1864 – La serie más cara de Dinamarca

Los spoilers de 1864 están avisados antes de producirse… que no llegue la sangre al río.

Desde hace unos años, poner juntas las palabras «series» y «nórdico» es una garantía de éxito. En el último lustro las producciones nórdicas, en especial las danesas, han desafiado la hegemonía británica y estadounidense que tradicionalmente domina en esto de la creación audiovisual, especialmente en televisión. Series como Bron/Broen (Danmarks Radio y ZDF), Borgen (Danmarks Radio) o Forbrydelsen (Danmarks Radio) avalan mis palabras. Aún así, la temática, centrada mayoritariamente en el thriller, como la forma de comunicarlo, caracterizada por una especie de Neo Noir, hacen de esta oleada de series nórdicas muy parecidas las unas a las otras sin aparecer nadie que se hubiese atrevido a romper las barreras de lo que funciona por intentar crear algo nuevo.

Este año se cumple el 150 aniversario de uno de los acontecimientos más trascendentales en la historia reciente de Dinamarca, en el cual el viejo país medieval murió, para no volver, y de sus cenizas renació el moderno país que hoy día existe. Para su celebración el canal Danmarks Radio, que como vemos va camino de ser la HBO danesa, encargó una miniserie histórica que recrease este acontecimiento: la Guerra de los Ducados. Como no podía ser de otro modo, la serie lleva por nombre 1864.

Serie coral como concepto

Sin duda lo que más llama la atención de 1864 es la falta de un protagonista claro. De hecho, esa es la idea de la serie. La auténtica protagonista es la Dinamarca que murió en esa guerra y como con ella toda su población sufrió de diferentes modos. A diferencia de lo que suele pasar en cualquier serie histórica, aquí las tramas más individuales de cada personaje se conjugan a la perfección con el contexto que se trabaja. De este modo se nos presenta ante nosotros todo un coro, en el cual se ven reflejados los más distintos estamentos y clases sociales habidos en la Dinamarca de hace 150 años.

Por un lado tenemos a las clases más populares y sufridoras de los dos conflictos bélicos aquí relatados -el primero de ellos está finalizando al inicio de la serie- encarnadas en dos hermanos: Peter Jensen (Jens Sætter-Lassen) y Laust Jensen (Jakob Oftebro). Junto a ellos también encontramos a Inge (Marie Tourell Søderberg), vecina de ambos, pero de una procedencia más acomodada y siendo la representación del papel de la mujer sufridora de la guerra. Además, Inge sirve de enlace entre la historia del pasado, de hace 150 años, con el presente que se nos muestra a modo Severin 1864de flashbacks. En estos flashbacks se juega con el cambio habido en estos tiempos, para bien o para mal, a través de los personajes de: Severin (Bent Mejding), el descendiente de un antiguo noble de la zona y que está completamente arruinado, y Claudia Henriksen (Sarah-Sofie Boussnina), una adolescente que encarna el desinterés de la juventud por el pasado, pero que sufre -a su modo- los nuevos retos de Dinamarca, los cuales atravesarán esta particular historia gracias a un diario escrito por Inge. Junto a todos ellos tenemos otras representaciones de diferentes realidades históricas y culturales del reino, con pretensiones de imperio, que murió en la guerra contra Prusia.

Crudeza y realismo bélico

Si llegas a 1864 esperando ver una serie bélica cargada de acción, al estilo de The Pacific (HBO) o Band of Brothers (HBO), es mejor que te des la vuelta. De sus 8 episodios, cuatro transcurren en un pasado anterior a la guerra y tratan sobre las causas y el delirio colectivo previo al conflicto, en el que el chauvinismo recorría la sociedad danesa como un torrente imparable. En estos cuatro primeros episodios presenciarás más un drama político y social, con una recreación histórica impecable, que algo perteneciente a los terrenos de Marte.

