Fariña: segunda dosis

“La hora del lobo es el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales, cuando los insomnes se ven acosados por sus mayores temores, cuando los fantasmas y los demonios son más poderosos.”

Tienen en común lobos y narcotraficantes una naturaleza depredadora -aunque recelosa- y una personalidad instintiva pero coordinada. Un ímpetu vehemente, protector y devastador; dual y contadictorio… representación simultánea del bien y del mal. Comparten, además, rasgos arrogantes y carácter desafiante. Para muestra tres botones en forma de secuencias:
Arranca el segundo capítulo con una anécdota absolutamente delirante. Imploraba anoche una tuitera, durante la emisión de la serie, que “ojalá la historia del dinero navegando por la calle sea cierta”. Pues deseo concedido: tan veraz es que, de hecho, sucedió dos veces. Fariña narra la primera, la que acabó con parte de la fortuna que Laureano Oubiña escondía en el doble fondo de un depósito de agua vencido por el inclemente temporal que azotó Arousa en julio del 82 empapelando las rúas de la zona. Tiempo después, en pleno centro de Vilagarcía ocurría un disparate similar: durante una redada nocturna y mientras los agentes de la policía nacional accedían, escaleras arriba, al cuarto piso de un céntrico edificio, un oficial de aduanas trataba de deshacerse de una enorme cantidad de billetes tirándolos por el inodoro sin caer en la cuenta de que el papel de moneda es waterproof. Literalmente. Esto es, que es resistente al agua y al water. El botín apareció al día siguiente cuando alguien acudió a remediar el atasco de las que hoy son las tuberías más famosas del pueblo.


El destacable diálogo -en realidad todos son magníficos- entre Laureano y el inspector evidencia explícitamente esa condición descarada y provocadora con que siempre se han desenvuelto y relacionado estos personajes. Ese “no me diga usted que estoy haciendo el tonto pagándole la residencia a una millonaria” es tan impúdico como ocurrente.

El segundo ejemplo tiene también a la lluvia como protagonista categórica. La desesperación de Miñanco al verse incapaz de alcanzar su objetivo le lleva a refugiarse en una fe -oportuna y oportunista- a la que el cura de la parroquia acaba poniendo precio. Es aquí donde la ficción de Bambú vuelve a resumir en una anécdota lo que en realidad sucedió en dos momentos y a dos personas diferentes: Sito pordioseó al religioso que la procesión del Carmen se aplazase hasta el día siguiente para poder terminar con éxito su operación. Llegado a este punto es necesario, para entender la solemnidad de la petición, tomar conciencia del reverencial respeto que la gente de costa sentimos por un mar generoso y hospitalario que ese día adquiere forma de abismal sepulcro para rendir homenaje a las miles de vidas -repartidas casi a la orden de una por familia- devoradas inmisericordemente.

Cómo sería el donativo que el religioso acepta.

La imagen del narcotraficante y su gente capitaneando el multitudinario desfile naval, con los barcos todavía llenos de cajas de tabaco, sugiere tanta audacia como desvergüenza.
La imprecisión del relato televisivo es mínima y puramente anecdótica: el tejado que necesitaba una reparación urgente era el de la iglesia de a Illa de Arousa y del que se hizo cargo Marcial Dorado a petición del párroco. El mismo párroco al que rehusó ayudar cuando un año más tarde volvió a visitarle. Poco tiempo después le detenían tras una descarga y culpaba de su mala suerte a la furia de dios y de sus enviados.

No iban a ser menos los Charlines. Ellos siempre más, ellos siempre por encima. La secuencia que mejor refleja su proceder, su curiosa forma de entender la protección, es la que describe una visita de Manuel Charlín Gama, acompañado de su hija Josefa, a la comisaría con la intención de interponer denuncia por abuso de menores contra los jóvenes con los que, varios días atrás, se había fugado su hija Adelaida (en la serie su sobrina Leticia). De las palizas que él le daba a sus hijos, por supuesto nada comentó. De que más adelante acabaría entablando relación profesional con los denunciados, tampoco.


El talante violento del patriarca, heredado en menor grado por su primogénita, viene respaldado por numerosos testimonios de vecinos de Vilanova de Arousa, donde reside toda la familia, y de entre los que destacan los de las trabajadoras de Charpo (fábrica conservera de su propiedad) que cuentan cómo Josefa hija las expulsó de su puerta a manguerazos durante una manifestación.

Dueña de una prosa visual magnética, de una banda sonora expresiva y reveladora, de una narrativa experimental desprejuiciada y libre de complejos, Fariña ha cogido el listón y lo ha lanzado al espacio para no caer en comparaciones porque no son posibles. Y no son posibles porque ella es diferente en un momento en que todo lo demás se parece demasiado.
Esta adaptación televisiva no tiene puntos fuertes. Todos lo son.

Maria Nymeria

Maria Nymeria

Subeditora y redactora en la Revista Tviso. "El cine es como la vida pero sin las partes aburridas" Alfred Hitchcock
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