20 años perdidos con Lynch en una carretera

El juego de palabras es malo, rozando lo pésimo; un servidor es consciente. Pero más penoso seria intentar dar una lección y disertación sobre una película para la que han pasado dos décadas y que define las principales características de un cineasta cuyo apellido ha devenido prácticamente un adjetivo usado por todo cinéfilo en algún momento, aunque quizás demasiado a la ligera y sin tener siquiera en cuenta las propias consideraciones de su autor o sus posibles atributos. Y es que David Lynch nunca ha querido entrar en el juego de explicar qué es lo que hace o por qué lo hace ni cómo se define; muchas veces incluso ni lo que significa. Y no lo necesita. Pero es indudable que hace ahora 20 años Lynch consiguió una nueva obra que con el tiempo dejó enganchada a su legión de fieles y le generó una nueva ola de admiradores atraídos por una historia críptica acompañada de una banda sonora potentísima e impactante. Porque Carretera Perdida (1997) bien merecía ser recordada tras 20 años.

En internet ya hay cientos y miles de comentarios y artículos. Cualquier película de Lynch tiene ese poder de generar el desarrollo de párrafos y más párrafos sobre lo que uno cree ver en pantalla y sus lecturas. Y en todos ellos siempre descubre uno algo interesante, algún detalle que se había pasado por alto o al cual no se le daba importancia y que otro ve como respuesta a una idea que le ronda por la cabeza. Se podría hacer un auténtico recopilatorio y saldrían probablemente enciclopedias enteras.

A esta fascinación por intentar traducir con palabras lo que sólo Lynch sabe poner sobre la pantalla se han apuntado desde anónimos hasta grandes autores, incluso David Foster Wallace intentó acceder con su propio estilo a todo ese mundo de Lynch que le fascinaba y trastornaba al mismo tiempo, escribiendo su popular artículo durante el rodaje de Carretera Perdida que no obstante demostró topar con cierto desagrado del director (quizás porque se sentó en su silla durante el rodaje o porque lo que vio en el set no tenía demasiado que ver con el resultado final de la película), pues en parte Foster Wallace también era consciente que cualquier intento rayando en lo académico para intentar deconstruir la idea de lo “lyncheano” termina perdiéndose por el camino y topándose con los muros del laberinto en el que se ha metido.

Y uno debe plantearse también por qué una película así no gustó demasiado en un primer momento y pasó desapercibida. Como todo, siempre hay un contexto, un pasado; y en el de Lynch, como siempre, es peculiar.

En 1995 Lynch había dejado atrás un lustro que le había generado las mayores ovaciones y abucheos de su carrera. Ovación por transformar radicalmente la televisión con Twin Peaks, a pesar de que terminaría confrontándose con los productores y disgustado por el rumbo que iba tomando la serie en su segunda temporada. Como es sabido, estos hechos le llevaron a volver a tomar todas las riendas del proyecto y terminarlo antes de lo que estaba previsto. Los verdaderos abucheos, por otro lado, fueron por los dos largometrajes que rodó durante esa primera mitad de la década. Corazón Salvaje (1990) se hizo con una de las palmas de oro más polémicas y cuestionadas en toda la historia de Cannes. La película no gustó ni a crítica ni público en general, tuvo un pase regular por taquilla (costó 10 millones y recaudó unos 14) y le dio a Lynch algún que otro dolor de cabeza por tema censura en su país. Pero para muchos, las peores críticas de su vida se las llevó probablemente su siguiente film, Fuego Camina Conmigo (1992), la precuela de Twin Peaks donde se analizaban los último días con vida de Laura Palmer. El fracaso de esta película supuso un varapalo considerable para Lynch, quien había optado por dar una visión más oscura y sin el humor de la serie que le había convertido en un maestro de la televisión. Sólo algún crítico que otro se atrevió a alabar sus últimas cintas. Por lo demás, Lynch emprendió algunos proyectos televisivos más con Mark Frost que nunca llegaron a buen puerto o fueron directamente cancelados al poco de emitirse.