No obstante, pasado el ecuador, la cosa cambia. De hecho, su quinto episodio se caracteriza por una violencia y una crudeza inusitadas. Pocas veces he visto escenas de acción más duras que las que presencié en esta serie. Tampoco creáis que caen en lo morboso o lo puramente violento para captar más espectadores. Toda la violencia aquí vista se caracteriza por un realismo muy impactante, cargadísimo de efectos que te trasladará directamente al frente de Schleswig.

Esta violencia descarnada se entremezcla con escenas sacadas de lo mejor del cine bélico y con el desarrollo de personajes más intimista y ambiguo posible, utilizando la representación que todos ellos ejercen sobre la sociedad danesa. Además, el conflicto se nos presenta en los dos frentes posibles, representando al bando prusiano uno de los actores más reconocidos de la serie, interpretando a un joven idealista alemán: Peter (Ludwig Trepte); al cual pudimos ver en otra miniserie histórica: Unsere Mütter, Unsere Väter (ZDF). Aprovechando que hablamos de los diferentes puntos de vista nacionales que se encuentran en la serie, encuentro la oportunidad perfecta para hablar de lo que creo que es todo un logro a destacar y que se debería tener más en cuenta. Estoy hablando de los idiomas empleados en la serie. Por lo general estamos acostumbrados a que en toda producción cinematográfica o televisiva, el papel ideomático brille por su ausencia, cayendo en una homogeneización lingüística a base de Inglés o Castellano; especialmente sangrante en las piezas históricas. En 1864 esto no sucede. Los personajes prusianos hablan alemán, los gitanos hablan romaní, los ingleses hablan inglés y los daneses usan el danés; reflejando una realidad, como cualquier otra, de la época histórica en la que nos encontramos. Sin duda esta es ya una característica de las producciones danesas, en las cuales ya pudimos ver en Bron/Broen, el uso combinado del danés y el sueco.

No es oro todo lo que reluce… o tal vez sí – Leves spoilers sobre una de las tramas de la serie

Hasta el momento todo son buenas palabras sobre la serie.

Entramos en aguas pantanosas. A la hora de escribir esta crítica/recomendación hubo un aspecto sobre el cual he tenido que reflexionar mucho. Y no he sido el único, por lo visto. Todo lo que he escuchado sobre esta serie, una vez vista, fue sobre lo polémico que resulta una de las historias abiertas. Me refiero a la trama que afecta a Johan (Søren Malling). Johan es un farero y excombatiente del primer conflicto. Se nos presenta en el cambio de tercio de la serie, cuando pasa de ser un drama familiar a una cinta bélica, como uno de los soldados del regimiento de los hermanos Jensen. Desde el principio se nos deja caer que pasan cosas raras a su alrededor, como atribuyéndole la capacidad de leer el futuro. Sin embargo, con el paso de los capítulos la cosa se va complicando más. Clarividente, ilusionista y sanador, son tres de los oficios que se le adjudican así de libremente.

Si ya visteis la serie sabéis perfectamente a lo que me refiero y si no, deberéis verlo para entenderlo. Sea como fuere, el papel que ejecuta este soldado resulta muy desubicado y poco clara en lo que la historia es, con todo su realismo. Debo decir que sentí lástima cuando vi esta parte de la historia. Me entristeció el hecho de que con ella se ensuciase una producción tan limpia e impecable como la que había visto hasta el momento. 

Como digo, llevo varias semanas con esta serie en la cabeza y con esta trama rondándome todo el tiempo. «¿Cómo puedo escribir sobre lo bueno de 1864 y olvidarme de esta trama?» pensaba. En una de esas llegué a darme cuenta de un detalle que, tal vez, pudiese explicar lo que pasa. No sé si aquí está influyendo más mis ganas de ver el producto como algo bien atado y con ello se me está nublando el juicio, pero me niego a pensar que algo tan maravilloso como 1864 cometiese un error tan grave como la historia de Johan es.

