el festival.

toni-erdmann

Más tarde asistimos a la presentación de ‘La idea de un lago‘, de Milagros Mumenthaler. La directora argentina vuelve con su segundo largometraje después de ‘Abrir puertas y ventanas’, con temas muy similares. Es posible que la perdida de un ser querido y la añoranza de un tiempo pasado se conviertan en tópicos dentro de su obra posterior, ya que ambas tratan estos temas; en mi opinión, ‘La idea de un lago’, con más fortuna.

Hablamos de una película que se sabe pequeña, pero de una belleza visual incontestable. Inés es una fotógrafa que rememora constantemente los recuerdos de juventud en los que pasaba las vacaciones en una casa junto al lago con su familia. Esos momentos, inmortalizados en grabaciones y fotografías, son el último resquicio de una vida más feliz que ya no volverá, y ella lo asume con melancolía. Así, la película nos embarca en un viaje introspectivo en el que sentimos invadir la intimidad de Inés, y su niñez, adolescencia y edad adulta se mezclan constantemente. Parca en palabras, Mumenthaler confía en el poder evocativo de las imágenes para narrar gran parte de la obra, con escenas imaginativas que consiguen por poco no resultar pomposas, pero saliendo finalmente victoriosa en su propuesta.

La-idea-de-un-lago-critica-locarno

Por último asistimos al pase de Neruda, la penúltima obra de Pablo Larraín que toma la famosa figura del poeta y senador chileno para narrar una obra extremadamente imaginativa, fresca y libre. El personaje de Óscar, interpretado excelentemente por Gael García Bernal nos narra en off la obra, y acaba robándole el protagonismo a Neruda, con su constante voz tomando el relato y moldeándolo para su beneficio.

Esta estructura metanarrativa hace plantearse a los personajes si realmente son importantes, cuál es su papel en la obra y reflexiona sobre si siquiera realmente existen. El filtro fotográfico similar al de su anterior película, ‘El club’, ayuda a generar este clima de realismo mágico, así como los cambios espaciales durante los diálogos. Pablo Larraín ha logrado la que posiblemente sea su obra más personal, con una libertad absoluta en la narración dando rienda suelta a todo artificio o efectismo que le resulte conveniente, mostrando una vez más su inmenso talento detrás de las cámaras.

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Borja Aranda

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