USA. Park City, Utah. 1997. Director David Lynch and actress Patricia Arquette from the film “Lost Highway” at the Sundance Film Festival.

Así que Lynch buscaba un cambio, una salida tomando las riendas de un film que fuera de nuevo completamente suyo. Las ideas llevaban tiempo incrustadas en su mente pero no había manera de trasladarlas a la pantalla en un largometraje, pero es de suponer que sus meditaciones diarias le ayudaron a terminar de focalizarse. Y no sabemos si David Lynch en esa época seguía tomando sus 20 tazas de café al día – ahora sólo 10 y de su propia marca personal – o si realmente el subconsciente le jugó una mala pasada cuando al terminar el proyecto vio que hasta cierto punto la historia parecía inspirada en el caso de O. J. Simpson. En cualquier caso, el proyecto se puso en marcha y Lynch dio con las teclas que buscaba.

La película se presentó oficialmente en el Festival de Sundance el 24 de enero de 1997, aunque una semana antes ya se había visualizado en Francia y la región francófona de Suiza, además de su première en Los Ángeles. Al festival asistieron director y protagonistas rodeados de muchas expectativas, lo que acrecentó quizás la sensación de decepción. Las opiniones fueron muy diversas y desiguales, predominando cierta indiferencia y tibiez en público y crítica, quienes esperaban mucho más o por lo menos algo muy distinto de lo que vieron en pantalla. En España, la cinta llegaría el 17 de marzo de ese mismo año, pasando sin pena ni gloria por la cartelera. En general, se alabó su atmósfera, su uso de la música y los sonidos, y algunas de sus imágenes impactantes, pero se criticó duramente los otros aspectos y sobre todo su oquedad. Sin embargo, también los hubo más aventurados que se atrevieron a verla como la película más surrealista y original de su autor desde Cabeza Borradora, como otra novedosa narración apartada de los convencionalismos cinematográficos. Eso sí, la anécdota más conocida en cuanto a críticas se refiere en Estados Unidos vino de la mano de sus dos tertulianos cinematográficos más famosos, Roger Ebert y Gene Siskel, quienes dieron una reseña negativa con su famoso y habitual gesto de pulgares hacia abajo (y eso que aún faltaba mucho para Facebook). La contestación de Lynch fue rápida y contundente: dos razones más para ver Carretera Perdida. Cuando le preguntaron a Siskel por ese comentario, sólo pudo decir que le pareció mezquino.

Bill Pullman y Patricia Arquette tampoco parecían para muchos las opciones más indicadas para protagonizar una película de un tipo tan excéntrico como Lynch. Pullman venía de arrasar en taquilla el año anterior con Independence Day haciendo de presidente de Estados Unidos que salva al mundo, y Patricia Arquette parecía no poder sacarse de encima al personaje icónico de Amor a Quemarropa si bien era lo más destacable que había hecho hasta entonces junto a su papel en Ed Wood. Pero ambos dieron un paso adelante que sólo quedaría reflejado con el tiempo en sus carreras, pues Carretera Perdida fue un considerable fracaso comercial (la película costó unos 15 millones y recaudó 3,7). Dicen que Bill Pullman no sabía ni cómo tocar el saxofón cuando firmó para su papel, y solamente aprendió a tocar el particular solo que se marca durante la escena en el club nocturno, siendo realmente él quien toca a toda potencia como perdiendo el control.