El detalle en el que pensé es el hecho de que toda la serie se nos cuenta desde un punto de vista muy subjetivo. Al fin y al cabo, todo transcurre a través de lo que Inge nos cuenta en su diario, por lo que se me plantea la siguiente duda: «¿Cómo llegó Inge a saber todo lo que pasó en el frente cuando ella no estuvo allí?». Evientemente alguien se lo contó. Si algo sabemos sobre la naturaleza humana es que esta trata de encontrar explicaciones a cosas que no la tienen o intentamos ver realidades que de verdad no existen -como tal vez esté haciendo yo ahora mismo-. En una guerra hay muchas de estas situaciones que, simplemente, suceden y para hacérnoslo más digerible le damos una capa de pintura. Estoy seguro que comprendéis lo que digo. Al fin y al cabo las religiones se fundamentan sobre esta idea, como tan bien nos lo explicaba Piscine Molitor Patel en Life of Pi (2012). Lo que trato de decir es que todo lo sobrenatural que sucede es una forma de iluminar un poco aquello en lo que solo hay oscuridad o, los milagros nacen cuando una historia se cuenta por segunda vez. Si os fijáis, en 1864, a través del personaje de Didrich (Pilou Asbæk) también se juega con la idea de la guerra contada a una audiencia que no la ha presenciado, cuando este sorprende a los jóvenes de la aldea con su heroica participación contra los prusianos en la primera guerra; por lo que, llego a la conclusión de: «y si todo va sobre lo que le contaron a Inge».

La explicación no es lo mejor o más elaborado del mundo, pero por lo menos me permite no decir que la serie es una mierda y poder disfrutar un poco más de las virtudes -que las hay- de esta primera superproducción danesa.

Si estás pensando en ver la serie deberías… 

Sin duda 1864 es una obra maestra. Más allá de lo que comento en los últimos párrafos, la narración y el desarrollo de la serie es impecable. Eso sí, como toda obra maestra requiere un esfuerzo por parte del espectador. Quien os escribe es un amante de la historia qué, sin embargo, se sintió bastante perdido en la cadena de los acontecimientos aquí relatados. La trama está plagada de referencias a conocimientos que uno debería conocer antes de embarcarse en ella, o no entenderá de qué le están hablando.

Para aquellos que estáis pensando en ver la serie, os hago un pequeño resumen de cómo estaba la cosa en los tiempos en los que se ambienta esta serie.

Sacro Imperio Romano Germánico y su evolución

En los inicios de la Edad Media, en los territorios del norte del extinto Imperio Romano se intenta una reconstrucción de este ya olvidado esplendor, a través de la creación del Sacro Imperio Romano Germánico, el cual acabó más bien siendo una amalgama de pequeños reinos que eran controlados por un emperador. Dicho Imperio perduraría casi 900 años hasta que fue destruido por otro emperador: Napoleón Bonaparte, en 1806. Tras la caída de este, los reinos se alinearían nuevamente en lo que se llamó Confederación Germánica. En ella la corona Austríaca gozaba de la presidencia y el respeto ancestral, pero no por mucho tiempo. De todos los diminutos reinos que componían dicha confederación había uno que prosperara notablemente en los últimos siglos.

Confederación germánica en 1815

En origen Prusia no era más que uno de los reinos más exteriores e insignificantes del Sacro Imperio, pero con el tiempo y gracias a un montón de matrimonios y herencias afortunadas pasó a convertirse en uno de los reinos más extensos de la zona en el siglo XIX -representada en azul cián en el mapa-. Además, su desarrollo industrial era único y pronto sus intereses económicos le hicieron chocar con las formas anquilosadas y anticuadas de la monarquía de Austria. Todos los pequeños reinos debían escoger entre el potencial económico prusiano o la tradición y el poder político austriaco.

En este contexto, el Antiguo Régimen estamental llevaba casi un siglo muriéndose, dejando en su lugar la idea de nación y el nacionalismo como nueva ideología. Dinamarca no era más que un pequeño reino periférico en el cual su rey era también el heredero de un pequeño ducado al sur del país: Schleswig-Holstein -en verde en el mapa anterior-. Este ducado pertenecía a la Confederación Germánica, pero estaba regido por un monarca danés. Esta singularidad haría estallar una primera guerra, la cual no llegamos a ver en la serie, pero sí vemos sus consecuencias en los primeros episodios. Tras esta primera guerra, la superioridad militar prusiana es patente y Dinamarca se ve obligada a firmar un tratado, por el cual el rey danés tendrá solo un poder limitado sobre el ducado.

