63 Festival de San Sebastián: Crónica del día 1

Regresión (Alejandro Amenábar)

La 63º edición del Festival de San Sebastián abre con la nueva película del director español Alejandro Amenábar, que, tras dedicar sus últimos trabajos a coquetear con el drama, decide volver a sus orígenes con una cinta que se enmarca en el género que lo hizo famoso: el thriller. Si la expectación por su primer trabajo en los últimos 6 años era grande, mayor ha sido la decepción, y es que cuenta su producto con muchos más errores que aciertos. Entre estos últimos destaca el interesante e inteligente planteamiento que, de forma similar a como hace en «Tesis» con la violencia, implica al espectador de lleno en el tema sobre el que decide hacer girar su película, que no es otro que el miedo y la histeria colectiva.

No obstante, pocas virtudes más pueden encontrarse en una cinta plagada de incomprensibles y mayúsculos errores, entre los que destaca la extraña obsesión de Amenábar por subrayar todo hasta el extremo. El director, que en sus primeros trabajos se había caracterizado por su talento para crear atmósferas inquietantes, aquí en busca de obtener lo mismo necesita de un uso abusivo de la música, de los efectos de sonido, del susto fácil y de hasta el último cliché de los peores thrillers. Por si este uso de los recursos más torpes no fuese suficientemente agotador, sus personajes sobreexplican hasta el último detalle de la historia y sus ridículos giros de guión se sustentan en elementos metidos en la trama con calzador.

Ni un reparto protagonizado por estrellas consigue salvar «Regresión» del desastre. Ethan Hawke, que ha conocido tiempos mejores, no tiene un solo momento acertado y Emma Watson está ridícula en el poco tiempo que aparece. Este desastre no sorprende a los detractores de Amenábar, pero sí a los que creemos que tiene talento, que no comprendemos el rumbo que está tomando su carrera. Y es que la película aún podría defenderse si no se tomase demasiado en serio a sí misma, pero el director trata de imprimir un tono tan tenso y dramático a la historia que ciertos sectores de la sala en algunos momentos no han podido contener la risa. No es que «Regresión» sea una película fallida, sino algo mucho peor: se trata de un thriller torpe de sobremesa más, uno como otro cualquiera.

Pikadero (Ben Sharrock)

La segunda película es el debut del escocés Ben Sharrock con una comedia marciana protagonizada por una joven pareja de vascos sin demasiados recursos económicos que buscan un lugar en el que consumar su amor. Si tendiésemos a las comparaciones locas podríamos considerarla una especie de mezcla entre el estatismo de Roy Andersson y el humor y el encanto de Wes Anderson, convirtiéndola a priori en una película atractiva. No obstante, pese a ser divertida en su primera parte, pronto termina cansando y la última media hora acabo dedicándola simplemente a esperar su final.

The Assassin (Hou Hsiao-Hsien)

El festival continúa con la proyección de «The Assassin», muy esperada tras las entusiastas críticas recibidas en Cannes por parte de algunos medios. Hou Hsiao-Hsien es un cineasta difícil, con un estilo muy particular que divide al público y que provoca ya algunas salidas a los pocos minutos de metraje. La nueva cinta del taiwanés debería gustar a sus devotos y disgustar a sus detractores, pues se mantiene fiel a su estilo y ofrece una propuesta de gran belleza visual y ritmo lento y contemplativo.

Desgraciadamente, al igual que me ocurre con algunos de sus anteriores trabajos –entre los que no incluyo la fantástica «Millennium Mambo»–, no consigo conectar demasiado con su esencia. Su apartado visual, pese a no ser de los más vistosos de su filmografía, es junto a su delicada mirada lo único que consigue engancharme a una película que observo desde fuera con interés y admiración pero nunca con entusiasmo.

Truman (Cesc Gay)

No es un gran mérito en un día lleno de decepciones, pero «Truman», la última película que he tenido la oportunidad de ver, se impone claramente como la mejor de la jornada. Y es que si Cesc Gay tuviese la mitad de talento como director del que tiene para escribir guiones, estaríamos hablando de uno de los cineastas más importantes de nuestro país. Sus personajes perfectamente construidos, sus diálogos naturales, ingeniosos, divertidos y certeros, su capacidad para construir historias encantadoras basadas en los problemas y dificultades de la vida de cualquiera de nosotros y su forma de retratar la vida lo convierten en un guionista absolutamente brillante.

Proyectaría «Truman» en doble sesión con algunos dramas sensibleros para enseñar a emocionar sin manipular al espectador. No hay música que subraye los momentos emotivos, ni una sola frase suena impostada, en ningún momento exprime el drama (significativo es que el director no sólo no busque el primer plano de la lágrima, sino que en más de una ocasión hace llorar a sus personajes fuera de plano), si «Truman» emociona es gracias al talento de Gay para llegar al espectador a través de una historia sencilla, de sentimientos humanos protagonizada por personas, y al buen hacer de unos magníficos Ricardo Darín y Javier Cámara.

El director, al igual que el protagonista, decide enfrentar un amargo y duro drama con valentía y buen humor. El encanto y la naturalidad son las piedras angulares de esta nueva joya de un director que ya atesora unas cuantas.

Álvaro Faure

Álvaro Faure

Estudio Ingeniería en el tiempo que mi obsesión por el cine, por la música y por la literatura me deja, o tal vez sea al contrario.

A finales del siglo XIX, una nueva forma de arte cobró vida. No existía nada similar... Se parecía a nuestros sueños.
Álvaro Faure

Álvaro Faure

Estudio Ingeniería en el tiempo que mi obsesión por el cine, por la música y por la literatura me deja, o tal vez sea al contrario. A finales del siglo XIX, una nueva forma de arte cobró vida. No existía nada similar... Se parecía a nuestros sueños.

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