No obstante, la situación más curiosa en cuanto al casting se refiere la puso Robert Loggia. Años atrás se había presentado a la audición para el papel de Frank Booth en Terciopelo Azul (1986) sin saber que Dennis Hopper ya había sido elegido, esperando durante 3 horas y cada vez más agitado sin que nadie le avisara. Al ver a Lynch y enterarse de la elección de Hopper, Loggia empezó a despotricar y vociferar injurias muy graves contra él y el equipo. Lynch recordaría durante años en su cabeza ese numerito y lo llamaría para pedirle actuar en Carretera Perdida, sabiendo que aprovecharía los sucesos del pasado para la escena de auténtica rabia desatada del personaje del Señor Eddy en mitad de una carretera. Eso sí, tampoco debería estar muy centrado ni fino Loggia durante el rodaje, pues el actor se olvidaba de los movimientos coreografiados en su gran escena de pelea con Bill Pullman, con el desafortunado resultado de que Pullman le golpeó en multitud de ocasiones accidentalmente por el despiste de Loggia. Aunque bueno, cualquiera se concentra después de asistir a un striptease personal de Patricia Arquette. (Seguramente las feministas me crucificarán por decir esto, pero esa escena hizo más por su carrera que todos los discursillos que diera posteriormente; pasando a la historia del celuloide)

Pero la historia del casting también tiene su parte triste, al menos para algunos de los secundarios que aparecían con mayor o menor relevancia. Porque Carretera Perdida fue la última película en la que actuaron Jack Nance, Richard Pryor y Robert Blake. Las circunstancias fueron muy diversas, pero el tiempo de nuevo pareció rodear a la película de cierto halo de maldición. Jack Nance siempre será recordado por protagonizar Cabeza Borradora (1977), pero también apareció en prácticamente todos los trabajos de Lynch hasta esa fecha. Nance siempre tuvo problemas de alcoholemia, pero Lynch siempre que pudo le dio una oportunidad para trabajar aunque fuera en pequeños papeles, manteniéndolo a su lado como buenos amigos que habían sido en sus inicios. Pero Nance había tenido que soportar también mucha presión, incluido el suicidio de su mujer unos años antes. El actor terminaría falleciendo el  30 de diciembre de 1996 a la edad de 53, sin poder llegar a ver estrenada la película, que sólo un par de meses después llegaría a las salas. Pese a todo, nos queda su pequeño papel como Phil el mecánico. Sobre Richard Pryor, que también hacía un papel muy pequeño en la película apareciendo en el taller mecánico, los motivos de su abandono fueron la esclerosis múltiple que arrastraba desde hacía años, unido a sus problemas de drogadicción. Pero el cómico negro era admirado por Lynch, y aunque apenas se le llegue a ver, Lynch lo tenía como uno de los personajes más carismáticos de Estados Unidos y deseaba trabajar con él. Pryor se retiraría por motivos de salud pero aún viviría otra década alejado de los escenarios. Y por último queda el más importante, seguramente el más desconocido e irreconocible en la película; el actor cuyo  personaje fascinó y puso la piel de gallina a más de uno. Robert Blake interpretó al comúnmente llamado Hombre Misterioso, un tipo cuya expresión y maquillaje es imposible de olvidar. Blake le llegó a decir a David Lynch que no le daría mucho la lata con el guión porque directamente no lo entendía, aunque sí dijo que sentía que su personaje era el Diablo. En todo caso, Robert Blake pudo hacerse responsable de la apariencia y estilo que tendría en el film. Así que un día decidió cortarse el pelo, se hizo la raya en el medio y se aplicó maquillaje blanco kabuki en la cara; luego se puso un traje negro y se acercó a Lynch, quien adoró el aspecto que había logrado. Pero más allá de lo que supuso su personaje, queda la auténtica historia de locura que le tocó vivir a Blake años después. Porque Robert Blake acabaría siendo acusado del asesinato de su mujer y llevado ante un tribunal, en un juicio que se alargaría y le llevaría definitivamente a la ruina y el olvido pese a terminar siendo declarado inocente. Para algunos, hasta cierto punto los hechos de Carretera Perdida se habían acabado mezclando en su vida real.