A la luz de estos acontecimientos, a lo largo y ancho de Dinamarca comienza a recorrer un sentimiento nacional nunca visto, llegando a los extremos de asegurar que el suyo es el pueblo elegido por dios -justificándolo con la leyenda de que su bandera: Dannebrog descendió del cielo-, como podemos ver en la escena de escuela en los primeros episodios. Del otro lado de la frontera la cosa está más o menos igual. La Confederación Germánica pasa de ser una amalgama de territorios a una cosa de dos: Prusia y Austria. Por otro lado, la idea de nación alemana aún no existía como tal, pero sería necesario crearla por motivos económicos. Alemania -y cuando digo Alemania, quiero decir Prusia- a diferencia de las otras potencias industrializadas del momento: Gran Bretaña y Francia, no presentaba unos mercados internacionales en los que colocar sus productos y su comercio interior también se veía perjudicado por la existencia de múltiples territorios, con aranceles económicos y bases impositivas diferentes en cada uno de ellos. Esta unificación sería obra de Otto von Bismarck (Rainer Bock en la serie). Sin embargo, en el momento en el que nos encontramos de la historia, Prusia era una potencia territorial y comercial, pero no militar. Sería gracias a guerra como esta en las que Prusia se forjaría un nombre militarmente, gracias a su capacidad industrial y a la aplicación del mismo al terreno belicoso, como vemos en la serie con la aplicación de la tecnología punta del momento a la construcción de cañones. Bismarck vería en la guerra contra Dinamarca, un rival claramente inferior, una oportunidad para poner a prueba sus nuevas armas, como lo describe el personaje de «ficción» en 1864. Por otro lado, los austriacos, que ya estaban moscas con el peso político y económico de Prusia dentro de la Confederación Germánica, no fueron capaces de anticipar lo que iba a pasar y apoyaron ciegamente a Prusia en este conflicto bélico, sin saber que sus compañeros de campaña estaban analizando pormenorizadamente los tiempos, las técnicas y las armas austriacas. Tan solo dos años después se produciría el inevitable enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo en la Guerra austro-prusiana; que, ahora sí, crearía la primera nación alemana.

En la serie intervienen otros agentes a mayores de Dinamarca, Prusia y Austria. En concreto, la corona británica aparece como un órgano mediador entre ambos bandos. Los británicos ostentaban el poder económico militar, martítimo y económico de la época, por lo que eran la referencia mundial en ese momento -algo así como EE.UU. ahora mismo-. En la serie vemos como la reina y su gobierno negocian con ambos bandos y opinan sobre el conflicto. Gran Bretaña estaba muy preocupada por el poder que Prusia, que iba a ser su rival en las siguientes décadas, estaba acumulando. A su vez, Dinamarca era un estado naturalmente aliado de Gran Bretaña, pero la cadena de acontecimientos había colocado al país escandinavo en una delicada posición, ya que habían sido ellos los primeros en tirar la piedra y declarar la guerra a Prusia. Por este motivo, los británicos no podrían brindar su apoyo a los daneses en esta guerra, a pesar de que hacerlo supondría poner en aprietos a un rival en potencia.

A grandes rasgos esto es todo lo que uno necesita saber para entender esta serie hasta su última escena, pero por supuesto hay mucho más en internet para quien quiera leer sobre esta parte de la historia.

Manuel G. Crespo

Manuel G. Crespo

Gallego, profesor y amante del cine de la gran y la pequeña pantalla. Solo hay una cosa que le motive más que ver series y películas: hablar y escribir sobre ellas. "Esta es mi opinión, si no te gusta tengo otra". Groucho Marx
Manuel G. Crespo

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