En todo caso, el título del film surgió cuando Lynch leyó la obra Night People, de Barry Gifford (el mismo escritor que la novela Corazón Salvaje) y le comentó a éste cuanto le gustaba la frase del libro donde aparecía “lost highway” para el título de una película. Ya desde antes, Lynch había deseado trabajar en un guión junto con Gifford a partir de todas las ideas que a ambos les vinieran a la mente. Gifford no había participado en la adaptación de Corazón Salvaje, pero había defendido a toda costa el trabajo de Lynch y la película ante los críticos que deseaban hundirlo y crear controversia y mala reputación alegando que era una adaptación pésima o había destrozado el libro y no tenía nada que ver. Gifford les jodió contestando que la película le parecía una maravilla, como una gran comedia musical muy oscura. Así pues, Gifford y Lynch iniciaron una tormenta de ideas. Pero la cosa fue un verdadero caos. Las ideas sobre las que debía tratar la película eran muy distintas para ambos, y acabaron rechazando no solamente las del otro sino las suyas propias. Pero según cuentan, en el último día de filmación de Fuego Camina Conmigo, Lynch estaba conduciendo a casa y pensó en el primer tercio de Carretera Perdida, hasta  el momento de “el puño golpeando a Fred en la estación de policía –  para estar repentinamente en otro lugar y sin saber cómo llegó allí o qué ha sucedido.” Después de contárselo a Gifford, ambos empezaron a escribir el guión. Los dos se dieron cuenta muy pronto de que debía ocurrir una transformación, y desarrollaron otra historia que tendría varios vínculos con la primera pero de la cual también diferiría. Fue durante este proceso de escritura de guión cuando Lynch dio con la idea de un hombre y una mujer en una fiesta, y mientras están allí un chico más joven se presenta, el cual “está fuera de lugar, no conoce a nadie allí, y viene con una chica más joven que conoce a un montón de gente. La chica lo está atrayendo hacia algo extraño, pero él no lo sabe. Y el chico empieza a hablar con este hombre que le dice cosas extrañas, similares a las que le dice el Hombre Misterioso a Fred Madison.” Lynch recuerda que el personaje “surgió de la sensación de un hombre que, real o no, daba la impresión de ser sobrenatural“. Gifford describe al Hombre Misterioso como “un producto de la imaginación de Fred” y  “la primera manifestación visible de la locura de Fred.”

Y sí, también queda por contar la famosa anécdota que dio pie a una de las escenas y frases más célebres. Casi todo el mundo la ha oído, pero ¿a quién no le recorre cierto escalofrío cuando alguien le dice “Dick Laurent está muerto”? Lynch explicó que esos hechos le habían ocurrido realmente. Un día llamaron al interfono de su casa y un desconocido simplemente dijo: “Dave, Dick Laurent está muerto”. Lynch nunca averiguó quién llamó, ni supo jamás de qué hombre hablaba, pero la experiencia y esas palabras le produjeron tal sensación que decidió incluirlas para una película. La lógica dictaba, como bien dijo Lynch, que en realidad aquel hombre quisiera hablar con un vecino que vivía justo al lado de su casa y también se llamaba David, de apellido Landers, y por tanto todo hubiese sido una mera confusión; pero claro, si te apellidas Lynch se espera que de un hecho tan raro acabes desarrollando todo un mundo secreto. De todos modos Lynch siempre ha tratado de mantener un grado de misterio sobre esos hechos.

La película se rodó a lo largo de 84 días, financiada por la productora francesa StudioCanal. Durante la filmación, la publicista de la unidad Deborah Wuliger dio con la idea de la fuga psicógena usada en el campo de la psiquiatría, y que Lynch y Gifford incorporaron posteriormente a la película. Lynch lo recordaba así: “La persona que la sufre crea en su mente una identidad completamente nueva, nuevos amigos, nueva casa, todo nuevo; se olvidan de su identidad pasada.” Casi todo el film se rodó en diferentes localizaciones de California, con las escenas del desierto filmadas en Nevada. Lynch usó su propia casa para recrear la mansión de Fred y Renée, diseñando el interior él mismo y seleccionando los muebles, la mayoría de los cuales eran suyos. Y de hecho, los tres cuadros que hay encima del sofá de Fred y Renée están pintados por la ex mujer de David Lynch. El interior del llamado “Lost Highway Hotel” fue grabado en el Hotel Amargosa, en Death Valley, del que se dice está embrujado.

El primer corte de la película duró poco más de dos horas y media. Después de una proyección con 50 personas, Lynch recortó 25 minutos de metraje, incluyendo una escena que retrata la autopsia de Renée/Alice.

Pero hablar del rodaje es también hablar de la excelente fotografía de Peter Deming, quien consiguió alcanzar el prestigio dentro de la industria gracias en parte a esta película, convirtiéndose también en un habitual colaborador del cine de Wes Craven y Sam Raimi. Con Lynch volvería a trabajar años después perfeccionando su técnica en Mulholland Drive (2001), y en breves podremos ver su nueva colaboración con la continuación de Twin Peaks.

Y cómo no, hablar de Lynch suele significar hablar de música, y ambas casi siempre van asociadas al nombre del compositor Angelo Badalamenti, quien se encargó una vez más de la banda sonora de la película. A su nombre hay que añadir el de otro de los grandes de la música, pues Trent Reznor también participó en la composición de algunos temas y la búsqueda de sonidos. Pero no solamente eso, sino que además se puede considerar que la banda sonora fue la salvadora y divulgadora de la película en los años siguientes, consiguiendo que a día de hoy goce del prestigio que tiene, pues el boca a boca sobre algunas de las canciones o las nuevas bandas que ponían sus temas reportó una fama que sigue a día de hoy, y que lanzó al estrellato a grupos como Rammstein fuera de su país. La banda sonora llegó al puesto número 7 en la lista Billboard 200, vendiendo más de 500.000 copias en Estados Unidos. Y lo más genial es saber que todos deseaban poder colaborar en un proyecto personal con Lynch.

Durante años, Trent Reznor había tratado de ponerse en contacto con Lynch para ver si estaría interesado en dirigir un video para su banda Nine Inch Nails, pero no tuvo éxito. Después de su trabajo en la banda sonora de Asesinos Natos (1994), Reznor recibió una llamada preguntando si estaría interesado en hacer lo mismo para Carretera Perdida. Reznor habló con Lynch por teléfono y el cineasta preguntó si también estaría interesado en componer música original para la película. Cuando Reznor estuvo de acuerdo, Lynch viajó a Nueva Orleans, donde vivía el músico, y juntos crearon la música que acompañaba las escenas en las que Fred y Renée miraban las misteriosas cintas de video, una nueva canción llamada “The Perfect Drug“, y “Driver Down“, una canción que aparece al final de la película. Reznor también produjo y montó el álbum de la banda sonora.

La banda Rammstein también se había mostrado ansiosa de poder trabajar con David Lynch. Según se dice, el grupo le envió el disco Herzeleid para saber si podría dirigir el videoclip de la canción “Rammstein”, pero Lynch alegó que no disponía de huecos. Sin embargo, pasado un tiempo Lynch les preguntó si podía usar su canción en la película, a lo que éstos respondieron sí encantados de la vida. Además de la canción ya citada, que terminó usando en su videoclip  muchos fragmentos de la película, también suena la canción “Heirate Mich”. Junto a ellos también desfilan nombres ilustres como David Bowie con la canción “I’m Deranged”, que suena tanto al inicio del film como al final de los créditos, con diferentes versiones. Otras canciones que incluye la banda sonora son “Eye”, de los Smashing Pumpkins; “Insensatez” de Antonio Carlos Jobim; “This Magic Moment”, una versión que hace Lou Reed del tema de Doc Pomus y que Gifford le descubrió a David Lynch; “Song for the Siren”, de This Mortal Coil, la cual Lynch llevaba años queriendo utilizar para una película. Esta canción suena cuando Fred/Pete hace el amor con Renée/Alice. Lynch originalmente quería usar esta canción en su película Terciopelo Azul, para la escena donde Jeffrey y Sandy bailan en la fiesta, pero en ese momento no pudo obtener los derechos de la canción. Sin embargo, Lynch encontraba tan asombrosa esa canción que con los años volvería a pensar en ella, y cuando tuvo la oportunidad no se lo pensó dos veces para usarla. Y claro, nos queda la participación de Marilyn Manson, el artista/personaje inclasificable cuya colaboración con Lynch no se limita a varias canciones para la banda sonora, sino que también aparece en una de las grabaciones finales de la película con uno de los miembros de su banda, Twiggy Ramírez, no hace falta recordar haciendo qué. Manson ya tenía incluso avanzada otra colaboración con Lynch para la serie Mulholland Drive, que al final quedó en nada al suspenderse el proyecto y terminar convirtiéndose en una película.

Así que sí, visto lo visto, comprensible que Lynch siga siendo admirado por muchos por su gusto musical. Y comprensible también que las legiones de fans del autor aumentaran años después, coleccionando la cinta en donde las cintas de vídeo tenían un papel clave. Y digo la cinta porque aunque sorprenda, la película no tuvo un estreno oficial en DVD en los EE.UU hasta el año 2008, concretamente un 25 de marzo. Es cierto que en 2003 se había lanzado una edición en DVD en Canadá, pero en un formato de pan&scan usado para una versión anterior en VHS.

Con todo, pese a las críticas recibidas desde su estreno en cines, Carretera Perdida se ha convertido en una película de culto y es enormemente admirada por algunos críticos. En el año 2003 incluso los compositores austríacos Olga Neuwirth y Elfriede Jelinek convirtieron la película en una ópera, basándose en el guión de David Lynch y Barry Gifford. Según se dice, el primer acto de la ópera es con palabras habladas, mientras el segundo es todo cantado. Por todo ello, y con el estreno ahora en cines de un documental que explora el día a día de Lynch como persona, valía la pena revisar en estas líneas el aniversario de uno de sus trabajos.

Para poner fin, no está demás añadir que, sorprendentemente (y no sé si a más de uno le habrá pasado), Lynch al principio nunca fue demasiado de mi agrado. Mejor dicho, adoraba el Lynch de historias sencillas como El Hombre Elefante o Una Historia Verdadera, pero me desagradaba y hasta cierto punto incluso me aburría el autor en sus films más desatados y oníricos. Quizás en parte porque lo que nos desconcierta y lo que no entendemos muchas veces no nos gusta por esas razones, y a veces incluso lo odiamos, y despreciamos por no entenderlo. Con Carretera Perdida la experiencia la primera vez fue un poco esa. Pero luego las imágenes de Lynch siguen acudiendo a la mente, sus escenas siguen apareciendo sin que sepas muy bien cómo pueden tener tanta fuerza. Y cuando le das otra oportunidad, puede que aquello que al principio disgustaba se transforme radicalmente y termine atrapándote. Aún así Carretera Perdida no es de mis favoritas de su director, pero sí que cada vez que la reviso consigue aumentar mi interés por ella; aunque con cada revisión también me parece mucho más sórdida de lo que recordaba. El mundo oscuro de Lynch provoca un miedo que quizás aterrorice por estar latente en los seres humanos. Él es un hombre tranquilo, sereno, y muestra el lado más escalofriante y truculento a través del cine. Lynch proyecta imágenes difíciles de olvidar por razones de distinta índole. Atrapa al espectador que está dispuesto a dejarse llevar si se olvida de convencionalismos. Y crea imágenes que al menos yo no puedo borrar de mi cabeza (esta vez no es un juego de palabras hecho a propósito).

Al Swearengen

Al Swearengen

Tengo la sensación que bueno y malo son palabras demasiado extremas que usamos a la ligera. No creo que la vida y la mayoría de cosas y personas en este mundo puedan ser expresadas en términos tan absolutos. Ni siquiera estoy seguro de si se pueden aplicar al arte, y menos aún al cine.
Al Swearengen

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